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miércoles, mayo 05, 2021

Novela Rosa: cuando algunas autoras se meten en camisas de once varas

 Desde siempre me ha gustado la Novela Rosa, o el género Romántica, como queráis llamarlo. De pequeña me leía las que mi madre había guardado de su juventud, o heredado de mi abuela. Eran básicamente historias de amor que a lo máximo de pornografía que llegaban era a cuatro besos tontos y apasionados, o al matrimonio (era todo muy católico, claro) con sexo entre asteriscos. Romance 100, Sex Ed 0, por decirlo de algún modo.

Os podéis imaginar mi asombro, siendo yo de la generación que creció sin internet, al descubrir a mis quince por dónde tiraba la Romántica actual. O a los veinte, al encontrarme repentinamente con el Universo de las Fanfics y el porno más tórrido jamás escrito, muchas veces gay. En el mundo de las Fanfics aprendes mucho, desde qué significa Lemon (hace poco lo tuve que explicar en mi trabajo y resultó muy divertido), hasta términos básicos como BDSM, Angst, MPreg, WiP y demás. Pasé de novelas francamente conservadoras (chico conoce chica, se gustan o no, se alteran hormonas, hay montones de sexo heterosexual y al final matrimonio y niños) al alegre (jaja, chiste) mundo del Todo-Vale. Harry Potter y Gundam fueron mis pozos de perversión favoritos durante bastante tiempo, y me lo pasé en grande. 

Aunque hay auténtica basura en el mundo de los Fanfics y eso es indiscutible, también hay obras maestras que le dan mil vueltas al original. Y debo decir que la cantidad y variedad (gratuíta, además, el sueño de cualquier lector compulsivo) de material que hay es bastante más interesante en algunos puntos que la de la tradicional Romántica, que no suele salir del esquema de "chico encuentra chica". Más aún cuando algunas novelas teóricamente buenas, de autoras reconocidas y publicadas por editoriales serias, se convierten inopinadamente en panfletos machistas. 

Y aquí llego al punto que me interesa. Me gustaría precisar que no tengo ningún inconveniente en que me vendan familia tradicional e hijos. Para nada. Vengo de una familia tradicional, y tengo una propia, imagináos. Por tanto que me cuenten historias de amor heterosexual con final de matrimonio e hijos no me genera ninguna angustia vital. Me parece bien, sé a lo que voy. Lo que sí me molesta es cuando dentro de ese dulce envoltorio barato de romance precocinado me comienzan a colar abuso sexual romantizado, sobre todo cuando viene con la excusa de "es que es Romántica Histórica y estas cosas pasaban". Ahí es cuando me erizo y digo "para el carro...".

Me explico: yo tenía poco más que dieciséis o dieciocho años cuando me compré una novela rosa histórica tórrida llamada La Gitana (Gipsy Lady), 1977, Shirlee Busbee. Entre otras becerradas, el protagonista masculino viola a la protagonista. Tal cual, sin excusas, la viola en una escena explícita en la que él, noble inglés, abusa sexualmente de ella por creerla gitana, plebeya y sexualmente activa. Descubre que es virgen durante la penetración y le pide disculpas (al parecer, si no lo hubiera sido, la violación sería un acto comprensible y moralmente correcto) y continúa violándola. 

En una novela ROMANTICA.

No puedo explicar el shock que me representó leer esta escena ni la indignación que me provocó. El protagonista es un ser amoral, un violador, un tipo que abusa de la indefensión social de una clase menos protegida y te lo intentan vender como héroe romántico, intentan que empatices con él. A todo esto, la escritora es mujer e intenta que compres la idea de que vivir con semejante abyecto personaje, que casarse y convivir con un violador es un final feliz. A la que pude me deshice de este material. Yo era joven, pero no me apetecía leer panfletos pro-violación. Soy así de rarita. 

Una pequeña nota que me gustaría añadir es que no era la primera vez que me colaban una violación en una novela romántica. En El Hombre que Amó Demasiado, de Patricia Montés, hay una trama que bien podría haber pertenido a una película de terror psicológico: una joven en plena depresión acepta casarse con un señor que le parece majo y esas cosas. La noche de bodas se da cuenta de que ha cometido un error terrible, se echa atrás y le pide a él que pidan la anulación ya que no han consumado el matrimonio, así que él decide que ella se queda sí o sí y la viola (entre asteriscos, que era otra época y no les iba el porno explícito para chicas). A partir de allí ella se encuentra en un aislamiento casi total, con la única compañía de la familia de criados de él, y se produce una lenta transición (síndrome de Estocolmo mediante, supongo) hasta el final feliz en que ella le perdona todo y son un matrimonio completo y satisfecho.

Terrorífico.

Valga decir que la mayoría de autores y ejemplares de novela Romántica no son así. Autoras como Nora Roberts pueden ser muy sureñas y ponerte al amigo gay negro que siempre muere para que los protagonistas blancos heterosexuales sigan con su trama, pero el Fridging (habitualmente practicado en mujeres) me altera un poco menos que la defensa de la agresión sexual, aunque también sea un prejuicio notorio. Pero la buena de Nora y sus "yo tengo un amigo gay"es bastante más inofensiva comparada con otro ejemplo de "esto es histórico, voy a venderte un panfleto pro-abuso en nombre del amor"que me acabo de encontrar.

Pongámonos en contexto. Llevo cosa de un mes tratando de escribir mi propio ejemplar de Romántica, con resultado irregular por motivos de tiempo y familia. Mis personajes son un poco particulares, mi vena Monsterfucker ha decidido adueñarse de la trama, y desde luego no puedo acusarme a mí misma de haber escrito una historia conservadora y heterosexual. Tampoco exactamente LGTB, ojo, sólo un poco rarita, igual que yo.

Para inspirarme a escribir las escenas de sexo tórrido y no quedar como una imbécil tras declarar a varias amistades y familiares "todo el mundo es capaz de escribir porno", me puse a leer, por supuesto. Después de tirar un poco de la maravillosa Grace Draven, que escribe Fantasy con Romántica de una forma perturbadoramente bella, con personajes atípicos, fuertes y bien definidos que hacen una delicia su slow cooking de las relaciones, decidí optar por otra autora que también me gustó: Laura Lee Guhrke.

Esta última señora tiene en su haber una obra que considero maestra de la Romántica: Y entonces él la besó. Resumiendo mucho, tenemos una protagonista de treinta, su contrapartida masculina de treinta y cinco, y ella es su secretaria. Un día por una serie de eventos que no voy a explicar, se da cuenta de que su jefe no la valora en absoluto. Sucede una escena que le parte a una el corazón (tiene que ver con una tienda y un abanico, y hasta aquí puedo leer) y que la decide dejarlo todo y dedicarse a su vocación, escribir. A partir de allí empieza toda una pelea interna de la protagonista para definir en su vida qué diablos es "ser buena chica", y que culmina en la inmensa frase "quiero mi primavera". El libro entero, de unas doscientas páginas si llega, es una delicia. Un viaje de autoconocimiento, una exploración del placer personal contra la normativa del siglo XIX, la rebelión del yo sensual contra la rigidez de las formas y el qué dirán, y me hace llorar cada vez que la leo. 

Como se puede deducir, nada en esta novela me había preparado para The Marriage Bed, tercera novela de su ciclo de cuatro Guilty Series. La primera es floja, la segunda tiene sus momentos, y en todo momento la autora deja claro su gusto por un prototipo masculino de hombre del XIX centradísimo en juergas, obsesiones particulares, y mujeres en general (en su mayoría cortesanas, porque así evitan el tema emocional para ir directos a lo carnal, claro). La serie tiene sus más y sus menos, pero su tercera entrega no tiene desperdicio.

Empezamos con un señor noble inglés que al morir su padre se encuentra en situación ruinosa y cubierto de deudas, entre ellas con las susodichas cortesanas. En vez de vender propiedades o buscar forma de crear negocios, o incluso trabajar (algunos nobles lo hicieron, por muy bonito que quede el tópico del noble que antes muere de hambre que mancharse sus blancas manos, y no lo digo yo, lo dice la Historia), tira por lo fácil y se busca esposa rica. Esto me genera ya un cierto desagrado por el personaje, que es un prendas y un puto vago, más comparado con las mozas de las novelas previas que, abocadas a la ruina y la miseria más absoluta, se buscan trabajos de horarios inhumanos para salir adelante, pero claro, él es un hombre. No obstante, por ahora aún es un argumento que, aunque algo molesto, resulta aceptable por lo manido. Sigamos.

Encuentra moza, claro está, la seduce, le miente diciendo lo muy enamorado que está de ella, y se casa con ella aunque la familia esté en contra. La moza tiene diecisiete años, él veinticinco, y tienen sexo tórrido que se recuerda con mucha añoranza a lo largo de las páginas. Podría ponerme a hablar de Grooming, de materialismo, de oportunismo y hasta de pedofilia llegado este punto, y seguro que alguien salta con lo de "pero es que en su época...". Ajá. Pero es que recordemos que no estamos leyendo un libro de Historia. La Romántica Histórica es a la Historia real lo que el fanfic escrito por una chica de dieciséis años, lleno de MarySues y escenas absurdas de romance forzado, a una buena novela. Sé de abusos sexuales que abarcan desde la Antigüedad, de esclavismo y hasta de bellísimos poemas erótico festivos dedicados a niñas de seis años. De la Edad Media y los matrimonios de jovencitas de trece años con viejos tampoco vamos escasos. También podemos ponernos a hablar de porno infantil en la actualidad sin ir tan lejos en el tiempo, pero imagínate que cuando cojo el género Romántico no es lo que me apetece leer. Y aunque está muy bien dedicar tiempo al arte y ensayo, a la cultura real, a la denuncia social, y hasta a la literatura del Holocausto si te apetece (y a veces lo hace, lo juro), no tengo por qué tragar con Lolita de Nabokov si yo venía buscando Heidi. O porno para adultos, qué más da.

