Habitualmente cocino un poco de todo, siempre que tenga tiempo. Me gusta tanto los fideos chinos con pollo y espárragos trigueros, como las lentejas al curry, como una buena tarta de zanahoria. Sin embargo, tras tres días intensos en lo cárnico (en el mercado uno de mis puestos favoritos tenía la panceta cruda barata, y no me pude resistir a preparar panceta con hinojo), hoy ha sido vegetariano. No muy estricto, porque he añadido nata para hacer las cosas más melosas, pero bastante vegetariano. Como estamos todos de encierro, aunque ya a la salida, y mi hijo me ha pedido que apunte algunas recetas para que no se pierdan, ahí va eso para los que quieran probar. Es bastante sencillo y queda delicioso.
Se necesita:
-Aceite, yo uso de oliva pero al criterio de cada uno.
-Un hinojo entero.
-Un boniato de buen tamaño.
-Una cebolla hermosa.
-Nata de cocinar.
-Un vaso de vino blanco.
-Caldo vegetal (yo he usado el de hervir la col y la patata del día anterior).
-Sal y pimienta.
Primero, se pica la cebolla y se pone al fuego con aceite y sal (la cebolla, como me enseñó una amiga cocinera, se hace mejor si se le echa un poquito de sal). Lo he puesto directamente en la bandeja que luego irá al horno. Mientras la cebolla se dora ligeramente, se corta el hinojo entero a rodajas finas. Si eres de los lentos cortando, como es mi caso, te dará tiempo a que la cebolla se haga ligeramente. Si eres extra-rápido como los cocineros profesionales, tendrás que esperar un poquito. Y si eres más lento que la media, quizás debas bajar el fuego o picar todo y dejarlo preparado en platitos para irlo echando cuando cada elemento esté listo. Depende un poco de la velocidad de cada uno, que no todos somos Gordon Ramsay (desde aquí toda mi admiración por su slow roasted pork belly o panceta, os pongo el link aquí para los más carnívoros).
Una vez echado el hinojo sobre la cebolla, echas un vaso de vino para que se evapore. En ese momento la cocina olerá a gloria. Aprovechad para ir cortando el boniato en rodajas (se puede hacer pelado pero yo lo suelo lavar bien y ponerlo con piel, me da la impresión de que queda más gustoso así). Se echa por encima y se baja el fuego. Entonces se echa el caldo y se deja que hierva un poco mientras se precalienta el horno a 200º. Se echa la nata pasados unos cinco minutos de hervor, un poco de pimienta recién molida por encima, y al horno.
Recomiendo para que se haga bien darle un golpe de calor de unos 15-20 minutos y luego bajarlo para que se haga más lentamente unos 30-40 minutos. Todo dependerá del horno, porque por desgracia yo voy muy a ojo. Tras varios cambios de casa y tener que ajustar mis tiempos de cocción cada vez a nuevos fogones, inducción, y varios tipos de horno, me he convertido en ese tipo de cocinera que mira por el cristal y dice: "creo que ya está, ¿qué te parece?"
Se puede acompañar de un arrocito, por ejemplo un basmati con un toque de hierbas y mantequilla y quizás unos guisantitos. Yo he servido, en el sobrante del caldo vegetal, una quinoa con col y brócoli. El resultado es un plato muy colorido, con el dulce del boniato y la suavidad melosa del hinojo que entran deliciosamente junto con la quinoa, en este caso. También podéis usarlo para acompañar una hamburguesa o un vigoroso trozo de carne, ahí cada uno. Mi opción ha sido totalmente vegetariana y con los niños ha triundado mucho.
La próxima vez, haré fotos para que veáis el resultado (los niños y mi marido no dejaron muchos restos para enseñar). Saludos y si lo probáis, dejadme un comentario con vuestras impresiones.
¡Quedaos en casa y cuidaos!
¿Habéis oído esa bonita frase de "el sentido común es el menos común de los sentidos"?
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martes, mayo 05, 2020
sábado, mayo 24, 2014
Vecinos musicales
Todos hemos tenido de esos: vecinos que ponen la música a toda, la comparten contigo quieras o no, y te llenan la casa de ruido los fines de semana cuando te apetecería (o al menos, a mí me suele apetecer) algo de silencio.
