martes, marzo 17, 2009

El guepardín

Hombre guepardo

Estábamos viendo por televisión un documental de esos tipo CSI, pero con bichos, y (cómo no) me enamoré del felino. En este caso, un guepardo, una criaturita de lo más elegante al que intentaban colgar el muerto (una gacelita muy mona). La verdad es que ando semi-enganchada a estos documentales, aunque no sé qué título tienen, sólo que los dan los domingos. Al ver al guepardo paseando con sus manchas y su lengua fuera, en un primer plano que dejaba ver las curiosas marcas que van de sus ojos a su boca, me pregunté... ¿cómo quedaría eso en un ser humano?

Al final no quedó humano, sino que parece un hombre-guepardo cualquiera. La idea original no era esa, pero a medida que el dibujo evolucionaba fue quedando así. No sé, estoy contenta pese a que no se parece en nada a mi idea original.

Ah, no es ningún personaje de roleo ni nada por el estilo (por una vez), sólo una idea fruto de la televisión. Y es que de vez en cuando no está tan mal verla. De veras.

miércoles, febrero 25, 2009

Durmiendo en el sofá (noches de blanco sartén)

Nunca creí que me mandarían a dormir al sofá. De veras, soy buena chica. Mi cama es amplia y acojedora, y encima la pago de mi bolsillo, así que aún en el caso de que me echaran, podría alegar mi derecho legítimo a mantenerme en mi territorio. O eso creía yo.

Todo empezó, como tantas otras cosas, de forma aparentemente inocua: al único superviviente de la fauna casera se le había hecho una pupa. El niño, agarrándolo con cuidado y trapo -puesto que el varano no destaca por su espíritu ecuánime, ni siquiera en su mejor momento, y tiene unos dientes que dan miedo-, fue a bañarlo.

Aquí va una pequeña anotación: habitualmente me ocupo yo de limpiar el baño, pero los últimos dos fines de semana me ha sido imposible por compromisos varios. Básicamente no hemos parado en casa, cosa que ha dado lugar a que en la bañera se generara una población de algas que haría que cualquier empleado de sanidad se rasgara las vestiduras por el desespero. Aclarado esto, decir que el niño limpió la herida del lagarto, que estaba algo infectada -siendo suaves-, en la bañera, mi bañera, léase la del cuarto de baño que tiene mi habitación, no en el común.

-¡Gatooo, meto al varano en la bañera, luego no te bañes hasta que lo limpie!

-¡Vale! -respondí yo, que estaba sentada en el susodicho sofá, no recuerdo si estudiando, bajando cosas muleramente o mirando al techo filosofando sobre la vida y milagros de la mota de polvo común. Poco duró la tranquilidad propia del limbo al que el agotamiento de trabajo, estudios y hogar me tiene sometida: Los aromas que empezaron a brotar del baño poco tenían que ver con campos en flor por la primavera, suponemos que por la mezcla de carne semiputrefacta de lagarto, algas de cortina de baño y pelos en el desagüe; en consecuencia, al nene se le ocurrió higienizar a lo bruto, con medio pote de lejía.

Jesús, María y José. No sé qué reacción química se produjo en aquel momento, pero el caso es que se generó Napalm, lo juro. No había quien entrara, ya no en el baño, sino en mi cuarto que es contiguo. Tuve que recuperar cepillo de dientes, del pelo y ropa para el día siguiente a lo comando, tapándome la cara, sin respirar y a todo correr. La ropa quedó repartida por el comedor a la espera de vestirse rápidamente el día siguiente, la mesa se convirtió en tocador para gafas y demás parafernalia, y yo acampé por allí. Lo gracioso del tema es que las persianas dieron su último suspiro hará una semana (llevamos desde que entramos en el piso pidiendo al propietario que las arregle, pero no nos hacen caso) y la iluminación exterior no permite precisamente acomodarse en el sueño de los justos. Para colmo, la puerta al balcón no cierra bien del todo, así que se nos cuela un revigorizante aire fresco de mar muy de agradecer...

En fin... por suerte el sofá es cómodo. Y quien no se consuela, está desconsolado.

P.D.: Quiero mi cama.

jueves, enero 08, 2009

Es mentira (momento Emo)

No sé cómo me convencieron para ir al dentista. Yo no quería. Todo el mundo me dijo que no dolería y me quitarían las manchas de los incisivos. Todo falso: sigo siendo un leopardo. Y ni siquiera me pusieron anestesia.