Pero prosigamos: el tipejo, que ya ha pasado de caerme mal a darme asco, paga a su cortesana con la dote de su recién estrenada y flamante esposa menor. Ella lo descubre, en parte gracias a que el mozo es tan discreto que todo Londres se entera y comenta delante de la pobre moza, y le arma un pitote a su querido esposo. El argumento de él arrasa en escala de convicción: desde que se casó con la nena, ya no se va de putas, que ya va comido de casa y para qué pagar fuera. Un modelo de virtud incomprendida, el pobre. Su señora, que recordemos que tiene diecisiete años, le cierra la puerta del dormitorio (básicamente negándole sus derechos al tálamo nupcial) y le manda a freír espárragos algo enfadada. Él, que es el adulto de la relación, que sabe perfectamente que ella tiene razón al acusarle de mentirle, de fingirse enamorado, y de ligársela por el vil metal, se encoge de hombros filosóficamente, la trata de histérica y exagerada, y le da un mes para que se le pase.

Ojo, la incomprensiva y rígida es ella, ¿eh?

Como él es tan buena persona que no va a forzarla aunque está en su derecho (históricamente cierto, y un tema en el que insisten bastante para demostrar lo majo que es él en el fondo, buah, buah, que bueno es que no la viola), decide que como no puede tener el pito quieto, que eso es muy duro, se va a echar amantes hasta debajo de las piedras. Dichas mozas se las encuentra la legal en distintos eventos públicos, porque eso de la discreción ya ha quedado claro que no va con el tiarrón sensual, y básicamente consigue que la humillen su colección de alegres escarceos. Pública, reconocida y constantemente, ya que se mueven en los mismos círculos sociales. Y la culpa es de ella, por negarse a encamarse con él, la muy frígida.

Resumiendo: Grooming, desvergüenza e incapacidad de reconocer sus errores o de ser más maduro que una adolescente a la que él había seducido pero a la que no hace mínimo esfuerzo de reconquistar cuando sabe que está perdidamente enamorada de él, humillación ante las amistades porque él "es un hombre" y eso de ser castos no va con la etiqueta de machote, todo ello durante varios años, que son entre siete y nueve dependiendo de en qué punto leas de la novela, no sé si la autora misma estaba harta del tema y se despistaba también. Será que yo tengo muy buena opinión de los hombres en general y de mis amistades masculinas y familiares en particular, pero esta descripción no sólo me rebota por lo que implica hacia la chica, sino porque da un retrato de los hombres como bestias insaciables que si no la meten en remojo no pueden ni dormir, no sea que les dé una migraña o se les caiga el pene, supongo. 

Mi cabreo iba subiendo exponencialmente, pero entonces viene la guinda: por hermoso McGuffin, él descubre que tiene que tener herederos, y en vez de decidirse por adoptar va a por su mujer, a recordarle "sus deberes", a amenazarla ley en mano con escarnio público y pérdida de lo único que le queda a la pobre que es su vida social y su buena reputación, y procede al más vergonzoso acoso sexual que haya leído jamás, porque "eres mi esposa" y es lo que toca. 

Ahora estoy oyendo de nuevo a los que dirían "pero históricamente hablando es propio de su época y fiel a las leyes del momento". Sí, señores, también es propio del Imperio Romano la violación sistemática de esclavos prepúberes y no veo por qué alguien tiene que regodearse en el tema si no toca, aún en el caso que tenga que hablar de ello si trata un estudio serio sobre esa época y sus costumbres. Siguiendo con la corrección histórica, imaginaos lo que habrían cambiado las películas de Los Diez Mandamientos o El Príncipe de Egipto con una explicación detallada de niños lactantes muertos por sobredosis de opio, que es lo que les daban si lloraban mucho. O Ben Hur, Gladiator o Espartaco si hubiesen hablado de letrinas públicas con ratas en su interior y de tratar heridas con escrementos de cabra. ¿Histórico? Sí. ¿Necesario? Muy cuestionable. 

Y este tipo amoral, mentiroso, pedófilo, groomer, aprovechado, putero, acosador y abusivo, sin ningún escrúpulo a la hora de humillar a su pobre señora, es el protagonista masculino con el que debo empatizar. Porque es históricamente correcto.

Y a mí se me ocurre que históricamente correcto es también el sufragismo, el asesinato y el lesbianismo. Existen. Existieron. ¿Por qué la pánfila de la protagonista, que te insisten en que es mujer de carácter y lo demuestra discutiendo sin cesar con el crápula de su marido, no mata al tipo discretamente con veneno? La medicina no era gran cosa, ni la investigación policial. Y tiene familiares poderosos, seguramente se habría salido con la suya. ¿Por qué no se pone a quemar corsés y a luchar por sus derechos, que repetidamente le echa en cara su marido que no tiene por ser mujer? Ya había pasado la Revolución Francesa, ya había pasado Mary Wollstonecraft, Mary Shelley, y otras muchas. ¿Por qué no se fuga a Europa y se encama con su secretaria, que es un encanto y parece requetemona, al menos en las cuatro páginas si es que llega que le dedica al personaje? Ah, no, perdón, que no hablamos de Historia, hablamos de Romántica y lo importante es el Amor. El Amor heterosexual (gracias, Teloresumoasínomás).

Y ahí es donde se le ven las orejas al lobo, porque sí, el tío es un gilipollas amoral muy de su época, pero en cambio la autora decide ignorar cualquier atisbo de realidad histórica que pudiera aportar algún punto de apoyo a la acosada protagonista. Porque seamos históricos, pero no nos pasemos, no sea que la realidad sea más compleja y no nos guste, o que nos guste menos que lo que intentamos vender: Que una mujer debe perdonárselo todo a su marido, agachar la cabeza, follar mucho y tener hijos. Y eso es un final feliz.

Llegados a este punto tuve que parar, agarrar algunos ensayos de la buena de Rebecca Solnit y darme un buen baño de crítica social feminista para refrescarme las ideas (aunque podría haber tirado por Señoras que se empotraron hace mucho, de Cristina Domenech, que también es divertido). Era eso o vomitar. Porque ciertas moralinas son demasiado transparentes, demasiado manipuladoras, y no cuelan. 

Dicho esto, me sigue encantando Y entonces él la besó. Creo que fingiré que la buena de Laura no ha escrito nada más y así seré más feliz. Espero encontrar pronto otra escritora Romántica que llene el hueco y me inspire para el porno, porque creo que mi base de datos de Fanfics guarras decentes se borró en algún momento entre ordenador y ordenador.

Sic tansit Gloria Mundi!

miércoles, septiembre 16, 2020

Musicales: Love never dies VS Hamilton

 Cuando empezó el encierro por la pandemia en marzo, hubo una recaudación para el hospital de Nueva York, que estaban totalmente saturados. Para captar fondos, alguien tuvo la brillante idea de emitir musicales por Youtube de forma que los beneficios por visualización. El ¨Yo ya he donado¨ nunca tuvo más fuerza y sentido que en ese momento, ya que el primer musical seleccionado para este bienintencionado experimento fue Love Never Dies. 

Para los que no conozcáis gran cosa de musicales, comentar que este engendro es la segunda parte de The Phantom of the Opera, basada en la novela homónima y a la que es extremadamente poco fiel, de la que hay una versión en película bastante flojita con Gerard Butler en el papel del Fantasma, cosa que queda realmente mal debido a que el actor es demasiado guapo para el papel y no da la talla en cuanto a voz. Mi Phantom favorito es el de Michael Crawford, que le sabe imprimir un tremendo aire de locura desquiciada y desgarro, y que a nivel musical es inmenso, pero podría haber perdonado la buenorrez, con perdón, de Gerard si no fuera por todo el resto. Una Christine a la que hubo que adaptar las canciones porque no llegaba al registro. Una orientación al romance con el ¨monstruo¨, que no deja de ser un viejo pederasta deforme acosando mediante mentiras a una adolescente. Y aún así, no me disgusta del todo, porque soy masoca y porque en esos tiempos del estreno cinematográfico (que fui a ver al cine) no podía disponer de la versión íntegra con Crawford y Sarah Brightman en su primera actuación. Si vais a ver el musical, es la única mínimamente interesante, pese a lo edulcorado de la trama, porque respeta lo suficiente la figura del monstruo para entender que es el villano, por mucha lástima que pueda dar a ratos. La otra versión realmente potente del clásico (que no es más que una versión Broadway de una novela gótica a la que no hay que exigirle demasiado a nivel trama o trasfondo) es la miniserie que hizo la BBC con CANTANTES DE ÓPERA y números operísticos reales. Fausto, señores, Fausto. Nada más que decir.

