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miércoles, septiembre 16, 2020

Musicales: Love never dies VS Hamilton

 Cuando empezó el encierro por la pandemia en marzo, hubo una recaudación para el hospital de Nueva York, que estaban totalmente saturados. Para captar fondos, alguien tuvo la brillante idea de emitir musicales por Youtube de forma que los beneficios por visualización. El ¨Yo ya he donado¨ nunca tuvo más fuerza y sentido que en ese momento, ya que el primer musical seleccionado para este bienintencionado experimento fue Love Never Dies. 

Para los que no conozcáis gran cosa de musicales, comentar que este engendro es la segunda parte de The Phantom of the Opera, basada en la novela homónima y a la que es extremadamente poco fiel, de la que hay una versión en película bastante flojita con Gerard Butler en el papel del Fantasma, cosa que queda realmente mal debido a que el actor es demasiado guapo para el papel y no da la talla en cuanto a voz. Mi Phantom favorito es el de Michael Crawford, que le sabe imprimir un tremendo aire de locura desquiciada y desgarro, y que a nivel musical es inmenso, pero podría haber perdonado la buenorrez, con perdón, de Gerard si no fuera por todo el resto. Una Christine a la que hubo que adaptar las canciones porque no llegaba al registro. Una orientación al romance con el ¨monstruo¨, que no deja de ser un viejo pederasta deforme acosando mediante mentiras a una adolescente. Y aún así, no me disgusta del todo, porque soy masoca y porque en esos tiempos del estreno cinematográfico (que fui a ver al cine) no podía disponer de la versión íntegra con Crawford y Sarah Brightman en su primera actuación. Si vais a ver el musical, es la única mínimamente interesante, pese a lo edulcorado de la trama, porque respeta lo suficiente la figura del monstruo para entender que es el villano, por mucha lástima que pueda dar a ratos. La otra versión realmente potente del clásico (que no es más que una versión Broadway de una novela gótica a la que no hay que exigirle demasiado a nivel trama o trasfondo) es la miniserie que hizo la BBC con CANTANTES DE ÓPERA y números operísticos reales. Fausto, señores, Fausto. Nada más que decir.

Pero como siempre, me distraigo del tema principal. Love Never Dies intenta ser una secuela, no de la novela original, ni de la historia narrada en general, o de la versión blanco y negro, ni siquiera de la primera versión del musical, sino de una visión deformada por el propio autor del musical... Es como una fanfic de pésimo gusto y nula calidad. Es dañino, pesado, amoral y degradante para aquellos que tuviéramos mínimo interés por los personajes del drama musical original. Después de un número de apertura decente y hasta bonito de escuchar, Til I hear you sing, Andrew Lloyd Webber demuestra estar totalmente gaga en una suma de despropósitos que parece más ganas de vengarse de la que fue su actriz y cantante fetiche, Sarah, que de contar nada con cara y ojos. La vergüenza ajena invade al espectador al intentar establecer paralelos entre los personajes del primer musical y los monigotes sin alma que desfilan ante sus ojos horrorizados. Números musicales ridículos, canciones ñoñas y cargantes, personajes inconsistentes, escenografía que parece mala copia de Moulin Rouge o de Greatest Showman, reacciones ridículas, justificaciones de la pederastia y la violación, enfrentamientos en que un asesino en serie le pega la bronca a un marido cornudo por haberse dado a la bebida cuando hasta su hijo pasa de él (toda la autoridad moral está de parte del asesino, claro), escenas de grooming a menores, débiles excusas para justificar lo que en manga llaman Harem (osea, todos los personajes femeninos, venga o no a cuento, enamorados del Phantom), la mayor muestra de irresponsabilidad parental en pantalla nunca vista, niños que pasan de su padre para irse con un tío con máscara que acaba de conseguir que maten a su madre... Todo mal.

Para poner a los pobres espectadores confiados en que el fiasco no puede ser tan grande en antecedentes, Andrew compuso The Phantom of the Opera para Sarah Brightman, que empezaba su carrera como cantante en aquel momento y tenía un cierto aire de ingenua requetemona. A Andrew, que ya tenía su edad y una carrera como compositor de musicales, la moza le debió poner muy borrico e hizo una proyección, aún por suerte velada, para la obra musical. Interpretada por un acertadísimo Michael Crawford como loco, deforme y algo anciano mentor enamorado de la jovencísima cantante, sin llegar al asco que inspira el monstruo de la novela, consigue un resultado muy apañado y decente. Luego Crawford se retiró y empezaron a meter a actores menos afeados, de interpretación más grandilocuente que enfermiza, y empezaron también los desbarres en los que la protagonista parecía enamorarse más o menos del tipo que finge ser un ángel enviado por su padre. Ahá. Todo mal de nuevo. Sarah al cabo de un tiempo se largó, hizo su carrera profesional con montones de actuaciones, discos, y hasta alguna película que otra (está realmente magnífica en Repo the Genetic Opera), se casó, tuvo hijos, vamos... hizo su vida, lo que viene a ser normal, lejos del tarado obsesivo de Andrew. Y entonces Andrew sacó la segunda parte.