En mi haber tengo haber sobrevivido al clásico "bakalaero", a uno aficionado al rap gitano, a los lolailos de toda la vida, y lo mejor o peor: a unos vecinos que decidieron que su vocación musical era la batería. No es cosa de risa, ya que tenían los exámenes justo al mismo tiempo que yo los míos, así que cuando más tenían que practicar era la época en que yo me encerraba en mi cuarto a estudiar. Nunca se me han dado bien las bibliotecas, me ponen tremendamente nerviosa y, pese a mi afición al silencio, me dan ganas de empezar a gritar al ver a tanta gente intentando callar cuando no paran de emitirse ruidos ahogados, como ese típico silencio antes de la tormenta. Pese a que la Universidad de Barcelona tiene una maravillosa, sólo durante mi época (breve) de doctorado fui capaz de frecuentarla con algún resultado. En general, siempre he preferido estar en mi propia habitación estudiando, con té caliente siempre disponible y un lavabo amistoso cercano. Pero con el patio de luces haciendo de caja de resonancia y el vecino practicando incansable con sus tambores y platillos, aquello era misión imposible.
Recuerdo con particular cariño que finalmente a mi hermano se le hincharon los que no suenan, y decidió actuar con la que sí suena: la trompeta. Así que cada vez que comenzaban los terribles compases, él interpretaba el toque de diana. Al final pillaron la indirecta y la tortura musical se mitigó.
Con el tiempo y las mudanzas he ido variando de acompañantes musicales, como ya he comentado más arriba. En la última casa en la que estuve no hubo de eso, y en ese sentido se estaba bastante tranquilo. Lástima que el piso fuera una cueva con forma de túnel, no hubiese apenas luz natural, el patio fuera un lodazal cada vez que lloviera y la humedad reinante hiciera impracticable el vivir con dos niños pequeños.
En mi actual morada tengo de nuevo a un vecino musical.
Le gustan los Beatles. Y la música decente en general.
¿A que es increíble?
En mi haber tengo haber sobrevivido al clásico "bakalaero", a uno aficionado al rap gitano, a los lolailos de toda la vida, y lo mejor o peor: a unos vecinos que decidieron que su vocación musical era la batería. No es cosa de risa, ya que tenían los exámenes justo al mismo tiempo que yo los míos, así que cuando más tenían que practicar era la época en que yo me encerraba en mi cuarto a estudiar. Nunca se me han dado bien las bibliotecas, me ponen tremendamente nerviosa y, pese a mi afición al silencio, me dan ganas de empezar a gritar al ver a tanta gente intentando callar cuando no paran de emitirse ruidos ahogados, como ese típico silencio antes de la tormenta. Pese a que la Universidad de Barcelona tiene una maravillosa, sólo durante mi época (breve) de doctorado fui capaz de frecuentarla con algún resultado. En general, siempre he preferido estar en mi propia habitación estudiando, con té caliente siempre disponible y un lavabo amistoso cercano. Pero con el patio de luces haciendo de caja de resonancia y el vecino practicando incansable con sus tambores y platillos, aquello era misión imposible.
Recuerdo con particular cariño que finalmente a mi hermano se le hincharon los que no suenan, y decidió actuar con la que sí suena: la trompeta. Así que cada vez que comenzaban los terribles compases, él interpretaba el toque de diana. Al final pillaron la indirecta y la tortura musical se mitigó.
Con el tiempo y las mudanzas he ido variando de acompañantes musicales, como ya he comentado más arriba. En la última casa en la que estuve no hubo de eso, y en ese sentido se estaba bastante tranquilo. Lástima que el piso fuera una cueva con forma de túnel, no hubiese apenas luz natural, el patio fuera un lodazal cada vez que lloviera y la humedad reinante hiciera impracticable el vivir con dos niños pequeños.
En mi actual morada tengo de nuevo a un vecino musical.
Le gustan los Beatles. Y la música decente en general.
¿A que es increíble?
martes, abril 24, 2007
DE UNA COSA A LA OTRA
Aquí andaba yo, aprovechando la salida por Barcelona para pasar por la Universidad y recoger mi tan largamente deseado y codiciado "La Muerte en los Ojos", de Jean-Pierre Vernant entre otras pequeñas maravillas. Baste decir que andaba desde hace años intentando localizar este librito (no llega a las cien páginas), donde el autor hace un análisis comparativo suculento entre las figuras de Gorgona, Artemis y Dionisos. Desde que hice cierto cursillo de mitología donde, entre otros, leímos la Teogonía y los cantos a Apolo, para ser exactos, cuyos apuntes dejé a un amigo que se mudó y, por supuesto, perdí de vista (¡Yuri! Si lees esto, los echo de menos óò).