Pero como siempre, me distraigo del tema principal. Love Never Dies intenta ser una secuela, no de la novela original, ni de la historia narrada en general, o de la versión blanco y negro, ni siquiera de la primera versión del musical, sino de una visión deformada por el propio autor del musical... Es como una fanfic de pésimo gusto y nula calidad. Es dañino, pesado, amoral y degradante para aquellos que tuviéramos mínimo interés por los personajes del drama musical original. Después de un número de apertura decente y hasta bonito de escuchar, Til I hear you sing, Andrew Lloyd Webber demuestra estar totalmente gaga en una suma de despropósitos que parece más ganas de vengarse de la que fue su actriz y cantante fetiche, Sarah, que de contar nada con cara y ojos. La vergüenza ajena invade al espectador al intentar establecer paralelos entre los personajes del primer musical y los monigotes sin alma que desfilan ante sus ojos horrorizados. Números musicales ridículos, canciones ñoñas y cargantes, personajes inconsistentes, escenografía que parece mala copia de Moulin Rouge o de Greatest Showman, reacciones ridículas, justificaciones de la pederastia y la violación, enfrentamientos en que un asesino en serie le pega la bronca a un marido cornudo por haberse dado a la bebida cuando hasta su hijo pasa de él (toda la autoridad moral está de parte del asesino, claro), escenas de grooming a menores, débiles excusas para justificar lo que en manga llaman Harem (osea, todos los personajes femeninos, venga o no a cuento, enamorados del Phantom), la mayor muestra de irresponsabilidad parental en pantalla nunca vista, niños que pasan de su padre para irse con un tío con máscara que acaba de conseguir que maten a su madre... Todo mal.

Para poner a los pobres espectadores confiados en que el fiasco no puede ser tan grande en antecedentes, Andrew compuso The Phantom of the Opera para Sarah Brightman, que empezaba su carrera como cantante en aquel momento y tenía un cierto aire de ingenua requetemona. A Andrew, que ya tenía su edad y una carrera como compositor de musicales, la moza le debió poner muy borrico e hizo una proyección, aún por suerte velada, para la obra musical. Interpretada por un acertadísimo Michael Crawford como loco, deforme y algo anciano mentor enamorado de la jovencísima cantante, sin llegar al asco que inspira el monstruo de la novela, consigue un resultado muy apañado y decente. Luego Crawford se retiró y empezaron a meter a actores menos afeados, de interpretación más grandilocuente que enfermiza, y empezaron también los desbarres en los que la protagonista parecía enamorarse más o menos del tipo que finge ser un ángel enviado por su padre. Ahá. Todo mal de nuevo. Sarah al cabo de un tiempo se largó, hizo su carrera profesional con montones de actuaciones, discos, y hasta alguna película que otra (está realmente magnífica en Repo the Genetic Opera), se casó, tuvo hijos, vamos... hizo su vida, lo que viene a ser normal, lejos del tarado obsesivo de Andrew. Y entonces Andrew sacó la segunda parte.

No puedo resumir eso porque tendría que volver a verlo, y el único motivo por el que lo hice la primera vez fue por donar, y porque estaba sosteniendo una conversación on-line con mi amiga Carmen preguntándonos qué hacíamos viendo aquello, y si realmente nos preocupaba tanto donar al hospital de Nueva York. Es, definitivamente, horroroso. Todo es una excusa para que un viejo al que su amante más joven abandonó explique, desde su punto de vista, por qué es correcto raptar y violar a una menor, ya que mediante mentiras y engaños descubre que al final ella siempre le quiso y el hijo que tiene de su matrimonio es del violador, porque todo el talento musical del niño es herencia del padre. El que la madre fuera una gran intérprete no tiene nada que ver, claro. Niño que no tiene problema, por cierto, en que ridiculicen a su padre putativo, que su madre se convierta en un pendón desorejado vestida de pavo real (literalmente), o que el que dice ser su padre biológico sea un asesino, violador, y lo rapte también a él para continuar en una escena de grooming rozando lo pedofílico difícil, muy difícil de tragar. Un delirio enfermizo de viejo rencoroso proyectando sus neuras sobre inocentes personajes que no hacía falta maltratar así. Y la música, por Dios. Si al menos fuera el caso de que los números musicales, si cierras los ojos, fueran salvables. Ni eso. 

Mi único lamento al terminar el horror es que el niño no espabile medio milímetro espiritual, deje de parecer un consumidor contumaz de heroína (porque algo tan flojo como la marihuana no justifica el nivel de cuelgue y falta de autoconservación del niño en cuestión), y le pegue un par de tiros a la asesina de su madre maltratada y acosada de nuevo por su stalker, violador y maltratador emocional, y al susodicho. O que lo empuje al mar. Cualquier cosa, pero no ese final edulcorado y totalmente vomitivo sin pies ni cabeza.

A mí me encantan los musicales, en serio. Los amo. Sigo viendo las reposiciones televisivas de Siete novias para siete hermanos y me preocupa cero que sea machista, desfasada, etc. Es fruto de su época y a quien no le guste que no la mire, pero yo disfruto como una enana. Y me encanta Sweeny Todd (musical, no ese horror con Johny Deep haciendo el ridículo), y podría seguir con una larga lista, pero dejémoslo aquí. Hasta los musicales de Bollywood me gustan. Pero esto había sido muy duro, hasta para una incondicional como yo.

Por suerte, ayer recuperé la fe tras tan duro golpe. Y el responsable de ello es Hamilton, disponible en Disney Plus.

Hamilton tiene dos premisas que deberían haberme echado atrás. Primero, el tema. Es una biografía política sobre los ¨padres fundadores¨ de Estados Unidos, en concreto de Alexander Hamilton. Not my coup of tea. Segundo, la forma. El 100% de la obra es musical, y la mayoría de números son de rap. Y no soy precisamente fan del rap, pero extrañamente funciona de maravilla. Con un casting interracial que incluye al doblador del padre de Moana como George Washington y a cantantes de color interpretando entre otros a Lafayette, debería resultar un panfleto infumable sobre la interculturalidad y la grandeza de USA. Y no, funciona porque es espectacular a nivel musical, a nivel de coreografías, a nivel de personajes, a nivel de guión. Es irreverente, ningún personaje (salvo tal vez Eliza) carece de claroscuros, tiene muy claro que las personas históricas en que se basa no eran precisamente infalibles y de hecho, los hace meter la pata, y empatizas. Empiezas con un protagonista insoportable al que todo le sale bien de pelota y un amigo/antagonista al que tienes simpatía, y a lo largo de la segunda parte le dan la vuelta a la tortilla. Y esos tres números musicales con el Rey George, con la mirada en blanco y soltando babas mientras canta desquiciadamente cómo te va a mandar a sus tropas a matar a tu familia y amigos para recordarte que te quiere son increíblemente delirantes, cómicos y terribles a un tiempo. La pobre Angelica y su desgarro inmenso, la insatisfacción de Burr, el cansancio y resignación de Washington, el tránsito del protagonista, las peleas de gallos entre él y sus oponentes políticos. Si las discusiones entre diputados fueran rapeadas, creo que me interesaría más la política, más cuando hay tremendas puñaladas referentes a la falta de moralidad del esclavismo y otras perlas. Y Eliza, atrapada en todo ello, madre, esposa, engañada, desgarrada, desdeñada, pero contando su historia pese a todo.

Escenografía de diez, coreografías complejas y simbólicas tremendas, personajes complejos, un guión sin concesiones y sin pausas, no sé qué más decir. Me invade el amor. De veras, me invade el amor. A veces hasta la propaganda histórica rapeada es redonda. Y en este caso, lo es.

Consejo: no lo veais cansados, a la vuelta del trabajo, porque es tan intensa que agota. Pero si tenéis un ratito, o mejor dicho tres horitas y buena compañía con la que comentar después, es muy recomendable.

Resultado: Love Never Dies KO en cuanto acaba el primer número musical, Hamilton vencedor indiscutible y una de las mejores cosas que he visto este año, así en general.

martes, mayo 05, 2020

Dos libros, dos puntos de vista: Los Amnésicos y El Gran Delirio

Hace demasiado que no dejo reseñas sobre los libros que leo últimamente, más que nada por una falta total de tiempo. La verdad es que me he salido bastante de mis gustos habituales (Ciencia Ficción y Fantasy en su mayoría) y me he dedicado a bucear en toda clase de géneros, para variar. Esto es culpa, en gran parte, de un exceso en el consumo de lo que sí me gusta. Incluso lo bueno cansa, dicen, y dado que viajar a Barcelona en tren me permitía leer bastante más de lo que podría yendo en coche o andando al trabajo, mi consumo de libros aumentó. Exploré autores nuevos, probé autóctonos muy interesantes (recomiendo si no la conocéis a Libertad Delgado, que tiene una capacidad tremenda de escribir novelas entre lo histórico, lo fantástico, lo psicológico, lo terrorífico y lo sencillamente descacharrante) y me reencontré con algunos viejos amigos ficticios como Harry Dresden o Merry Gentry. Ah, y acabé la saga de los Heroes de Moore y me leí su novela corta The CEO can drop dead, en un registro realista, sobre el acoso laboral.

A lo que iba, dos de mis lecturas recientes han sido dos obras de ensayo sobre el nazismo, sus causas o consecuencias, y la Segunda Guerra Mundial. Mi único problema ha sido que, de volver a leerlas, invertiría el orden. Me equivoqué y leí la más seria después. No cometáis mi error.

