Al estar con una gripe de aquellas épicas, he aprovechado que mis peques estaban en el cole para hacer algo que tenía pendiente por pura fidelidad friki: ver la película de Terramar de dibujos animados del equipo técnico que fuera Estudio Ghibli, que nos ha dado delicias como Porco Rosso, Nausicaa del Valle del Viento, El viaje de Chihiro, El Castillo en el Cielo y otros.
Si algo esperas de cualquier cosa que implique a Ghibli, aunque ya no sea Ghibli concretamente, es excelencia en la animación. El guión puede ser más o menos denso debido a diferencias culturales, como en el caso de la Princesa Mononoke, o incluso incomprensible por mala adaptación, como el Castillo Ambulante, pero la animación tiene siempre una maestría innegable, el diseño de personajes es manido pero amable, y en general empatizas rápido con ellos y con la trama. El ejemplo de El Castillo Ambulante es particularmente ilustrativo: se saltaron a lo grande toda la línea argumental de la novela en la que está basada, que por cierto es excelente, y montaron un batiburrillo de conceptos e imágenes que se sostienen por su potencia, no por su coherencia. A mitad de la película estás preguntándote qué rayos pasa y el porqué, y ese porqué no llega a explicarse jamás; pero merced del buen hacer de los animadores y de la belleza exquisita de diseños, tanto de fondos como de aparatos ciber-punk varios, te da igual todo. Es un viaje sensorial delicioso, y la película te gusta, aunque seas incapaz de explicar qué narices ocurría realmente. A menos que leas el libro, momento en que las infidelidades a la historia se convierten en un facepalm épico, claro.
Partiendo de esta base, y sabiendo como sabía que todos los fans habían encontrado la adaptación aberrante, me puse en plan sofá y manta, té caliente, y me dispuse a ser mecida por las delicias de una peli Ghibli random, con mala adaptación de las fabulosas novelas de Terramar.
Craso error.
Terramar es un despropósito terrible. No sólo carece de coherencia, como la citada El Castillo Ambulante. El ritmo brilla por su ausencia, los personajes están pésimamente animados hasta el punto de parecer dibujados por un crío que imitara el estilo, las frases profundas y las escenas potentes están tan mal hilvanadas que todo se desmorona rápidamente. El guionista intenta adaptar La Costa Más Lejana, pero añade toques argumentales de Tehanu, referencias incomprensibles a La Tumba de Atuán, te incrusta a la fuerza la trama principal de Un Mago de Terramar adaptándola a otro personaje y sin ningún sentido ni resolución robándole todo su interés, y luego le mete gotas de En El Otro Viento, porque sí. El resultado es que algunas frases sencillas pero profundas se convierten en un festival de galletitas chinas de la suerte. Los exquisitos fondos de Ghibli son deliciosos en el primer cuarto de película. Luego, sin motivo alguno, la acción -por llamarla de alguna manera- se traslada a la cabaña de Tenar, y los animadores parecen aburrirse de lo que están haciendo, pasando a una serie de imágenes sosas, aburridas, que le quitan el único placer que proporcionaba la película, las hermosas imágenes de tarjeta postal. El castillo del malo final otro tanto: el diseño no está mal, pero a merced de una paleta de color monótona, aquello se transforma en el festival del tedio. Y podría dedicar páginas enteras a por qué no me gusta el tratamiento de Terrhu, convertida en una niña Ghibli genérica rescatable. Puedo entender que tratar el tema del abuso infantil y la desfiguración de una cría de ocho o diez años no es algo para meter en una película para todos los públicos, pero bien que le ponen un presunto violador por ahí, así que podrían haber dado un paso más y dar el pastel entero. Pero no, te dicen que "sus padres la maltrataban, y la quemaron". Fin. Ni brazo inútil, ni explicación de por qué los dragones la adoptan, ni por qué se llama como se llama... nada.