En todo caso, entré en plena rememoranza de mi época pre-independencia, cuando jugaba partidas de Rol dirigidas por dicho amigo basadas en el mundo de Saint Seiya, con personajes tan originales que acabamos creándoles un mundo propio, tras embucharles tanta mitología que los pobres ya poco parecido guardaban ya con las aventuras que propuso en sus tiempos el bueno de Kurumada.

Así que hablando con Amon, acabé por pasarle algunos dibujos de dicha época, y de paso reencontrarme con mi esbozo de ninfa luminosa D&D (esas que se supone que te ciegan con su belleza), cosa que por cierto... ¿No encontráis que tiene una cierta reminiscencia al mito aquel en que pillan a Atena en el baño y deja ciego a quien la observa...? En todo caso me dio por reactualizar a la buena de Shiruss (que, como no me acordaba de su nombre original, he rebautizado como Xené, uno de los sobrenombres de Artemis, que significa la Extraña...). Ahí va la versión nueva de la moza, con Aioria y Milo de Escorpio, en plan bandarras y con mi estilo actual, bastante menos "manga" que en la época. Podéis gritar. Total, no os voy a oír.

Y bueno. Eso es todo. No os quejéis de mi pulso... Entre el kendo y dibujar en el tren, está para robar panderetas.
Eso es todo, amigos.
En todo caso, entré en plena rememoranza de mi época pre-independencia, cuando jugaba partidas de Rol dirigidas por dicho amigo basadas en el mundo de Saint Seiya, con personajes tan originales que acabamos creándoles un mundo propio, tras embucharles tanta mitología que los pobres ya poco parecido guardaban ya con las aventuras que propuso en sus tiempos el bueno de Kurumada.

Así que hablando con Amon, acabé por pasarle algunos dibujos de dicha época, y de paso reencontrarme con mi esbozo de ninfa luminosa D&D (esas que se supone que te ciegan con su belleza), cosa que por cierto... ¿No encontráis que tiene una cierta reminiscencia al mito aquel en que pillan a Atena en el baño y deja ciego a quien la observa...? En todo caso me dio por reactualizar a la buena de Shiruss (que, como no me acordaba de su nombre original, he rebautizado como Xené, uno de los sobrenombres de Artemis, que significa la Extraña...). Ahí va la versión nueva de la moza, con Aioria y Milo de Escorpio, en plan bandarras y con mi estilo actual, bastante menos "manga" que en la época. Podéis gritar. Total, no os voy a oír.

Y bueno. Eso es todo. No os quejéis de mi pulso... Entre el kendo y dibujar en el tren, está para robar panderetas.
Eso es todo, amigos.
sábado, abril 22, 2006
W: VALIUM en VENA
Mi natural despistado es continua fuente de entretenimiento para los demás. Me largo a dormir a casa de una amiga en otra ciudad y cuando me invitan a comer al día siguiente, simplemente digo: Vale, genial, espera que aviso a mi madre.
Suerte que soy una persona responsable y aviso. Porque tal y como iba exponiendo mis planes, mi madre sencillamente contestó: ¿Recuerdas que hoy es la lectura de premios?
Ops.
Qué divertida dosis de adrenalina es aquella que no puedes descargar mediante acción física. Hala, a comer y al autobús. Al tren. A correr con demasiada ropa, ha subido la temperatura, infierno, condenación y jerseys de lana, como diría el Sr.Alpargata, gato del Averno y Tirano en ciernes.
Llego, me cambio en tiempo record y hala, para la lectura. Me enganchan por banda y me quieren entrevistar, es que se lo hacemos a todos los ganadores, ¿sabe? Cielos. Mi timidez decidió hacer su reaparición al galope. No podía estar relajada ni con tortilla de valium. Y más tarde la lectura con público. Tenía tales nervios que temí que me saliera:
"Mi amado es para mí y yo para él.
Ponme como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón.
Porque el amor es fuerte como la muerte; la pasión, inexorable como el abismo.
Sus flechas son flechas de fuego.
Las grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos arrastrarlo.
Palabra de Dios".
¿Y qué queréis que os diga? Las únicas lecturas para gran público que he hecho fueron en las dos bodas de mis hermanos. Al final, te sabes ese fragmento del Cantar de los Cantares de memoria, de tanto que lo practicas para que no te falle la entonación.