Los amnésicos: Historia de una familia europea, de Géraldine Schwarz, es un concienzudo ensayo sobre el olvido y el echar tierra a los asuntos que nos desagradan o nos dejan en mal lugar. La autora reflexiona de forma muy aguda sobre los efectos de las excusas, del olvido, del no querer aceptar responsabilidades morales. Dado que habla inicialmente de su familia y sus reacciones al régimen nazi, hay una tensión terrible al tener que juzgar a los propios familiares, y lo que hace fascinante la lectura es el rigor y la seriedad con la que aborda el tema del "hombre medio", el que no desfilaba y mataba pero tampoco se implicaba para ayudar, el que se aprovechaba de la ruina ajena pero guardando hasta cierto punto una conciencia tranquila. Los resultados de sus análisis son bastante escalofriantes, y cuando empieza a aplicar ese mismo análisis a otras situaciones históricas, desde el genocidio armenio hasta las actuaciones de Francia en África, desde los crímenes cometidos por desidia hasta la gente que hace la vista gorda para ahorrarse problemas, y llegando finalmente al nuevo auge de movimientos de ultra derecha, te hace reflexionar sobre la necesidad de aprender la Historia, de investigar, de conocer, y tal vez de perdonar pero nunca de justificar.

El gran delirio: Hitler, drogas y el III Reich, de Norman Ohler, entra en otras consideraciones. Desde su leve pincelada al Imperialismo y sus desmanes con el opio, hasta el gran apoteosis de la metamfetamina usada a destajo por el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial, Norman es capaz de contarte auténticas atrocidades con un desparpajo y una ironía que a ratos te puede provocar una mezcla de hilaridad y espanto. Lo que cuenta está rigurosamente estudiado, citado, y cuando no sabe algo no finge saberlo (¡gracias autor!). Yo conocía el uso de las drogas en el ejército (informémonos sobre el Vietnam, por poner un ejemplo), y también sabía ciertas cosas sobre el uso de estas por parte del III Reich, merced de un marido psicólogo que entre otras cosas ha estudiado algunas vertientes de psiquiatría y el uso histórico de las drogas farmacéuticas. Pero lo que hay relatado aquí es otra cosa. Lo que te cuentan aquí es un delirio, un despropósito, un abuso irresponsable al límite. Muchas cosas que sabía sobre el III Reich, incluyendo los exterminios, victorias y derrotas, y uso de campos de concentración (imprescindible leer a Primo Levi, entre otros), quedan iluminados de una forma bastante más descarnada. La capacidad de trabajo y la profesionalidad de los ejércitos nazis se te derrumba, y escenas tan espantosas como el sacrificio de niños de 12 y 14 años ahogados en minisubmarinos y en estado delirante por el uso de drogas pone la piel de gallina. El autor te lo cuenta con ironía, ya que hay cosas demasiado terribles para explicarlas sin humor o sin censura política, así que el autor tiró por una opción que me parece tremendamente inteligente, como es usar un punto de burla sutil sobre todo el tema. Hitler hinchándose a vitaminas y vísceras animales en descomposición en vena (el vegetariano, sí), el alto mando abusando de toda clase de substancias, la industria farmacéutica haciéndose de oro mientras los soldados pedían metamfetaminas como si fueran caramelos para la tos. Inmenso, espantoso, y lamentablemente aplicable a ciertas situaciones modernas. ¿Pues no es hoy la cocaína la "droga de la gente guapa"...?

Si os apetece aprender, reflexionar, e incluso echaros alguna risa a costa de lo peor de la naturaleza humana, y que en mi opinión no nos queda tan lejano hoy día, estos dos libros son de lectura obligada. El primero, para los que nos gusta pensar que podemos llegar a tener conciencia y hacer un poco menos malo el mundo, el segundo para los que estén interesados en el uso abusivo de estupefacientes en la guerra, en conocer un poco el lado más lamentable del III Reich y descubrir que no todo eran monumentos, desfiles, uniformes de diseño, o los horrores de los campos de exterminio, o simplemente por curiosidad sobre la naturaleza humana y qué nos lleva al exceso, con todas sus terribles consecuencias, matanzas, genocidios, guerra, pero también autodestrucción por estupidez.

Muy recomendables.

Receta de hoy: hinojo con boniato

Habitualmente cocino un poco de todo, siempre que tenga tiempo. Me gusta tanto los fideos chinos con pollo y espárragos trigueros, como las lentejas al curry, como una buena tarta de zanahoria. Sin embargo, tras tres días intensos en lo cárnico (en el mercado uno de mis puestos favoritos tenía la panceta cruda barata, y no me pude resistir a preparar panceta con hinojo), hoy ha sido vegetariano. No muy estricto, porque he añadido nata para hacer las cosas más melosas, pero bastante vegetariano. Como estamos todos de encierro, aunque ya a la salida, y mi hijo me ha pedido que apunte algunas recetas para que no se pierdan, ahí va eso para los que quieran probar. Es bastante sencillo y queda delicioso.

Se necesita:

-Aceite, yo uso de oliva pero al criterio de cada uno.
-Un hinojo entero.
-Un boniato de buen tamaño.
-Una cebolla hermosa.
-Nata de cocinar.
-Un vaso de vino blanco.
-Caldo vegetal (yo he usado el de hervir la col y la patata del día anterior).
-Sal y pimienta.

Primero, se pica la cebolla y se pone al fuego con aceite y sal (la cebolla, como me enseñó una amiga cocinera, se hace mejor si se le echa un poquito de sal). Lo he puesto directamente en la bandeja que luego irá al horno. Mientras la cebolla se dora ligeramente, se corta el hinojo entero a rodajas finas. Si eres de los lentos cortando, como es mi caso, te dará tiempo a que la cebolla se haga ligeramente. Si eres extra-rápido como los cocineros profesionales, tendrás que esperar un poquito. Y si eres más lento que la media, quizás debas bajar el fuego o picar todo y dejarlo preparado en platitos para irlo echando cuando cada elemento esté listo. Depende un poco de la velocidad de cada uno, que no todos somos Gordon Ramsay (desde aquí toda mi admiración por su slow roasted pork belly o panceta, os pongo el link aquí para los más carnívoros).

Una vez echado el hinojo sobre la cebolla, echas un vaso de vino para que se evapore. En ese momento la cocina olerá a gloria. Aprovechad para ir cortando el boniato en rodajas (se puede hacer pelado pero yo lo suelo lavar bien y ponerlo con piel, me da la impresión de que queda más gustoso así). Se echa por encima y se baja el fuego. Entonces se echa el caldo y se deja que hierva un poco mientras se precalienta el horno a 200º. Se echa la nata pasados unos cinco minutos de hervor, un poco de pimienta recién molida por encima, y al horno.

Recomiendo para que se haga bien darle un golpe de calor de unos 15-20 minutos y luego bajarlo para que se haga más lentamente unos 30-40 minutos. Todo dependerá del horno, porque por desgracia yo voy muy a ojo. Tras varios cambios de casa y tener que ajustar mis tiempos de cocción cada vez a nuevos fogones, inducción, y varios tipos de horno, me he convertido en ese tipo de cocinera que mira por el cristal y dice: "creo que ya está, ¿qué te parece?"

Se puede acompañar de un arrocito, por ejemplo un basmati con un toque de hierbas y mantequilla y quizás unos guisantitos. Yo he servido, en el sobrante del caldo vegetal, una quinoa con col y brócoli. El resultado es un plato muy colorido, con el dulce del boniato y la suavidad melosa del hinojo que entran deliciosamente junto con la quinoa, en este caso. También podéis usarlo para acompañar una hamburguesa o un vigoroso trozo de carne, ahí cada uno. Mi opción ha sido totalmente vegetariana y con los niños ha triundado mucho.

La próxima vez, haré fotos para que veáis el resultado (los niños y mi marido no dejaron muchos restos para enseñar). Saludos y si lo probáis, dejadme un comentario con vuestras impresiones.

¡Quedaos en casa y cuidaos!

lunes, febrero 03, 2020

Terramar la película: tópicos y galletas de la suerte

Al estar con una gripe de aquellas épicas, he aprovechado que mis peques estaban en el cole para hacer algo que tenía pendiente por pura fidelidad friki: ver la película de Terramar de dibujos animados del equipo técnico que fuera Estudio Ghibli, que nos ha dado delicias como Porco Rosso, Nausicaa del Valle del Viento, El viaje de Chihiro, El Castillo en el Cielo y otros.

Si algo esperas de cualquier cosa que implique a Ghibli, aunque ya no sea Ghibli concretamente, es excelencia en la animación. El guión puede ser más o menos denso debido a diferencias culturales, como en el caso de la Princesa Mononoke, o incluso incomprensible por mala adaptación, como el Castillo Ambulante, pero la animación tiene siempre una maestría innegable, el diseño de personajes es manido pero amable, y en general empatizas rápido con ellos y con la trama. El ejemplo de El Castillo Ambulante es particularmente ilustrativo: se saltaron a lo grande toda la línea argumental de la novela en la que está basada, que por cierto es excelente, y montaron un batiburrillo de conceptos e imágenes que se sostienen por su potencia, no por su coherencia. A mitad de la película estás preguntándote qué rayos pasa y el porqué, y ese porqué no llega a explicarse jamás; pero merced del buen hacer de los animadores y de la belleza exquisita de diseños, tanto de fondos como de aparatos ciber-punk varios, te da igual todo. Es un viaje sensorial delicioso, y la película te gusta, aunque seas incapaz de explicar qué narices ocurría realmente. A menos que leas el libro, momento en que las infidelidades a la historia se convierten en un facepalm épico, claro.