Capítulo aparte me merece Tenar, a la que en un mundo donde todos van con doble nombre, citan por el suyo real, desvirtuando toda la ambientación. En esa etapa de su vida la llamaban la Araña Blanca, y era una viuda bien considerada por los vecinos. Aquí queda convertida en la bruja del pueblo a la que tienen algo de miedo, pero luego es una inútil total que sólo sabe gruñir a todo el mundo. Y la sutil historia romántica entre ella y Ged queda resumida en un "eres patético, Archimago, enamorado de esa mujer". Sobre explicando cosas innecesarias, y dejando cuatro tramas mal mezcladas sin suficiente tratamiento para volverlas, ya no comprensibles, sino simplemente digeribles.
El remate son los personajes malos random con diseño random Ghibli que sueltan carcajadas villanescas al aire. Innecesarios, molestos, irritantes y tristes hasta decir basta. Y del teórico protagonista ni te interesa lo que le pasa, ni lo entiendes, ni te implica su animación.
Porque esa es la última, los personajes están mal animados. Las expresiones son vacías, los diseños cutres, Tenar no tiene esa apariencia casi albina de una nórdica que leyendo las novelas te imaginas, ni Ged ese aire isleño con la piel oscura. Yo me imaginaría a Ged como poco con rasgos polinesios, y si me apuran negro, y si me lo hubiesen puesto como un africano no me hubiera disgustado. Aquí tiene la piel menos tostada que mis hijos en verano, y dado que han heredado mi constitución pálida, la adaptación es casi insultante. El malote final no está mal del todo, pero como la animación se les va, no acaba de entrar por los ojos, nunca mejor dicho. En la escena final la mala animación hace que las escenas sean deprimentes.
Así que, en resumen, trama incomprensible, mala animación, frases profundas al pedo, personajes mal adaptados, y fondos que sólo son espectaculares al principio. Lo peor, que sólo entiendes lo que está pasando si has leído los libros, y si los has leído lo que ves te duele. No se sostiene por sí mismo, y desde luego por comparación con el original se desmorona cual castillo de cartas.
Al cubo de basura, y a otra cosa.
¿Habéis oído esa bonita frase de "el sentido común es el menos común de los sentidos"?
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lunes, febrero 03, 2020
miércoles, julio 19, 2006
ATERRORIZANDO MENORES

Entre algunos horrores de los que me siento cada vez más alejada está mi super pasado friki. Ojo, no es que no me siga gustando disfrazarme, cantar canciones o leer manga y cómic. Sencillamente, ahora cuando veo rebaños y rebaños de jovencitos haciendo lo propio, mi primera reacción suele ser la huída, mientras que para lo primero exijo un entorno familiar y preferentemente relajado. El tren, por ejemplo, vale perfecto para leer, la calle tras un par de cervezas tiene un cierto atractivo como centro de karaoke, y carnaval o una reunión de amigos parece una excelente oportunidad para ponerse un kimono, si es que hay oportunidad perfecta para ponerse algo tan bonito, tan caro y que te hace andar como si tuvieses un palo metido por salva sea la parte debido a que ni puedes arquear la espalda ni extender los pies...
El otro día, en estas largas vacaciones con trabajo que me estoy tomando en Madrid, me enteré que cantaban las Charm. Cielos. Ahora que he oído uno de sus discos, entiendo mejor el concepto de infierno: desafinan, el acompañamiento hace que los organillos casio de los gitanos con cabra parezcan Haendel y... Bueno, paro, que luego me llaman superficial por comentar que la verdad, las fotos tipo J-Pop quedan horribles porque las mozas, francamente, son del montón.
Después del concierto, que desgraciadamente nos perdimos por andar de siesta, pasamos por las jornadas de frikeo a ver qué tal. Definitivamente, mi agorafobia no asomó ni por casualidad: he visto picnics familiares más concurridos. Vale que vengo de familia numerosa, pero ya me habéis entendido. Resistentes ahora y siempre a la banalidad, un grupo de pre-adolescentes vinieron disfrazados de Naruto. Ahí asomó mi vena perversa, ayudada por la siempre servicial Amon y su frase: "¿a que no hay huevos?". A mis años las competiciones de testosterona siguen en alza, triste pero cierto.
