Hace algún tiempo conocí a un chico, llamémoslo K. K. era (es) alto, rubio y extranjero, y sobrino de un hombre alto, rubio y extranjero. K. tocaba la guitarra, tenía soñadores ojos grises, y era bastante agradable, pese a que mi inglés de aquella época distaba mucho de ser ideal y, por tanto, nuestra comunicación era más bien limitada.
Nos vimos tres veces: la primera coincidimos en casa de una conocida de su tío y de mis padres, la segunda fue una fiesta en casa de su tío, la tercera vino él a España con un amigo. Hasta aquí, todo normal: un chico agradable con el que tuve relativamente poco trato, pero que por lo general no me cayó ni bien ni mal. Vamos, una de esas personas que luego recuerdas vagamente como aquel chico tan guapito con el que hablaste cuatro frases. Bien.
Hará poco, mis padres fueron a ver a dicha conocida común. La buena mujer les recibió, como es habitual en ella, con buena hospitalidad, deliciosa comida y mejor vino. Y por supuesto, a la más mínima empezó el despelleje general del mundo, una de sus aficiones habituales aparte de castrar todo bicho viviente macho que caiga en sus manos, que lleva a cabo en presencia tanto como en ausencia de los mentados (me refiero al hábito de poner verde, es difícil castrar in absentia de la víctima... y estoy hablando de perros y gatos, que yo sepa; por si acaso). Por ella se enteraron mis padres de mi patético romance, del que yo no había mencionado nada no tanto por discreción como por no tener ni la más mínima idea de que había tenido lugar. La conversación posterior conmigo fue como sigue:
Mis padres: Hemos visto a E. y está estupenda.
Yo: ¡Qué bien!
Ps: Nos estuvo hablando sobre el sobrino de A. ¿Te acuerdas de él?
Yo: ¿Quién?
Ps: El que vino a casa...
Yo: ¡Ah, el que tocaba la guitarra! Sí, era un chico majo, ¿cómo le va?
Ps: Pues parece que se casó...
Yo: ¡Walah! (ligera admiración/desaprovación por mi parte: soy una mujer moderna y eso del matrimonio es algo que les pasa a los demás, y no deja de sorprenderme).
Ps: ...Y se divorció (pausa).
Yo: ¿Aham...?
Ps (ya con tono de guasa): Sí, por los visto nos contó A. que, como estaba tan enamorado de ti...
Yo: ¿Ah, sí?
Ps: ...Y tú le rechazaste tan cruelmente...
Yo: ¿Ah, sí?
Ps: ...Se casó con una chica que le recordaba a ti...
Yo: ¿Ah, sí?
Ps: ...Pero como no eras tú, al final decidió divorciarse.
Yo: ¿Ah, sí?
Ps: Parece que no te dejó mucha impresión...
Yo: Sí, es curioso, normalmente cuando doy calabazas al menos me acuerdo de haberlas dado...
Y es que soy una rompecorazones. Que lo sepáis. No está tan mal para un chico con el que hablé más bien poco y, que yo recuerde, nunca a solas... ¿Cómo lo haría para declararse? ¿Por telepatía?
La gente es rara. He dicho.
¿Habéis oído esa bonita frase de "el sentido común es el menos común de los sentidos"?
miércoles, enero 02, 2008
jueves, diciembre 27, 2007
UN RATO DE... PROMESAS
viernes, diciembre 21, 2007
FELIZ NAVIDAD (un año más)
Siguiendo mi buena costumbre de hacer las felicitaciones a mano y a potochó... Con todos ustedes, la protagonista de Promesas, Judith, os desea:
¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO 2008!
Y como no podía ser menos, la mala malísima y su señor escote ("tengo los pezones como champiñones"), aprovechando que por ser Navidad la conexión ha decidido funcionar diez minutos...
...Elisabeth también os desea feliz Navidad, ¡jojojo!
¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO 2008!Y como no podía ser menos, la mala malísima y su señor escote ("tengo los pezones como champiñones"), aprovechando que por ser Navidad la conexión ha decidido funcionar diez minutos...