Mi sarro
me lo limpiaron
anoooche en el dentiiista.
¿Dónde estará mi sarro?
Dónde quiera que esté, ¡mi sarro es mío!


P.D.: Es mentira que las limpiezas bucales no duelan. Ay.

domingo, diciembre 14, 2008

Felicitación de Navidad

Este año casi me pilla el toro. No tuve tiempo (ni ganas, lo reconozco...) de ponerme a hacer la felicitación como cada año hago. Sin embargo, al final como tenía la tarde relativamente libre (entre lavadora y lavadora... se nos inundó la casa y hubo que arrojar toallas para salvar lo posible, pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión) decidí ponerme las pilas, en vista de que dudo mucho que tenga tiempo el resto de días por venir. Arf.

Narcisse doméstica traída a los niños buenos por el Imperator

Reconozco que es sencillota, pero me basé en una de las ideas tontas que surgen de las partidas de 7ºMar: la de un duende doméstico tipo Domovoy, llamado en este caso Narcisse, que trae buena suerte y protección a la casa. Para más señas, en vez de tener a un tipo obeso vestido de rojo y con barba para entregarlo, en este mundo de fantasía es el Imperator quien hace la labor: un chico guapote, alto y de larga melena plateada. Afortunados ellos...

Hala, ya hice mis deberes. Felices fiestas a todos y buen 2009, que os sea leve la crisis, que hagáis muchos amigos de los de verdad, que os toque la loto, os quiera mucho la familia y la pareja, que tengáis que tolerar el mínimo de tonterías posible y sobre todo, que riáis mucho. ¡Abur!

viernes, diciembre 12, 2008

Cuento de Navidad

Hace demasiado que no actualizo el blog (parece estar ligado a la independencia, a más independencia menos posteos...), así que como últimamente me escasea la inspiración para escribir, os pego aquí un cuento que me mandó Amon por correo...

¡Felices fiestas!

Una bonita historia para todos aquellos que algún día tendreis que
contarla.


Los Reyes Magos son verdad

Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a
escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus
actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con
miedo, le dijo:
- ¿Papa?
- Sí, hija, cuéntame
- Oye, quiero... que me digas la verdad
- Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
- Es que... -titubeó Blanca
- Dime, hija, dime.
- Papá, ¿existen los Reyes Magos?

El padre de Blanca se quedó mudo, miró a su mujer, intentando
descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro
tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Blanca le obligó a volver la mirada hacia la niña
y tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que
existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos
pero...
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me
habéis engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que
existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de
Blanca .
- Entonces no lo entiendo. papá.

- Siéntate, Blanquita, y escucha esta historia que te voy a contar
porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el
padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.

Blanca se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa
que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para
él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:

- Cuando el Niño Jesus nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados
por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le
llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan
contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor,
dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a
todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de
hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de
niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos
compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque
somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder
recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero
sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían
realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía
escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el
Portal:
- Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros
regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme:
¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas.
Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño
que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos,
pero. no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.
- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino
dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los
tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben
querer mucho a los niños? -preguntó Dios.
- Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los
niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez
más entusiasmados los tres.
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los
niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que
Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres
Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos
regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos
los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y
de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También
ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se
haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los
niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les
contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades,
los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y,
alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos
todos son más felices.

Cuando el padre de Blanca hubo terminado de contar esta historia, la
niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá.. Y estoy muy contenta de saber
que me queréis y que no me habéis engañado.


Feliz Navidad desde todas las partes del mundo, y ya sabes que si
reenvías esta historia como correo a todos tus amigos con hijos o sobrinos se
cumplirán todos tus deseos: ganara la liga tu equipo, ganará las
elecciones tu partido y tu serás el próximo jefe de tu jefe, ah!, pero
si no lo haces, los tres Reyes Magos te traerán Polonio 112 que es
peor que el carbón asturiano...

Por cierto, echa de tu casa a ese barbudo y gordo impostor de rojo, es
un invento de la Cocacola!!!

P.D.: Autor anónimo, pero todos mis respetos a quien lo escribió. Es una preciosidad de cuento.