¡Este Sasuke sí que es mono!Así que me acerqué a los mozos, pedí al jovencito que iba de Sasuke que si le podíamos tomar en video y le dije insinuante:
-Ahora di: Naruto me pone bruto.
La reacción fue inmediata: terror, pánico, saltó como si yo fuese algo venenoso chillando:
-¡Yo no grito esas mariconadas!
Los japos sí que saben xDMientras, sus compañeros, panda de impresentables (yo hubiese hecho lo mismo), le incitaban a que defendiese su orgullo gay. No hubo manera, el muchacho no quiso salir del armario cost-playero. Una lástima, aunque su cara de terror casi valió la pena.
No me divertía tanto desde los esquimales. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasion...
domingo, febrero 08, 2004
ZOOFILIA Y BAJADAS DE BRAGAS
El otro día mi marido bajó una de esas series memorables de Miyazaki (autor de Marco, Heidi, la Princesa Mononoke, Totoro y no sé cuantas series y películas más): Sherlock Holmes. Para gran carcajada de mi marido, yo solté una vez que esa serie era una incitación a la zoofilia: ¿perritos inteligentes, adorables solteros ingleses despistados, estilizados animalitos? Digan lo que quieran, tanto perro y tan majo no debe ser bueno para la educación sexual de nadie...
Para los puristas de la obra de Conan Doyle, el Sherlock de Miyazaki puede parecer un poco demasiado blando: lejos del heroinómano, misógino y snob gentleman inglés de las novelas, con su violín y sus modales lánguidos, el cánido protagonista de los dibujos animados es un ser adorable, un soltero desordenado y achuchable de mirada resuelta y con esa encantadora torpeza típica de los protagonistas de este director japonés. Watson está tan alejado del gordito torpe de las películas como del médico de guerra de las novelas, una persona realmente normal (es por ello que Sherlock lo aprecia tanto, porque le mantiene los pies en el suelo), que pasa de ser un solterón que comparte piso con el excéntrico Holmes a ser un hombre de familia tras enamorarse de una de las clientas, mientras que en la serie insisten en esa faceta enamoradiza del doctor, además de añadir una especie de competición amistosa por las atenciones de la despistada ama de llaves, cuando el Holmes original no se interesó por otra mujer que la que le batió en su propio juego, Irene Adler, "la mujer", como dice el propio Sherlock. Moriarti, lejos del villano misterioso y frío del original, es un archienemigo con todos los tics propios de un "malo" de la Hammer -de hecho, en algunas de las secuencias guarda un sospechoso parecido con el Drácula de Coppola-. Sherlock no va de traje, sino con la ya famosa pipa y gorra de las películas, que en las novelas no aparece por ningún lado...
A pesar de todo, y del carácter amable del que están dotados todos los personajes por igual, no deja de ser una serie de mucho nivel, Miyazaki en su más puro estado. El autor respeta algunos de los rasgos del personaje original (por ejemplo, ese comentario estrambótico de despedida una tarde: "espéreme para desayunar...."), añadiendo detalles de humor blanco porque, al fin y al cabo, no deja de ser una serie infantil. Una de las cosas que más gracia me hizo es el episodio en que Moriarti rapta al ama de llaves para atraer a Sherlock a una trampa. Premisa típica, si se quiere. Lo que no es tan típico (o más bien, sí que lo es, pero de las obras de Miyazaki) es la reacción de la secuestrada, que con considerable cachaza se dedica a arreglarle la casa al malhechor, en vez de actuar con histeria o montar un show de gritos, ganándose con ello a todos los "malos" (No vean la risa que me dió cuando, en una de esas escenas en que Moriarti se imagina una posible vida con ella, se les ve despidiéndose en la puerta: "Adiós, cariño, cuídate" "Sí, querida" "Y ten cuidado mientras conquistas el mundo..."). Según mi novio, un detalle de machismo japonés, el que la chica se ponga enseguida en modo "ama de casa". No sé qué decir, a mí hay cosas que me parecen mucho peores... Es una de las pocas veces en que una raptada no te hace entrar ganas de abofetearla. Es gracioso, pero ese machismo profundo de la mujer-ángel doméstico (como dicen las feministas) no me carga ni la mitad que esas mujeres teóricamente liberadas que, en cuanto dan muestras de saber hacer la "O" con un canuto todo el mundo pasa a admirarse de su inteligencia y valor, como si fueran perros de circo que han hecho una voltereta particularmente difícil. Por otro lado, cuando la niña de turno se histeriza, entran ganas de decirle al villano, en plan amistoso: "Oye, te invito a unas copas si la matas ya, así, de buen rollo...". Porque sabes que te van a amargar la película, o la serie, o la novela.