No puedo resumir eso porque tendría que volver a verlo, y el único motivo por el que lo hice la primera vez fue por donar, y porque estaba sosteniendo una conversación on-line con mi amiga Carmen preguntándonos qué hacíamos viendo aquello, y si realmente nos preocupaba tanto donar al hospital de Nueva York. Es, definitivamente, horroroso. Todo es una excusa para que un viejo al que su amante más joven abandonó explique, desde su punto de vista, por qué es correcto raptar y violar a una menor, ya que mediante mentiras y engaños descubre que al final ella siempre le quiso y el hijo que tiene de su matrimonio es del violador, porque todo el talento musical del niño es herencia del padre. El que la madre fuera una gran intérprete no tiene nada que ver, claro. Niño que no tiene problema, por cierto, en que ridiculicen a su padre putativo, que su madre se convierta en un pendón desorejado vestida de pavo real (literalmente), o que el que dice ser su padre biológico sea un asesino, violador, y lo rapte también a él para continuar en una escena de grooming rozando lo pedofílico difícil, muy difícil de tragar. Un delirio enfermizo de viejo rencoroso proyectando sus neuras sobre inocentes personajes que no hacía falta maltratar así. Y la música, por Dios. Si al menos fuera el caso de que los números musicales, si cierras los ojos, fueran salvables. Ni eso. 

Mi único lamento al terminar el horror es que el niño no espabile medio milímetro espiritual, deje de parecer un consumidor contumaz de heroína (porque algo tan flojo como la marihuana no justifica el nivel de cuelgue y falta de autoconservación del niño en cuestión), y le pegue un par de tiros a la asesina de su madre maltratada y acosada de nuevo por su stalker, violador y maltratador emocional, y al susodicho. O que lo empuje al mar. Cualquier cosa, pero no ese final edulcorado y totalmente vomitivo sin pies ni cabeza.

A mí me encantan los musicales, en serio. Los amo. Sigo viendo las reposiciones televisivas de Siete novias para siete hermanos y me preocupa cero que sea machista, desfasada, etc. Es fruto de su época y a quien no le guste que no la mire, pero yo disfruto como una enana. Y me encanta Sweeny Todd (musical, no ese horror con Johny Deep haciendo el ridículo), y podría seguir con una larga lista, pero dejémoslo aquí. Hasta los musicales de Bollywood me gustan. Pero esto había sido muy duro, hasta para una incondicional como yo.

Por suerte, ayer recuperé la fe tras tan duro golpe. Y el responsable de ello es Hamilton, disponible en Disney Plus.

Hamilton tiene dos premisas que deberían haberme echado atrás. Primero, el tema. Es una biografía política sobre los ¨padres fundadores¨ de Estados Unidos, en concreto de Alexander Hamilton. Not my coup of tea. Segundo, la forma. El 100% de la obra es musical, y la mayoría de números son de rap. Y no soy precisamente fan del rap, pero extrañamente funciona de maravilla. Con un casting interracial que incluye al doblador del padre de Moana como George Washington y a cantantes de color interpretando entre otros a Lafayette, debería resultar un panfleto infumable sobre la interculturalidad y la grandeza de USA. Y no, funciona porque es espectacular a nivel musical, a nivel de coreografías, a nivel de personajes, a nivel de guión. Es irreverente, ningún personaje (salvo tal vez Eliza) carece de claroscuros, tiene muy claro que las personas históricas en que se basa no eran precisamente infalibles y de hecho, los hace meter la pata, y empatizas. Empiezas con un protagonista insoportable al que todo le sale bien de pelota y un amigo/antagonista al que tienes simpatía, y a lo largo de la segunda parte le dan la vuelta a la tortilla. Y esos tres números musicales con el Rey George, con la mirada en blanco y soltando babas mientras canta desquiciadamente cómo te va a mandar a sus tropas a matar a tu familia y amigos para recordarte que te quiere son increíblemente delirantes, cómicos y terribles a un tiempo. La pobre Angelica y su desgarro inmenso, la insatisfacción de Burr, el cansancio y resignación de Washington, el tránsito del protagonista, las peleas de gallos entre él y sus oponentes políticos. Si las discusiones entre diputados fueran rapeadas, creo que me interesaría más la política, más cuando hay tremendas puñaladas referentes a la falta de moralidad del esclavismo y otras perlas. Y Eliza, atrapada en todo ello, madre, esposa, engañada, desgarrada, desdeñada, pero contando su historia pese a todo.