...Elisabeth también os desea feliz Navidad, ¡jojojo!
viernes, diciembre 14, 2007
UNA DE ÁNGELES DE TIEMPOS PASADOS
Hace poco, charlando con un amigo mío que dibuja de maravilla (cuando lo conocí hacía sus pinitos, y ahora hace unos retratos de esos que te dejan con la boca abierta), al chico le dio por enviarme dibujo antiguo mío. Me hizo particular ilusión: era de mis favoritos en tiempos, y lo llevé orgullosamente en mi carpeta universitaria. Me sigue gustando mucho, y a falta de trabajo nuevo (ya que últimamente hago mucho esbozo y poco trabajo realmente presentable, sobre todo dibujo en el tren), ahí queda eso:

Os dejo hacer las elucubraciones que queráis respecto a lo que representa. Esa pobre historia está más abandonada...
Hala, un saludo.

Os dejo hacer las elucubraciones que queráis respecto a lo que representa. Esa pobre historia está más abandonada...
Hala, un saludo.
martes, diciembre 11, 2007
DOLOR
Hace algunos días me contaba una amiga que tenía uno de esos dolores inexplicables y contundentes, que te dejan malhumorada y no te permiten dormir siquiera. Cuando te cuentan estas cosas emites los ruidos típicos, puesto que, lamentablemente, ninguna palabra sirve lo que un analgésico, prestas el hombro y haces lo posible por distraer a la persona, que es relativamente poco.
Tras un fin de semana en que creo que apenas uno de mis conocidos no ha tenido alguna queja, y me refiero a problemas serios, de salud o de familia, me desperté el lunes pensando: ésta es la mía. Y tanto que lo era, como diría Sabina (la del tacón de aguja era Maruja). Porque me desperté con la peor tortícolis de mi vida, y he sufrido alguna que otra.
Un día más tarde sigo igual, con la cabeza erguida en ademán desdeñoso y sentándome rectísima porque al más mínimo movimiento la punzada es digna de los equipos de tortura medieval de la Santa Inquisición. Ahora mismo serviría como ejemplo práctico del clásico manual de señoritas decimonónico. No sería tan desagradable de no ser porque ni calmantes, ni relajantes musculares parecen tener otro resultado que dejarme grogui, como perfecta figurante de una película de Romero.
Lo peor de todo es dormir cinco horas (el rato que hacen efecto las drogas) y dar un brinco en la cama cuando la espalda protesta. En fin... Las novelas hacen mucha compañía, y doy gracias por no tener que ir a la oficina con semejante tortura física. Parezco una mezcla de Robocop rígido y zombie mentalmente impedido.
Así que nada. Tenía ganas de quejarme. Sin novedad en el frente. Y digo frente porque soy incapaz de mirar a los lados...
Tras un fin de semana en que creo que apenas uno de mis conocidos no ha tenido alguna queja, y me refiero a problemas serios, de salud o de familia, me desperté el lunes pensando: ésta es la mía. Y tanto que lo era, como diría Sabina (la del tacón de aguja era Maruja). Porque me desperté con la peor tortícolis de mi vida, y he sufrido alguna que otra.
Un día más tarde sigo igual, con la cabeza erguida en ademán desdeñoso y sentándome rectísima porque al más mínimo movimiento la punzada es digna de los equipos de tortura medieval de la Santa Inquisición. Ahora mismo serviría como ejemplo práctico del clásico manual de señoritas decimonónico. No sería tan desagradable de no ser porque ni calmantes, ni relajantes musculares parecen tener otro resultado que dejarme grogui, como perfecta figurante de una película de Romero.
Lo peor de todo es dormir cinco horas (el rato que hacen efecto las drogas) y dar un brinco en la cama cuando la espalda protesta. En fin... Las novelas hacen mucha compañía, y doy gracias por no tener que ir a la oficina con semejante tortura física. Parezco una mezcla de Robocop rígido y zombie mentalmente impedido.
Así que nada. Tenía ganas de quejarme. Sin novedad en el frente. Y digo frente porque soy incapaz de mirar a los lados...
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