Puedo tolerar muchas cosas, incluso la pornografía injustificada -léase, por ejemplo, las secuelas de El Clan del Oso Cavernario- cuando leo una historia no ya buena, sino sencillamente entretenida. Pero una cosa que me revienta profundamente es esa princesita, o novia, o amiga, que sólo está en la historia para gritar, que la rapten y la salven. La histérica, bobalicona y totalmente insípida co-protagonista, o heroína, que te hace pensar qué rayos debe hacer para retener la atención del heroe, puesto que es obvio que no se trata de sexo (suelen ser tan puritanas como tontas); luego le echas un vistazo al protagonista, que es más simple que el mecanismo de un lápiz, y retiras la pregunta. Lo que haces entonces es preguntarte qué hace una persona supuestamente inteligente como el malo, con todos sus planes megalómanos y sus frases cortantes, perdiendo el tiempo con niñatos semejantes.
Aunque hay algo que me revienta mucho más que la tonta rescatable, a la que, al fin y al cabo, si no tiene más luces qué se le va a hacer (aparte de borrarla del mapa con premura, claro está). Me refiero a esa espantosa maniobra que Yatsu no Tôri dió en llamar "la bajada de bragas".
Imaginaos ahora al otro prototipo de mujer co-protagonista: ésa que es lista, fuerte y valiente, que no se detiene ante nada y que nos tiene a todos los espectadores de su lado, incondicionalmente. Suelen ser una de las malas, o bien una de esas nuevas protagonistas que se atan la manta a la cabeza y asumen aquello de "si quieres algo bien hecho...". Luego llega el gallardo protagonista, ése con enormes músculos y escasas neuronas... Y adiós. La chica se enamora y llega el momento cumbre: ¡bajada de bragas! La chica inteligente, independiente, etc. se convierte en chica rescatable. ¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAARGH!!! Ejemplo bien claro de este tipo de chica es la compañera de James Bond en El Mañana Nunca Muere. Uno se pregunta qué hacía para acabar misiones antes de toparse con Bond, porque teniendo en cuenta que la salva ya no una, sino dos veces, es obvio que la teórica "profesional" no se sabe defender sola en el terreno del espionaje y compañía. Ni de vaina. Y es que para lo único que sirven estas señoritas es para la obligatoria "pelea de gatas" entre ellas y la mala, tan parecida a ellas, que se ha ido a la cama con el prota también y siente un provado fetichismo por los trajes ajustados y los tacones de aguja, tan prácticos para las peleas cuerpo a cuerpo. En serio que adoro a las mujeres guerreras: la mejor, estéticamente al menos, la famosa Red Sonja y su inefable biquini de mallas. Me parto de risa al pensar en los respingos que debía pegar al montar a caballo. Incluso el modelito de pieles de Belit era más lógico, al menos no tenía pretensiones de defensa, sólo de comodidad. Y es que son tan prácticas las armaduras con escote...
Para eso prefiero la señora tranquila, ama de casa, que por lo menos no se las da de aventurera (como nuestra amiga Minna de Drácula, que parece ser, como la definió una vez el Dummie, "la hermanita tonta de Rippley"), pero que no reacciona como una completa descerebrada. En serio, mejor una mujer que no pelea -porque en la vida diaria, la gente no suele hacerlo, no sé si se han dado cuenta-, pero que no está aquejada de gilipollitis terminal, que la guerrera rescatable con el síndrome de bajada de. Que las rescaten, pero que no griten. La actitud amable y despistada de la Sra. Hudson me parece genial, de veras. ¿Quién no esperaría tranquilamente el rescate en compañía de un malo tan abrazable como el Moriarti de Miyazaki? ¡Jajejijoju! Por algo digo yo que Sherlock Holmes incita a la zoofilia. Nunca vi tanto soltero desastre junto, tanto personaje adorable y encantador. Incluso ese Moriarti histérico y psicópata me gusta. ¡Incluso las rescatables no molestan! Esa si que es señal de maestría al contar una historia.