Partiendo de esta base, y sabiendo como sabía que todos los fans habían encontrado la adaptación aberrante, me puse en plan sofá y manta, té caliente, y me dispuse a ser mecida por las delicias de una peli Ghibli random, con mala adaptación de las fabulosas novelas de Terramar.

Craso error.

Terramar es un despropósito terrible. No sólo carece de coherencia, como la citada El Castillo Ambulante. El ritmo brilla por su ausencia, los personajes están pésimamente animados hasta el punto de parecer dibujados por un crío que imitara el estilo, las frases profundas y las escenas potentes están tan mal hilvanadas que todo se desmorona rápidamente. El guionista intenta adaptar La Costa Más Lejana, pero añade toques argumentales de Tehanu, referencias incomprensibles a La Tumba de Atuán, te incrusta a la fuerza la trama principal de Un Mago de Terramar adaptándola a otro personaje y sin ningún sentido ni resolución robándole todo su interés, y luego le mete gotas de En El Otro Viento, porque sí. El resultado es que algunas frases sencillas pero profundas se convierten en un festival de galletitas chinas de la suerte. Los exquisitos fondos de Ghibli son deliciosos en el primer cuarto de película. Luego, sin motivo alguno, la acción -por llamarla de alguna manera- se traslada a la cabaña de Tenar, y los animadores parecen aburrirse de lo que están haciendo, pasando a una serie de imágenes sosas, aburridas, que le quitan el único placer que proporcionaba la película, las hermosas imágenes de tarjeta postal. El castillo del malo final otro tanto: el diseño no está mal, pero a merced de una paleta de color monótona, aquello se transforma en el festival del tedio. Y podría dedicar páginas enteras a por qué no me gusta el tratamiento de Terrhu, convertida en una niña Ghibli genérica rescatable. Puedo entender que tratar el tema del abuso infantil y la desfiguración de una cría de ocho o diez años no es algo para meter en una película para todos los públicos, pero bien que le ponen un presunto violador por ahí, así que podrían haber dado un paso más y dar el pastel entero. Pero no, te dicen que "sus padres la maltrataban, y la quemaron". Fin. Ni brazo inútil, ni explicación de por qué los dragones la adoptan, ni por qué se llama como se llama... nada.

Capítulo aparte me merece Tenar, a la que en un mundo donde todos van con doble nombre, citan por el suyo real, desvirtuando toda la ambientación. En esa etapa de su vida la llamaban la Araña Blanca, y era una viuda bien considerada por los vecinos. Aquí queda convertida en la bruja del pueblo a la que tienen algo de miedo, pero luego es una inútil total que sólo sabe gruñir a todo el mundo. Y la sutil historia romántica entre ella y Ged queda resumida en un "eres patético, Archimago, enamorado de esa mujer". Sobre explicando cosas innecesarias, y dejando cuatro tramas mal mezcladas sin suficiente tratamiento para volverlas, ya no comprensibles, sino simplemente digeribles.

El remate son los personajes malos random con diseño random Ghibli que sueltan carcajadas villanescas al aire. Innecesarios, molestos, irritantes y tristes hasta decir basta. Y del teórico protagonista ni te interesa lo que le pasa, ni lo entiendes, ni te implica su animación.

Porque esa es la última, los personajes están mal animados. Las expresiones son vacías, los diseños cutres, Tenar no tiene esa apariencia casi albina de una nórdica que leyendo las novelas te imaginas, ni Ged ese aire isleño con la piel oscura. Yo me imaginaría a Ged como poco con rasgos polinesios, y si me apuran negro, y si me lo hubiesen puesto como un africano no me hubiera disgustado. Aquí tiene la piel menos tostada que mis hijos en verano, y dado que han heredado mi constitución pálida, la adaptación es casi insultante. El malote final no está mal del todo, pero como la animación se les va, no acaba de entrar por los ojos, nunca mejor dicho. En la escena final la mala animación hace que las escenas sean deprimentes.

Así que, en resumen, trama incomprensible, mala animación, frases profundas al pedo, personajes mal adaptados, y fondos que sólo son espectaculares al principio. Lo peor, que sólo entiendes lo que está pasando si has leído los libros, y si los has leído lo que ves te duele. No se sostiene por sí mismo, y desde luego por comparación con el original se desmorona cual castillo de cartas.

Al cubo de basura, y a otra cosa.

jueves, enero 14, 2016

"MÍRAME A LOS OJOS"

Esas son las últimas palabras de Severus Snape. Ignoramos cuáles fueron las de Alan Rickman, también muerto de cáncer a los 69. Como el Duque Blanco, que se nos fue el lunes.

De la Jungla de Cristal a Dogma, de Sentido y Sensibilidad a Harry Potter. Artista tremendo, más atractivo que guapo, y secundario de oro.

Vaya semanita. La Humanidad debe estarse portando muy mal para que el karma nos robe semejantes personalidades, dos en la misma semana. Yo era fan de su inmenso magnetismo, y estoy que no me lo creo. Qué mundo éste...

lunes, enero 11, 2016

HAIL TO THE GOBLIN KING

Muchos fans están en lágrimas, la nueva generación ni ha oído hablar de él. El que fue uno de mis referentes de infancia ha muerto, no sin antes dejar un nuevo disco. Pasó dieciocho meses luchando contra el cáncer y murió rodeado de familiares.

David Bowie, el Rey David, Jareth Rey de los Goblins, Ziggy Stardust, el Duque Blanco, el Camaleón de la música, se nos ha ido tres días después de cumplir los sesenta y nueve años. Dejó atrás la piel y se fue a una tierra tan verde, con una luna de cristal... Espero que Freddie Mercury y Jim Henson le estén esperando para echarse unas risas de nuevo. Sé que mi difunto hermano estará encantado de saludarle, ya que era un gran fan suyo. Es curioso cómo funciona la memoria, pero al recibir la noticia recordé un cassette que me llevaba yo de viaje que era suyo, lleno de canciones de Bowie... En mi cabeza esas canciones están sonando desde que ha comenzado el día y he sabido la noticia.

Mis condolencias a la familia. Yo no conocí a la persona, conocí su arte, y el arte no muere nunca.

Buen viaje, mi Rey. Sigues vivo por siempre en nuestros corazones y en tu música.

jueves, septiembre 25, 2014

PASIÓN POR EL BASQUET

MI MARIDO: Creo que debería volver al basquet.
YO: Iré preparando los papeles.
MM: ¿Para que fiche?
Y: No, para el divorcio.

sábado, mayo 24, 2014

Vecinos musicales

Todos hemos tenido de esos: vecinos que ponen la música a toda, la comparten contigo quieras o no, y te llenan la casa de ruido los fines de semana cuando te apetecería (o al menos, a mí me suele apetecer) algo de silencio.

En mi haber tengo haber sobrevivido al clásico "bakalaero", a uno aficionado al rap gitano, a los lolailos de toda la vida, y lo mejor o peor: a unos vecinos que decidieron que su vocación musical era la batería. No es cosa de risa, ya que tenían los exámenes justo al mismo tiempo que yo los míos, así que cuando más tenían que practicar era la época en que yo me encerraba en mi cuarto a estudiar. Nunca se me han dado bien las bibliotecas, me ponen tremendamente nerviosa y, pese a mi afición al silencio, me dan ganas de empezar a gritar al ver a tanta gente intentando callar cuando no paran de emitirse ruidos ahogados, como ese típico silencio antes de la tormenta. Pese a que la Universidad de Barcelona tiene una maravillosa, sólo durante mi época (breve) de doctorado fui capaz de frecuentarla con algún resultado. En general, siempre he preferido estar en mi propia habitación estudiando, con té caliente siempre disponible y un lavabo amistoso cercano. Pero con el patio de luces haciendo de caja de resonancia y el vecino practicando incansable con sus tambores y platillos, aquello era misión imposible.

Recuerdo con particular cariño que finalmente a mi hermano se le hincharon los que no suenan, y decidió actuar con la que sí suena: la trompeta. Así que cada vez que comenzaban los terribles compases, él interpretaba el toque de diana. Al final pillaron la indirecta y la tortura musical se mitigó.

Con el tiempo y las mudanzas he ido variando de acompañantes musicales, como ya he comentado más arriba. En la última casa en la que estuve no hubo de eso, y en ese sentido se estaba bastante tranquilo. Lástima que el piso fuera una cueva con forma de túnel, no hubiese apenas luz natural, el patio fuera un lodazal cada vez que lloviera y la humedad reinante hiciera impracticable el vivir con dos niños pequeños.

En mi actual morada tengo de nuevo a un vecino musical.

Le gustan los Beatles. Y la música decente en general.

¿A que es increíble?

miércoles, abril 16, 2014

Los problemas del traslado

Estoy mudándome de nuevo, como por... sexta o séptima vez en mi vida. Es lo que tiene ser madre de varios hijos, tener poco dinero y que la casa en la que vives por temas de ahorro tenga un moho que haría feliz a un sluagh. Lo bonito es que me ha caído justo en una época en que me he podido dedicar un poco más a ello, así que hice selección de libros y ropa, incluso de muebles, y parece que la cosa es algo menos caótica que en otras ocasiones, gracias a Dios.