Escenografía de diez, coreografías complejas y simbólicas tremendas, personajes complejos, un guión sin concesiones y sin pausas, no sé qué más decir. Me invade el amor. De veras, me invade el amor. A veces hasta la propaganda histórica rapeada es redonda. Y en este caso, lo es.

Consejo: no lo veais cansados, a la vuelta del trabajo, porque es tan intensa que agota. Pero si tenéis un ratito, o mejor dicho tres horitas y buena compañía con la que comentar después, es muy recomendable.

Resultado: Love Never Dies KO en cuanto acaba el primer número musical, Hamilton vencedor indiscutible y una de las mejores cosas que he visto este año, así en general.

lunes, febrero 03, 2020

Terramar la película: tópicos y galletas de la suerte

Al estar con una gripe de aquellas épicas, he aprovechado que mis peques estaban en el cole para hacer algo que tenía pendiente por pura fidelidad friki: ver la película de Terramar de dibujos animados del equipo técnico que fuera Estudio Ghibli, que nos ha dado delicias como Porco Rosso, Nausicaa del Valle del Viento, El viaje de Chihiro, El Castillo en el Cielo y otros.

Si algo esperas de cualquier cosa que implique a Ghibli, aunque ya no sea Ghibli concretamente, es excelencia en la animación. El guión puede ser más o menos denso debido a diferencias culturales, como en el caso de la Princesa Mononoke, o incluso incomprensible por mala adaptación, como el Castillo Ambulante, pero la animación tiene siempre una maestría innegable, el diseño de personajes es manido pero amable, y en general empatizas rápido con ellos y con la trama. El ejemplo de El Castillo Ambulante es particularmente ilustrativo: se saltaron a lo grande toda la línea argumental de la novela en la que está basada, que por cierto es excelente, y montaron un batiburrillo de conceptos e imágenes que se sostienen por su potencia, no por su coherencia. A mitad de la película estás preguntándote qué rayos pasa y el porqué, y ese porqué no llega a explicarse jamás; pero merced del buen hacer de los animadores y de la belleza exquisita de diseños, tanto de fondos como de aparatos ciber-punk varios, te da igual todo. Es un viaje sensorial delicioso, y la película te gusta, aunque seas incapaz de explicar qué narices ocurría realmente. A menos que leas el libro, momento en que las infidelidades a la historia se convierten en un facepalm épico, claro.

Partiendo de esta base, y sabiendo como sabía que todos los fans habían encontrado la adaptación aberrante, me puse en plan sofá y manta, té caliente, y me dispuse a ser mecida por las delicias de una peli Ghibli random, con mala adaptación de las fabulosas novelas de Terramar.

Craso error.

Terramar es un despropósito terrible. No sólo carece de coherencia, como la citada El Castillo Ambulante. El ritmo brilla por su ausencia, los personajes están pésimamente animados hasta el punto de parecer dibujados por un crío que imitara el estilo, las frases profundas y las escenas potentes están tan mal hilvanadas que todo se desmorona rápidamente. El guionista intenta adaptar La Costa Más Lejana, pero añade toques argumentales de Tehanu, referencias incomprensibles a La Tumba de Atuán, te incrusta a la fuerza la trama principal de Un Mago de Terramar adaptándola a otro personaje y sin ningún sentido ni resolución robándole todo su interés, y luego le mete gotas de En El Otro Viento, porque sí. El resultado es que algunas frases sencillas pero profundas se convierten en un festival de galletitas chinas de la suerte. Los exquisitos fondos de Ghibli son deliciosos en el primer cuarto de película. Luego, sin motivo alguno, la acción -por llamarla de alguna manera- se traslada a la cabaña de Tenar, y los animadores parecen aburrirse de lo que están haciendo, pasando a una serie de imágenes sosas, aburridas, que le quitan el único placer que proporcionaba la película, las hermosas imágenes de tarjeta postal. El castillo del malo final otro tanto: el diseño no está mal, pero a merced de una paleta de color monótona, aquello se transforma en el festival del tedio. Y podría dedicar páginas enteras a por qué no me gusta el tratamiento de Terrhu, convertida en una niña Ghibli genérica rescatable. Puedo entender que tratar el tema del abuso infantil y la desfiguración de una cría de ocho o diez años no es algo para meter en una película para todos los públicos, pero bien que le ponen un presunto violador por ahí, así que podrían haber dado un paso más y dar el pastel entero. Pero no, te dicen que "sus padres la maltrataban, y la quemaron". Fin. Ni brazo inútil, ni explicación de por qué los dragones la adoptan, ni por qué se llama como se llama... nada.