Y luego me preguntan cómo es que, a mi edad, sigo viendo dibujos animados. Sigh...
Para los puristas de la obra de Conan Doyle, el Sherlock de Miyazaki puede parecer un poco demasiado blando: lejos del heroinómano, misógino y snob gentleman inglés de las novelas, con su violín y sus modales lánguidos, el cánido protagonista de los dibujos animados es un ser adorable, un soltero desordenado y achuchable de mirada resuelta y con esa encantadora torpeza típica de los protagonistas de este director japonés. Watson está tan alejado del gordito torpe de las películas como del médico de guerra de las novelas, una persona realmente normal (es por ello que Sherlock lo aprecia tanto, porque le mantiene los pies en el suelo), que pasa de ser un solterón que comparte piso con el excéntrico Holmes a ser un hombre de familia tras enamorarse de una de las clientas, mientras que en la serie insisten en esa faceta enamoradiza del doctor, además de añadir una especie de competición amistosa por las atenciones de la despistada ama de llaves, cuando el Holmes original no se interesó por otra mujer que la que le batió en su propio juego, Irene Adler, "la mujer", como dice el propio Sherlock. Moriarti, lejos del villano misterioso y frío del original, es un archienemigo con todos los tics propios de un "malo" de la Hammer -de hecho, en algunas de las secuencias guarda un sospechoso parecido con el Drácula de Coppola-. Sherlock no va de traje, sino con la ya famosa pipa y gorra de las películas, que en las novelas no aparece por ningún lado...
A pesar de todo, y del carácter amable del que están dotados todos los personajes por igual, no deja de ser una serie de mucho nivel, Miyazaki en su más puro estado. El autor respeta algunos de los rasgos del personaje original (por ejemplo, ese comentario estrambótico de despedida una tarde: "espéreme para desayunar...."), añadiendo detalles de humor blanco porque, al fin y al cabo, no deja de ser una serie infantil. Una de las cosas que más gracia me hizo es el episodio en que Moriarti rapta al ama de llaves para atraer a Sherlock a una trampa. Premisa típica, si se quiere. Lo que no es tan típico (o más bien, sí que lo es, pero de las obras de Miyazaki) es la reacción de la secuestrada, que con considerable cachaza se dedica a arreglarle la casa al malhechor, en vez de actuar con histeria o montar un show de gritos, ganándose con ello a todos los "malos" (No vean la risa que me dió cuando, en una de esas escenas en que Moriarti se imagina una posible vida con ella, se les ve despidiéndose en la puerta: "Adiós, cariño, cuídate" "Sí, querida" "Y ten cuidado mientras conquistas el mundo..."). Según mi novio, un detalle de machismo japonés, el que la chica se ponga enseguida en modo "ama de casa". No sé qué decir, a mí hay cosas que me parecen mucho peores... Es una de las pocas veces en que una raptada no te hace entrar ganas de abofetearla. Es gracioso, pero ese machismo profundo de la mujer-ángel doméstico (como dicen las feministas) no me carga ni la mitad que esas mujeres teóricamente liberadas que, en cuanto dan muestras de saber hacer la "O" con un canuto todo el mundo pasa a admirarse de su inteligencia y valor, como si fueran perros de circo que han hecho una voltereta particularmente difícil. Por otro lado, cuando la niña de turno se histeriza, entran ganas de decirle al villano, en plan amistoso: "Oye, te invito a unas copas si la matas ya, así, de buen rollo...". Porque sabes que te van a amargar la película, o la serie, o la novela.