Eso no evita algunas pequeñas inconveniencias, por supuesto.

Tres ángeles venidos de Reus, viejas amistades familiares y alguna relación recuperada hace poco han ayudado en todo lo posible, pero en general he tenido que chuparme casi todo el traslado con carritos de la compra, de una casa a otra, por falta de ayuda motorizada. Pero aquí estamos, en la recta final y con mucho por hacer pero mucho hecho.

El caso es que estando de cenita, buen vino y relax por aquello de salvar a lo que nos queda de espalda, hablábamos del nuevo proyecto militar americano, al que han dado por llamar Mark I (para los que no saben de qué va, así nombran a la primera armadura de Iron Man en la película, con ese inolvidable Robert Downey Junior de protagonista...). Y me ha apetecido escucharDriving with the top down.

Ahí viene esta conversación:

Mi marido: -¿Vemos Iron Man?
Yo: -Aún no lo hemos traído. Pero si te sirve, tenemos la serie entera de películas de Jane Austen.
MM: -...
Yo: -Vale, no es lo mismo, pero me gusta Sentido y Sensibilidad.

jueves, marzo 06, 2014

20 cosas que no sabía de Voldemort cuando me uní a los Mortífagos

20 cosas que no sabía de Voldemort cuando me uní a los Mortífagos
Pues eso, un pequeño desbarre personal sobre la serie de Harry Potter, porque Voldemort me cabrea por ser tan "para todos los públicos". Qué se le va a hacer.

1- Ya está senil. Que sea inmortal no quiere decir que haya escapado a los estragos de la edad.

2- Está obsesionado con los adolescentes. Léase, es un pederasta.

3- No organiza orgías. Por motivos obvios: a Voldemort sólo se levanta con Harry Potter, ¿cómo iba a encontrar excitante a Crabbe y Goyle Senior marraneando...? Bien pensado, YO tampoco quiero ESE tipo de orgías... .___.

4- Su peor defecto es que se rodea de inútiles. No, en serio. ¿Bellatrix? Alguien que necesita robar como seguidores a los miembros de un asilo mental se merece todas mis condolencias.

5- Su plan para conquistar el mundo choca con su incapacidad para conquistar un simple colegio. Hasta el final le tienen en jaque un grupo de adolescentes.

6- Puede morir varias veces, pero nunca vuelve pensando por qué le han derrotado y qué puede hacer para evitar que le vuelva a pasar. Autocrítica al poder.

7- Es el peor enfermo del mundo. Imaginaos estar acatarrado con su falta de nariz.

8- Suelta carcajadas histéricas sin estar bebido. Y el chiste no era tan bueno.

9- Roba una varita a un muerto sin comprobar si le funciona como debe. Bravo, bravo y bravo.

10- Para vencer a niños, contrata a otros niños aún más débiles mentales que su grupo habitual. Ya sabes, si un adulto no puede con la tarea, delégasela a un adolescente.

11- Para asesinar a adultos con los que él en persona no ha podido, también contrata a niños. Caballero, no le están demostrando entonces que son dignos de su grupo, estarían demostrando que son mejores que usted.

12- Asesina a sus propios aliados. Lógico que sólo le sigan los locos o los espías desesperados.

13- Pierde el tiempo una y otra vez intentando armar jaleo en un colegio, cuando conquistar el Ministerio le llevó tres patadas y media. ¿Prioridades, señores?

14- Se va a dar un garbeo por media Europa tras años de planificación para asesinar a un adolescente... no para conquistar el mundo, sino para volver a intentar asesinar a dicho adolescente. En la famosa escuela que era inconquistable hasta que derribó el orden establecido. Suponemos que todos necesitamos unas vacaciones. Yo las necesito ya.

15- Su mayor demostración de maldad es que mata. A... ¿siete personas en total? Hablemos de Hitler y los campos de concentración...

16- Volviendo a sacar al líder del nazismo, él tampoco predica con el ejemplo en lo que se refiere a pureza de sangre. Y aún se da aires de grandeza. ¿Complejo de inferioridad?

17- El único ritual que parece que domina realmente es el de dejarse el alma hecha un trapo para que un montón de críos y un viejo medio senil pudieran matarle a plazos.

18- La inmortalidad la consiguió, pero sacrificó la estética. Yo también obligaría a mis seguidores a ponerse máscara si se me hubiera quedado esa cara.

19- Tiene un basilisco tamaño tanque en un castillo lleno de enemigos y su gran táctica es que vaya paralizando a cuatro gatos contados. Y ni siquiera neutraliza el antídoto obvio. Un diez a la planificación.

20- Se mata a si mismo. De veras. Su muerte final no es culpa del adolescente maldito, el problema es que le rebota su propio hechizo. Por segunda vez, por cierto, porque su primera vez fue cuando "creó al heroe". Vamos, perdedor al cuadrado.

domingo, febrero 16, 2014

Encanto = escalones

Este fin de semana nos hemos escapado brevemente de excursión a Tossa, lugar maravilloso de villa medieval fortificada. Debo decir que la ciudad, en invierno, da miedo. Mientras que en plena temporada turística aquello es un no parar de gente yendo y viniendo, de noche en invierno parece Silent Hill. Ni un alma por las calles, viento helado constante, silencio total...
No tan moderno como SH, ok, pero asustaba, oiga
El caso es que nos pusimos morados de subir torreones, recintos amurallados, etc. Todo con un viento que amenazaba con tirarte al mar. Eso sí, tan precioso como siempre. Y con mucho encanto. Osea, escalones.
Y de muestra, un botón

Mi adorada Ava, versión Ángel Lloroso (ver Dr Who)

El Pequeño Galliard explora el castillo...

Cañón esperando a los piratas todavía. Mallorquins, que em sentiu?

Vista desde la ventana de la iglesia del Abad. Una ventana al mar

Torre desde donde Artur Mas declarará la independencia. Gloria, gloria, aleluya!

De acuerdo, soy recurrente: pero es que ES la entrada al laberinto de Jareth!
En citas de viaje, destacamos:

Mi marido, tras un largo trago de yogur de maracuyá: -¡EL MARACUYÁ RECORRE MIS VENAS!
Yo, tras darme un trastazo en la rodilla con el marco de una puerta: -... La madera recorre mi rodilla.

Ahora queda hacer la colada de la ropa y descansar todo lo posible. Y digerir el glamour. ¡Viva!

miércoles, enero 08, 2014

Segunda tanda de muñeconas

Pues nada, que tengo mucho tiempo libre y me aburro. Así que me he puesto a rememorar los antiguos personajes de la crónica finalizada de Juego de Tronos, esos que no llegaron a despegar antes de que se montaran las dos primeras guerras gordas. Qué le vamos a hacer...

Aquí, unas imágenes de familia:

De la primera crónica, la familia Tully tal y como quedó: Caballero Donna Tully (mayor de los hermanos Tully y única mujer), Ser Duner (el pequeño), Reina Einer Tully (nacida Stark) y su esposo el Rey Sedar Tully.

Familia Lannister corregida y aumentada: Annie (nacida Baratheon), su marido William (heredero al trono Lannister), Iseut Baratheon (prima de William y Annie), Seelny Stark (nacida Lannister y futura Reina Stark), Beatrix Targaryen (nacida Lannister, la pequeña de los hermanos, y Reina de los Dragones del Oeste) y el Rey Galimar Lannister, padre de Will, Seelney y Beatrix.

Drumn, Jefe del Gremio de Artesanos, Ser Baden, Lord Comandante de la Guardia de Hermanos Juramentados, Analiss Targaryen (Reina de Poniente y Mano del Rey), Julian I el Rey Bastardo (o el Rey Carpintero, o el Rey Dragón) y Jeline Targaryen, nacida Tully, segunda esposa de Julian y Reina de Poniente.
Rey Al-Maragzid Martell y Gwynneth Targaryen, hermana del Rey Dragón usurpador.
Los hijos de Hans, Rey de los Dragones del Oeste, bastardos reconocidos todos ellos, con sus esposas: Ariela y Helmut, Rata y Manfred, y Drienna y Jan.

Hala, así luego no se nos olvidan los nombres si algún día nos da por retomar la crónica... ¡Gracias, Dolldivine!

martes, diciembre 31, 2013

Tanda de muñeconas

Hace ya casi dos años, creo, mi marido dejó de dirigir una trama cuidadísima de Juego de Tronos, ambientada años antes de las novelas de G.R.R. Martin. La cosa me dejó un regusto amargo, a mí como al propio máster de la historia. Apenas empezábamos a rozar la piel de la cebolla de las conspiraciones y contra-conspiraciones, pero los otros jugadores no estaban satisfechos con cómo iban sus personajes, así que lo dejamos para evitar un mal humor constante provocado por un simple juego.

Durante un tiempo tuve un marido enfadadísimo con el tema; luego le convencí para seguirlo con otros jugadores, en mesa, y aunque esto conllevó el abandono total de la subtrama que llevábamos por IRC y del personaje que tenía yo allí, me alegró ver que la cosa se reanimaba e iba tomando forma.