Capítulo aparte me merece Tenar, a la que en un mundo donde todos van con doble nombre, citan por el suyo real, desvirtuando toda la ambientación. En esa etapa de su vida la llamaban la Araña Blanca, y era una viuda bien considerada por los vecinos. Aquí queda convertida en la bruja del pueblo a la que tienen algo de miedo, pero luego es una inútil total que sólo sabe gruñir a todo el mundo. Y la sutil historia romántica entre ella y Ged queda resumida en un "eres patético, Archimago, enamorado de esa mujer". Sobre explicando cosas innecesarias, y dejando cuatro tramas mal mezcladas sin suficiente tratamiento para volverlas, ya no comprensibles, sino simplemente digeribles.

El remate son los personajes malos random con diseño random Ghibli que sueltan carcajadas villanescas al aire. Innecesarios, molestos, irritantes y tristes hasta decir basta. Y del teórico protagonista ni te interesa lo que le pasa, ni lo entiendes, ni te implica su animación.

Porque esa es la última, los personajes están mal animados. Las expresiones son vacías, los diseños cutres, Tenar no tiene esa apariencia casi albina de una nórdica que leyendo las novelas te imaginas, ni Ged ese aire isleño con la piel oscura. Yo me imaginaría a Ged como poco con rasgos polinesios, y si me apuran negro, y si me lo hubiesen puesto como un africano no me hubiera disgustado. Aquí tiene la piel menos tostada que mis hijos en verano, y dado que han heredado mi constitución pálida, la adaptación es casi insultante. El malote final no está mal del todo, pero como la animación se les va, no acaba de entrar por los ojos, nunca mejor dicho. En la escena final la mala animación hace que las escenas sean deprimentes.

Así que, en resumen, trama incomprensible, mala animación, frases profundas al pedo, personajes mal adaptados, y fondos que sólo son espectaculares al principio. Lo peor, que sólo entiendes lo que está pasando si has leído los libros, y si los has leído lo que ves te duele. No se sostiene por sí mismo, y desde luego por comparación con el original se desmorona cual castillo de cartas.

Al cubo de basura, y a otra cosa.

viernes, enero 13, 2017

Carrie Fisher y las princesas



Ya sabéis que a finales del 2016, el 27 de diciembre para ser concretos, murió Carrie Fisher. Esta actriz hizo grandes trabajos fuera y dentro de pantalla, se dedicó a plasmar el lado más oscuro de Hollywood y sus adicciones tras vivirlo en carne propia precisamente a causa de sus éxitos en pantalla, pero para bien o para mal para mí siempre fue la Princesa Leia. A su trabajo en las películas clásicas de La Guerra de las Galaxias debo el que cayera desde mi más tierna infancia el mito de la princesa pasiva, que espera ser rescatada de brazos cruzados. Tal vez no sea mérito suyo sino del guionista, pero lamento decir que la imagen icónica fue ella. Es triste que ese personaje, que tan constructivo resultó para mí y otros fans, de mujer fuerte y con iniciativa, fuera en parte lo que le destrozó la vida (morir de éxito se le llama), y dudo que a ella le agradara que se le recordara por ello, pero... plasmó algo único, a una edad muy temprana, y pienso que no es malo mandarle un último saludo en base a ello. A los guionistas se les agradece el trabajo, pero ella fue la encarnación de la destrucción de un mito malsano.

¿A qué me refiero con esto? Ya sabéis mi postura frente a las feministas extremas que buscan ofenderse ante cualquier indicio de "debilidad femenina" o pretendidos insultos. Toda postura extrema es, en última instancia, mala interpretación y mala educación, punto. Sin embargo, cabe remarcar que Leia rompía muchos tópicos de princesitas rescatables. Sí, en la primera película la rescatan, pero qué gran personaje es, que cuando se la llevan está criticando la falta de planes de sus teóricos salvadores, que toma ella misma las armas, que... qué caray, ha estado resistiendo tortura (física y química, por lo que se intuye) con tal de proteger secretos bélicos. Podía tener una posición social, podía ser una dama, pero tenía uñas y dientes, tenía cara y ojos, peleaba por sí misma, tenía todo lo que aprendí a esperar de un personaje femenino que pudiera gustarme. Esa "dama rescatable" amenaza en la tercera película con un detonador termal al villano más repulsivo (en un ámbito muy sexual, debo indicar) de la saga, inicia el rescate de su amor, es "hecha prisionera" en un amplio plan que culmina con ella estrangulando a dicho villano acosador... Sinceramente me encantaba.