Puedo tolerar muchas cosas, incluso la pornografía injustificada -léase, por ejemplo, las secuelas de El Clan del Oso Cavernario- cuando leo una historia no ya buena, sino sencillamente entretenida. Pero una cosa que me revienta profundamente es esa princesita, o novia, o amiga, que sólo está en la historia para gritar, que la rapten y la salven. La histérica, bobalicona y totalmente insípida co-protagonista, o heroína, que te hace pensar qué rayos debe hacer para retener la atención del heroe, puesto que es obvio que no se trata de sexo (suelen ser tan puritanas como tontas); luego le echas un vistazo al protagonista, que es más simple que el mecanismo de un lápiz, y retiras la pregunta. Lo que haces entonces es preguntarte qué hace una persona supuestamente inteligente como el malo, con todos sus planes megalómanos y sus frases cortantes, perdiendo el tiempo con niñatos semejantes.
Aunque hay algo que me revienta mucho más que la tonta rescatable, a la que, al fin y al cabo, si no tiene más luces qué se le va a hacer (aparte de borrarla del mapa con premura, claro está). Me refiero a esa espantosa maniobra que Yatsu no Tôri dió en llamar "la bajada de bragas".
Imaginaos ahora al otro prototipo de mujer co-protagonista: ésa que es lista, fuerte y valiente, que no se detiene ante nada y que nos tiene a todos los espectadores de su lado, incondicionalmente. Suelen ser una de las malas, o bien una de esas nuevas protagonistas que se atan la manta a la cabeza y asumen aquello de "si quieres algo bien hecho...". Luego llega el gallardo protagonista, ése con enormes músculos y escasas neuronas... Y adiós. La chica se enamora y llega el momento cumbre: ¡bajada de bragas! La chica inteligente, independiente, etc. se convierte en chica rescatable. ¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAARGH!!! Ejemplo bien claro de este tipo de chica es la compañera de James Bond en El Mañana Nunca Muere. Uno se pregunta qué hacía para acabar misiones antes de toparse con Bond, porque teniendo en cuenta que la salva ya no una, sino dos veces, es obvio que la teórica "profesional" no se sabe defender sola en el terreno del espionaje y compañía. Ni de vaina. Y es que para lo único que sirven estas señoritas es para la obligatoria "pelea de gatas" entre ellas y la mala, tan parecida a ellas, que se ha ido a la cama con el prota también y siente un provado fetichismo por los trajes ajustados y los tacones de aguja, tan prácticos para las peleas cuerpo a cuerpo. En serio que adoro a las mujeres guerreras: la mejor, estéticamente al menos, la famosa Red Sonja y su inefable biquini de mallas. Me parto de risa al pensar en los respingos que debía pegar al montar a caballo. Incluso el modelito de pieles de Belit era más lógico, al menos no tenía pretensiones de defensa, sólo de comodidad. Y es que son tan prácticas las armaduras con escote...
Para eso prefiero la señora tranquila, ama de casa, que por lo menos no se las da de aventurera (como nuestra amiga Minna de Drácula, que parece ser, como la definió una vez el Dummie, "la hermanita tonta de Rippley"), pero que no reacciona como una completa descerebrada. En serio, mejor una mujer que no pelea -porque en la vida diaria, la gente no suele hacerlo, no sé si se han dado cuenta-, pero que no está aquejada de gilipollitis terminal, que la guerrera rescatable con el síndrome de bajada de. Que las rescaten, pero que no griten. La actitud amable y despistada de la Sra. Hudson me parece genial, de veras. ¿Quién no esperaría tranquilamente el rescate en compañía de un malo tan abrazable como el Moriarti de Miyazaki? ¡Jajejijoju! Por algo digo yo que Sherlock Holmes incita a la zoofilia. Nunca vi tanto soltero desastre junto, tanto personaje adorable y encantador. Incluso ese Moriarti histérico y psicópata me gusta. ¡Incluso las rescatables no molestan! Esa si que es señal de maestría al contar una historia.
Y luego me preguntan cómo es que, a mi edad, sigo viendo dibujos animados. Sigh...
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