Todo esto para explicar que ahora me estoy dando adictamente a un nuevo juego de muñecas de la página de doll-divine, representando a nuevos pjs y pnjs de la saga, que afortunadamente sólo ha sufrido un reset y vuelta a los inicios, sin caer en el olvido total que temíamos. La página web que ha dado juegos tan versátiles para hacer muñecas de las de jugar a los trapitos de toda la vida como Tudor, ahora ha sacado la versión para LotR:

http://www.dolldivine.com/hobbit-and-lotr-dress-up-game.php

Y ahora los pjs que he ido sacando, tanto en sus versiones anteriores como actuales:

Julian Targaryen y su esposa Analiss, versión Tudor
Analiss, en la actualidad (versión LotR), con un nivel de soldado. ¡Se acerca el Invierno y la guerra!

Jeline Targaryen (nacida Tully), segunda esposa del Rey Julian
 Me gusta de ese personaje la combinación de colores Tully en el vestido interior, con los rojos, negros y toques de gris (es que el esquema de colores Targaryen me a-bu-rre). A fin de cuentas, que se noten los orígenes.

Hans Targaryen, Rey de los Dragones del Oeste, junto a sus dos mujeres: Belinda y Beatrix Targaryen (nacida Lannister)
Hans fue primera espada del Rey antes de tomar por esposa a Beatrix Lannister y cometer alta traición debido a políticas cruzadas, temas de cama y problemas con sus hijos (aunque no lo parezca, lo último fue el problema principal en realidad). Belinda, vestida en tonos Targaryen muy sobrios con preponderancia de gris y negro, era una plebeya que trabajaba de "bruja del pueblo" y con una deformidad que le marcaba media cara. Beatrix en cambio es considerada la mujer más bella de Poniente, aunque mejor no dejarle nada con filo delante porque es una torpe acabada en temas de armas (Ataque Inepto al máximo, ese mundo xD).

Primera versión de Lannister: el heredero William, su mujer Annie (izquierda) y su prima Iseut (derecha). 
 En esta primera versión con el juego Tudor me encontré varias limitaciones, entre ellas que Annie no quedaba bajita y regordeta ni queriendo, y que Iseut, la prima de padre Baratheon y madre Lannister, no podía ir vestida de caballero; sólo había variantes de vestidos, sin posibilidad de crear guerreras.

Segunda versión de los Lannister: Annie gordita y remonísima (¡¡sí!!), William en armadura, Iseut guerrera y el padre de William y Beatrix Lannister, por primera vez (antes no había molde de cara para hombre maduro).

¿Lo que más me gusta de las partidas de ahora? El rescate de tramas, y el poder usar a dos personajes tan potentes a nivel político como Analiss (la han apodado La Reina Justa, ¡¡ja!!) o Beatrix, que fue amante del Rey Julian antes de casarse con Hans Targaryen y acabar en el exilio en el Oeste.

Lo mejor del nuevo juego de muñeconas (¡gracias, Azalea y Doll-Divine!) es poder hacer personajes femeninos con armaduras y pantalones... aparte de la gran variedad de ropa y peinados que hay, y la posibilidad de hacer enanas o hobbits (aunque no se usa mucho de eso en JdT, hemos metido una enana por el tema de las muñeconas, yendo al revés de lo que hacemos).

Así están las cosas, oiga.

P.D.: ¡Ya hemos concluído la primera temporada! Sólo diré una cosa, pobre Rey Julián...

martes, septiembre 24, 2013

MI VIDA CON PACO

Mi marido tiene un ente asombroso dentro de él llamado Paco. Paco es una criatura absurda, irracional, llorona, que se alimenta de mantequilla a cucharadas y anchoas directas de lata, que se queja de que nos han robado el jardín y que me vuelve la espalda si le riño. También se abraza a mí y no me deja moverme para que no me caiga, castiga al cepillo de dientes por no hacerle caso en un rinconcito, para que sufra, o insiste en regar las plantas pasadas las dos de la mañana.

Paco es una criatura llena de sorpresas y a la que quiero mucho, pese a decir auténticas barbaridades y a tener a menudo antojos de cosas que no sientan bien a mi marido, o de Nesquik fresquito.

La última que me hizo fue intentar ordenar la casa. Tras haberse llevado mi marido por error mi bolsa de dados al trabajo, Paco decidió protegerlos colocándolos en un lugar sano y salvo, al abrigo de los despistes generalizados. Sobre todo, que no se perdieran, por supuesto.

¿En qué otro lugar iba a ponerlos, si no era en el cajón de los perfumes y cosméticos del baño?

¡Gracias, Paco!

miércoles, julio 17, 2013

LA SANGRE DEL VOLCÁN, O EL AMOR COMO ENFERMEDAD

Alfonso Font es de esos autores que no necesitan presentación. Autor entre otros de Prisionero de las Estrellas o de Cuentos de un Futuro Imperfecto, conjuga un dibujo audaz y con mucho estilo (y de personajes femeninos tan interesantes como anatómicamente atractivas, los que le hayáis leído ya sabéis por qué), se aleja velozmente en dirección contraria a la crítica social de la España de ayer y de hoy tan practicadas por autores como Carlos Jiménez que casi ni parece español, en el mejor sentido de la palabra.

Ojo, soy una gran fan de Jiménez, desde su descarnado Paracuellos hasta su descacharrante (que no menos desgarrado en algunos momentos) Los Profesionales, pero Font es a mi parecer más europeo, más universal, menos enraizado en el conflictivo pasado de este país (pasado que seguimos arrastrando, para qué negarlo), y eso tiene su propio y particular atractivo. Vamos, que sin negar el valor de Martín Fierro, a mí me sigue gustando más el Aleph de Borges, y que me disculpen aquellos que creen que es mejor criticar lo que se vive de primera mano (cosa que requiere valor, sin duda, aparte de talento) que hacer indagaciones universales más abstractas. En mi humilde opinión, al César lo que es del César, y para contar una buena historia no sólo hace falta la crítica acerba de la realidad vivida, sino saber simplemente narrar.

Y Font, ahí donde lo ven, es un narrador estupendo, extraordinario en algunos momentos incluso. Su La Sangre del Volcán me fue definido por un gran amante del cómic como "un Corto Maltés heterosexual", cosa que me dió mucha risa pero leyéndolo entiendo el por qué de tal apreciación. Tan aventurero y soñador como el personaje de Hugo Pratt, carece por completo de amaneramientos poéticos o de la celebrada boa de plumas con la que se pasea nuestro marinero (casi) favorito por las en ocasiones excesivamente surrealistas historias de Pratt (y es que dudo que le perdone nunca la -en mi opinión- tomadura de pelo de Las Helvéticas). Corto puede lucir unas patillas de lobo de mar de categoría y enamorarse continuamente de las mujeres "del otro bando", como dice él mismo con mucha gracia, pero se le ve y se le verá siempre más interesado en sus amistades masculinas que en los deliciosamente estilizadas coprotagonistas de algunas de sus historias, aparte de lucir unos labios y un diseño que le hace fabulosamente ambiguo. Cosa que, a mi parecer, no es un descrédito para nada.

Rohner en cambio no parece para nada afeminado, pese a sus mejillas rubicundas y su amistad con Stevenson, con el que pasa tanto tiempo hablando como pasa, en solitario generalmente, corriendo sus ingeniosas aventuras. Este encantador canalla tiene un sentido del humor tan irónico como el de Corto, es tan apátrida como él, y se interesa bien poco por grandes ideales como nuestro Maltés favorito (ahora sí), aunque no tiene tantas frases geniales como él ("Voy, me hago matar y vuelvo" sigue siendo de mis favoritas, lo reconozco). No sé de que se haya publicado más del volumen que sacó Norma en su momento, y cuya portada encabeza este artículo, y en mi opinión es una lástima. Ignoro si es por falta de material original o de ventas en nuestro país, pero creo que es lo único que se sacó de Rohner. Así es la vida.

Personalmente no me acabó de interesar mucho Rohner en una primera lectura. No sé si tenía yo quince o dieciséis años, y un personaje tan poco delicado en más de un sentido (y lo terrible de la última historia del recopilatorio) no lo hacían muy apto para mis gustos de adolescente romanticona. Ahora, con los treinta más que bien cumplidos, releer las tres historias que tengo en mi haber ha sido un placer inesperado. Aunque las dos primeras son realmente buenas, la que roza lo espantoso y cae de lleno en lo genial es la tercera, que narra como nadie las visicitudes del amor como enfermedad mental.

A partir de ahora puede que caiga en espoilers, así que estáis avisados.

La trágica historia de un aventurero europeo, enamorado (o eso cree él) de una nativa polinesia, es una vuelta de tortilla al Romeo y Julieta, y ni digo ya a la cantidad de historias colonialistas con bella indígena perdidamente enamorada del colonizador superior a ella en todos los sentidos y, sobre todo, blanco. A mí el macho alfa conquistador me toca tanto la moral como la femme fatale o la actual tendencia de la novelita romántica actual (a Cincuenta sombras y sus cientos de cachondas lectoras me remito) a la mujer sumisita y tirando a mema usada de alfombra por el hombre rico, traumado y necesitado de amor; señor, cómprese un perro.