Por suerte en el momento estaba tan absolutamente intimidada por la situación que lo único que pude hacer fue sumergirme en el texto. Junto con la ganadora del premio a novela (el mío era cuento) y mi madre, creo que fuimos las únicas que le dimos un poco de entonación a lo que leíamos, no como el resto que parecía que leyesen "Mi Primera Cartilla". Nota aparte merece una de las ganadoras de categoría juvenil, que se dedicó a charlar con sus compañeros durante las lecturas de los otros. Que yo entiendo que tanto entusiasmo recitativo produzca un punto de sopor, pero ponerse a hablar me pareció que demostraba exactamente su grado de educación. A buen entendedor...
Al terminar hubo un "pica-pica", léase traemos cuatro cosas de la pastelería de al lado e hinchaos como cerdos. Valga decir que no probé bocado. Estaba aún con los nervios a flor de piel, no sabía con quién hablar y me moría mucho. Del horror me rescataron los otros ganadores, que por lo visto no padecen mi timidez patológica. Menos mal.
Acabé el evento charlando sobre Conan y Kurosawa en un rincón con un encantador caballero, cinéfilo y diría que levemente viejovérdico, pero en el buen sentido. Me regaló espontáneamente una rosa, lo cual a mi alma romántica y chapada a la antigua le sirvió como un bálsamo contra toda aquella situación estresante. Ya estaba temiendo salir de allí con los brazos en alto y chillando como una loca. Que nervios, oiga...
Ahora tengo dos rosas en el salón de casa y una libreta regalo para todos los premiados. Van y me regalan una de esas con el formato que yo siempre busco y adquiero: pequeña tamaño bolso, ligera y con las hojas en blanco. El paraíso.
Y esto es todo, amigos. Esta mañana me he llevado la alegría de ver que salía en la prensa como premiada. Si mi espalda no hiciese de las suyas, daría botes por la casa.
Les amo.
Suerte que soy una persona responsable y aviso. Porque tal y como iba exponiendo mis planes, mi madre sencillamente contestó: ¿Recuerdas que hoy es la lectura de premios?
Ops.
Qué divertida dosis de adrenalina es aquella que no puedes descargar mediante acción física. Hala, a comer y al autobús. Al tren. A correr con demasiada ropa, ha subido la temperatura, infierno, condenación y jerseys de lana, como diría el Sr.Alpargata, gato del Averno y Tirano en ciernes.
Llego, me cambio en tiempo record y hala, para la lectura. Me enganchan por banda y me quieren entrevistar, es que se lo hacemos a todos los ganadores, ¿sabe? Cielos. Mi timidez decidió hacer su reaparición al galope. No podía estar relajada ni con tortilla de valium. Y más tarde la lectura con público. Tenía tales nervios que temí que me saliera:
"Mi amado es para mí y yo para él.
Ponme como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón.
Porque el amor es fuerte como la muerte; la pasión, inexorable como el abismo.
Sus flechas son flechas de fuego.
Las grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos arrastrarlo.
Palabra de Dios".
¿Y qué queréis que os diga? Las únicas lecturas para gran público que he hecho fueron en las dos bodas de mis hermanos. Al final, te sabes ese fragmento del Cantar de los Cantares de memoria, de tanto que lo practicas para que no te falle la entonación.
Por suerte en el momento estaba tan absolutamente intimidada por la situación que lo único que pude hacer fue sumergirme en el texto. Junto con la ganadora del premio a novela (el mío era cuento) y mi madre, creo que fuimos las únicas que le dimos un poco de entonación a lo que leíamos, no como el resto que parecía que leyesen "Mi Primera Cartilla". Nota aparte merece una de las ganadoras de categoría juvenil, que se dedicó a charlar con sus compañeros durante las lecturas de los otros. Que yo entiendo que tanto entusiasmo recitativo produzca un punto de sopor, pero ponerse a hablar me pareció que demostraba exactamente su grado de educación. A buen entendedor...
Al terminar hubo un "pica-pica", léase traemos cuatro cosas de la pastelería de al lado e hinchaos como cerdos. Valga decir que no probé bocado. Estaba aún con los nervios a flor de piel, no sabía con quién hablar y me moría mucho. Del horror me rescataron los otros ganadores, que por lo visto no padecen mi timidez patológica. Menos mal.
Acabé el evento charlando sobre Conan y Kurosawa en un rincón con un encantador caballero, cinéfilo y diría que levemente viejovérdico, pero en el buen sentido. Me regaló espontáneamente una rosa, lo cual a mi alma romántica y chapada a la antigua le sirvió como un bálsamo contra toda aquella situación estresante. Ya estaba temiendo salir de allí con los brazos en alto y chillando como una loca. Que nervios, oiga...