Como bien le dice la princesa al "heroe" que acaba de salvarle la vida, él tiene un propósito bien claro: acostarse con ella. Punto. Si ella hubiese cedido a él, ¿en qué habría acabado la historia? En una más de cientos, aventurita extramatrimonial de aventurero en las islas, y luego paz y después gloria, o Madame Butterfly con las tetas al aire y flores en el pelo, que tanto da. En vez de eso, ella se niega a caer en la ignominia de un matrimonio con un hombre que ni le interesa, ni es de su sociedad, ni de su nivel social (a su parecer de ella, ojo), y le hace todas las judiadas posibles, para acabar amenazándole de muerte cuando él se revuelve ante la última y más terrible de ellas. Si es que hay hombres que no tienen ningún sentido del humor cuando se trata de soportar dolores terribles durante un mes por el bien de la mujer amada, oiga...

El final de este pobre desgraciado es abrupto, cruel, y el único posible. Casado, con una familia encantadora, un nivel social bastante bueno, y una cultura refinada, se le va completamente la cabeza debido a la obsesión que siente por esta damisela tan alejada de sus parámetros sociales. Aquí el amor no es un hecho trágico, sino que cae directamente en los abismos de lo patético, ya que no sólo no es correspondido, sino que parece tratarse de una mera obsesión que crece hasta devorar todo lo demás. Léase, una enfermedad mental, no un sano toma y daca, ni siquiera un clásico amor-dolor de los trovadores, a los cuáles no veo enfrentándose a una belle-dame-sans-merci que se trajine a tres buenorros delante de su doliente enamorado para quitarle la tontería de la cabeza. Y es que se supone que la dama lejana es casta, ¿sabe usted? En este caso, para nada.

Lamentablemente, aunque ella es cruel hasta decir basta, puedo empatizar más con la dama que con el enamorado. Ese tipo de obsesión malsana de él es espantosa, y aunque él sufre lo indecible para estar con ella, dado todo lo que está dispuesto a sacrificar y lo poco que valora lo que tiene, llega a retratar una decadencia emocional y mental que asusta aún más que la indiferencia de ella. La actitud de la princesa, dentro de la sociedad en la que se mueve, es comprensible; la de él es simplemente enfermiza.

Vamos, que nos enfrentamos, a mi parecer, a una historia en la que no se habla de amor como relación, sino al amor como enfermedad mental. Algo admirable, espantoso y dantesco por sí mismo, y que tiene el final sin concesiones que se veía venir desde buen principio. Porque Font, como los buenos narradores, no tiene necesidad de engañar al lector para engancharle, así que la historia termina como tiene que terminar, con un cruel golpe de efecto que liga todo con la implacabilidad de un pathos griego. Y es que el exceso, sea en lo que sea, es malo; en este caso, el exceso es por sí mismo el protagonista indiscutible de La Sangre del Volcán.

¿Qué puedo decir? Bravo, señor Font.

lunes, julio 15, 2013

Y un poquito de Changeling (para variar)

Como siempre, me lío con otras actividades y me olvido de este blog... No porque no se me ocurran cosas para escribir, sino porque muchas veces se me ocurren mientras ando por la calle, o estoy en el trabajo (momento poco apropiado donde los haya), o cuidando a mi peque.

Pero bueno, como últimamente tengo un poco de subidón Changeling (visto que tuve bajón de 5A, y que ahora no encuentro a mi partner para seguir con ello cuando empieza a asomar tímidamente la oreja la inspiración), ahí van mis dos últimas obras relacionadas con el tema: un sidhe y su bella esposa sluagh. Sí, no es un contrasentido, va en serio xD


Como notas curiosas, decir que el nombre del feudo de él (Duque Ashes de Ashenfell, Casa Eiluned) viene de pasarme demasiadas horas releyéndome la versión original de Doneval, Giftwish. Una novela teóricamene infantil pero que en mi opinión puedes releerte mil veces, junto con su secuela Favila/Catchfire, debido al uso de simbolismos constantes y que harán las delicias a aquellos que hayan estudiado ni que sea por encima el tema. Es que el autor es profesor de Filosofía,  y se nota. Pocas veces he encontrado una teoría sobre la magia tan convincente como en estas novelas.

Pero volviendo a Changeling, ahí están la parejita en apuros. No sabría deciros cuál de los dos es más rescatable, si el Gran Duque o la Princesita...

jueves, noviembre 08, 2012

I just call to say...

Yo: -Hola, cariño.
Mi marido: -Hola, cielo.
Y: -Te llamo para decirte algo importante.
M: -¿El qué?
Y: -Jakka Wakka!


... Sí, mis diálogos con mi marido son cada día más surrealistas. Lo sé. Es lo que tienen las semanas de cierre de facturación...

domingo, octubre 28, 2012

Las mujeres de Jan

Hablando con una compañera de trabajo, me percaté que muchos de la nueva generación (osea, veinteañeros actuales, me refiero) ni siquiera habían oído hablar de un personaje que fuese para mí tan emblemático de mi infancia como Superlópez. Surgido de la imaginación del inefable Jan, creador de muchos otros personajes de cómic pero para mí ninguno tan entrañable, lleva décadas de correrías, que se reflejan en las canas y arrugas cada vez más presentes del personaje, así como en algunos cambios de actitud a medida que el tiempo tenía sus efectos en él. En cierta manera, Superlópez reflejaba el cambio de épocas tanto como el paso de los años de su autor.

Una de las cosas que más obviamente remarcan esto es el trato que sufren los personajes femeninos. Obviamente a Jan no le caía demasiado bien la maruja española típica, y no por ginofobia precisamente. Pero si miramos los primeros cómics de Superlópez (y cuento más o menos entre los primeros hasta "El Señor de los Chupetes") los personajes femeninos son siempre marujas, divas o, en general, estereotipos de una femenidad basada en el rulo, la laca de uñas y la pose de ir de rebajas, lucir y poco más. Luisa, contrapartida femenina del alter ego del Súper, es el ejemplo más evidente de esto: con mal genio, superficial (como demuestra ampliamente sobre todo en "Los Cabecicubos" y en "Al centro de la tierra"), mandona e hipocritona como pocas, el personaje pierde en encanto y gana en antipatía a medida que pasan los números. Incluso una chica más "tirá palante" como la Chica Maravilla del "Supergrupo" no deja de ser una súper-maruja, con armas como la lima de uñas, la laca para el pelo, los rulos y el secador. Simpática, ambiciosa, divertida, mona... pero maruja a fin de cuentas.

Creo que no es hasta "La Semana Más Larga", con la aparición de la ladrona Marta, que el estereotipo empieza a romperse. La atracadora de bancos por afición es una chica más dinámica, interesante, con un puntito marimacho e independiente, que vive con su abuela loca en vez de con sus padres (cuya madre ni llegamos a conocer, en realidad...). El propio autor debió darse cuenta de que había creado su personaje femenino más carismático, porque al contrario que otros que aparecen y desaparecen, Marta fue haciendo cameos (incluyendo alguno como el de "La Gran Superproducción", en que aparece en el cine), demostrando que al autor le caía bien el personaje. Así se convertiría en una especia de co-protagonista en paralelo, como en "Un Camello Subió a un Tranvía en Grenoble", o en "El Asombro del Robot", una co-protagonista más movida, más valiente y más sensata que la pobre y vulgar Luisa. Tanto que, en ocasiones, llega a ponerle los puntos sobre las íes al propio Superlopez.

Es curioso ver también la evolución de otros personajes. Quizás mi favorito sea Jaime, lameculos del Jefe de Juan López, envidioso y chivato, que a partir de "Los Alienígenas", cuando al final pilla al jefe en una actitud poco apropiada (jugando a los barquitos de papel, malpensados míos...), se le cae un poco la actitud aceitosa de hasta el momento y el autor decide darle un nuevo rumbo, rumbo que se consolida definitivamente en "Al Centro de la Tierra", un encanto de historia en el sentido de que los protagonistas parten en busca de diamantes, los encuentran... y como creen que tienen que encontrarlos más adelante, los dejan atrás y acaban llevando a la superficie una seta gigantesca como recompensa a todas sus penalidades...

Pero me voy por las ramas: el caso es que Jan, a partir de que abandona a las marujas, va planteando personajes femeninos más y más simpáticos. Marta, la gemela Súperlopez, incluso Mapa de su "Laszivia", ese poco conocido intento suyo de escribir porno... con resultado demasiado divertido al género desastre como para resultar erótico a fin de cuentas.

Lo cierto es que el Superlópez de ahora no es el de antes, y las historias a mi parecer han perdido algo de garra. Quizás el autor no sabe ya muy bien qué hacer con el personaje, que sigue siendo simpático pero ha perdido ese gancho inicial que tuvo sobre todo desde sus inicios hasta "Un Camello...". Pero una se alegra de ver que Jan no es, ni fue nunca, un misógino.

No, a lo que no aguantaba era al prototipo de mujer maruja hipócrita, superficial y Almodovariana.

¡Ya somos dos, señor Jan, ya somos dos!

miércoles, octubre 24, 2012

Duelo de cobardes

(Viendo cine de terror japonés, cortos con muy pocos medios y muy perturbadores):

M: -¡No mires, cariño, no mires!
Yo: -¡No estoy mirando, no estoy mirando!
M: -¿¡Y por qué lo estoy mirando yo!?
Y: -¡No sé, llevas dos horas poniéndolos uno tras otro y yo ya hace media que me he cagado!

Amor entre cobardes. Ese mundo.