Ahora tengo dos rosas en el salón de casa y una libreta regalo para todos los premiados. Van y me regalan una de esas con el formato que yo siempre busco y adquiero: pequeña tamaño bolso, ligera y con las hojas en blanco. El paraíso.
Y esto es todo, amigos. Esta mañana me he llevado la alegría de ver que salía en la prensa como premiada. Si mi espalda no hiciese de las suyas, daría botes por la casa.
Les amo.
lunes, febrero 14, 2005
NIÑAS, AL ESCENARIO
Bueno... Esto no me ha pasado hoy, que ha sido un asqueroso lunes junto con un horrible San Valentín (parece que los días de los enamorados y demases me tienen tirria, siempre acabo recibiendo por todos lados por esas fechas). Pero bueno, ahí queda eso...
Éste sábado he vuelto a actuar. Después de una semana sencillamente esquizoide, tanto en casa como en el trabajo, el domingo fue de relax. Me explico: este fin de semana tenía que bailar en un acto público otra vez (para los que no lo sepáis ya, hago Danza del Vientre), así que la semana estubo cargada de ensayos. Entre el cansancio y las agujetas, y el pequeño detalle de que uno de mis compañeros estaba de baja, con lo que me tocó apechugar con un montón de faena extra (y horas extras), he tenido una de las semanas más agotadoras de mi vida. Ah, sí, se me olvidaba mencionar que me niego rotundamente a volver a mirar mi cartilla de ahorros. Lo hice el jueves. Hasta que cobre, prefiero ahorrarme el disgusto.
Pero bueno, el sábado, como ya he dicho, tocó actuar. Yay. Los que alguna vez hayáis sido parte de un espectáculo conoceréis la sensación: hasta el último minuto tensión, nervios, te equivocas de forma tonta, te olvidas de pasos, no paras de oír broncas y cambios de planes de última hora, falta tal grupo, tenéis que avanzar más, esas filas no pueden ser así... Y luego sales al escenario, la música suena. Los focos te impiden ver al público y todo se disuelve a tu alrededor en un prisma de puro movimiento fluido y relajado. El mundo se desvanece y lo único que queda eres tú y la música, que guía cada uno de tus movimientos con una gracia que creías no tener. Es algo maravilloso.
Salí de allí con la sonrisa más grande del mundo en la cara, satisfecha como hacía tiempo que no me sentía, los aplausos resonando en los oídos.
Hoy estoy muerta. Las agujetas todavía me duran, y tengo un cansancio y una de sueño acumulado que me parece que me arrastraré cual vulgar babosa durante el resto de la semana. Pero valió la pena.
Creo.
Éste sábado he vuelto a actuar. Después de una semana sencillamente esquizoide, tanto en casa como en el trabajo, el domingo fue de relax. Me explico: este fin de semana tenía que bailar en un acto público otra vez (para los que no lo sepáis ya, hago Danza del Vientre), así que la semana estubo cargada de ensayos. Entre el cansancio y las agujetas, y el pequeño detalle de que uno de mis compañeros estaba de baja, con lo que me tocó apechugar con un montón de faena extra (y horas extras), he tenido una de las semanas más agotadoras de mi vida. Ah, sí, se me olvidaba mencionar que me niego rotundamente a volver a mirar mi cartilla de ahorros. Lo hice el jueves. Hasta que cobre, prefiero ahorrarme el disgusto.
Pero bueno, el sábado, como ya he dicho, tocó actuar. Yay. Los que alguna vez hayáis sido parte de un espectáculo conoceréis la sensación: hasta el último minuto tensión, nervios, te equivocas de forma tonta, te olvidas de pasos, no paras de oír broncas y cambios de planes de última hora, falta tal grupo, tenéis que avanzar más, esas filas no pueden ser así... Y luego sales al escenario, la música suena. Los focos te impiden ver al público y todo se disuelve a tu alrededor en un prisma de puro movimiento fluido y relajado. El mundo se desvanece y lo único que queda eres tú y la música, que guía cada uno de tus movimientos con una gracia que creías no tener. Es algo maravilloso.
Salí de allí con la sonrisa más grande del mundo en la cara, satisfecha como hacía tiempo que no me sentía, los aplausos resonando en los oídos.
Hoy estoy muerta. Las agujetas todavía me duran, y tengo un cansancio y una de sueño acumulado que me parece que me arrastraré cual vulgar babosa durante el resto de la semana. Pero valió la pena.
Creo.
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