Kira, la bellísima marioneta de Jim Henson

De pequeña ella, junto con Sarah de Dentro del Laberinto y Kira de Cristal Oscuro me parecían el colmo de la belleza. Agradezco esa visión ingenua, ya que con el tiempo te das cuenta de que aunque las dos actrices y la marioneta tenían sus imperfecciones estéticas (o, como diría Jane Austen, "más de un fallo de simetría en su figura"), lo que realmente me atraía de ellas era sus personalidades, la forma en que se enfrentaban a situaciones e incluso tomaban el control de ellas. Los ochenta fueron una época maravillosa para crecer en ese sentido, con figuras femeninas que auguraban lo que podía ser y no fue. Luego todo se sexualizó y las mujeres quisieron ser hombres, y perdimos mucho de lo ganado, ya que derecho a voto, igualdad de oportunidades y paridad de sueldos no es lo mismo que ser iguales a los hombres en otros aspectos. En ese sentido, doy toda la razón al dicho francés: Vive la difference! Ni soy un hombre, ni quiero serlo. Lo que quiero es equidad, que es otro tema completamente diferente.


La culminación de la destrucción de la "princesa rescatable" (que ojo, en otras historias como Caballeros del Zodíaco no sólo estaba presente, sino bien rozagante y en la misma época aproximadamente) vendría definitivamente para mí en la cultura pop con la muy posterior Utena, donde se hace una deconstrucción total del cuento de la princesa y el príncipe que la rescata. La rotura del cliché de la princesita viene con un refuerzo aparente inicial debido a la figura completamente pasiva de Anthy, totalmente expuesta y dispuesta a ser rescatada y rescatable, pero que a medida que se enfrenta a la protagonista Utena, como amiga, como rival amorosa, como puñalera (literal y figuradamente) por la espalda, te desmonta poco a poco el tópico hasta el esplendoroso, metafórico y agridulce final. A quien me diga que Utena y Anthy no son lesbianas, les daré la razón: no lo son, son bisexuales y además están muy confusas, algo muy propio de la edad en que se descubren el sexo, las relaciones y las preferencias sexuales. Pero que haya quien quiera transformar su relación en algo meramente platónico y amistoso me parece absurdo y algo insultante, ya que creo que si la persona a la que dices amar no es también tu mejor amigo y quien mejor te comprende, mal vamos... En mi opinión, da igual el sexo de la persona a quien quieras, lo importante es la complicidad, la relación trabajada, el amor en todos los sentidos, y en ese sentido Utena es la mejor muestra posible de una relación difícil trabajada desde todos los ángulos y que pasa por todos los altibajos, puntos negros y traiciones posibles... Y sin embargo, funciona porque se quiere hacer funcionar, y porque lo sano es que acabe funcionando. Aunque no es, ni mucho menos, sólo una historia de amor. El amor está presente en muchos aspectos, tanto los correctos como los malsanos, tanto los heterosexuales como los homosexuales, y es en cierto sentido el centro de la historia porque es su motor, pero ni de lejos es el único tema tratado en esta maravillosa metáfora sobre el crecer y encontrarse a uno mismo, en la que la atracción por el otro tiene que estar presente por fuerza (es una de las cosas que nos hace madurar, qué le vamos a hacer), es uno de los temas principales, pero que lo que realmente importa es el madurar y el ser uno mismo... Sea eso lo que sea, seas quien seas.

Pero me salgo del tema... Buen viaje, Princesa Leia. No pude escribir una despedida adecuada en su momento, por tenerme la vida real demasiado ajetreada, pero siempre viajarás a través de las estrellas conmigo, durante mi vida, en mi corazón. Con una pistola láser en las manos y un comentario sarcástico en los labios. Todos te queremos.

jueves, enero 14, 2016

"MÍRAME A LOS OJOS"

Esas son las últimas palabras de Severus Snape. Ignoramos cuáles fueron las de Alan Rickman, también muerto de cáncer a los 69. Como el Duque Blanco, que se nos fue el lunes.

De la Jungla de Cristal a Dogma, de Sentido y Sensibilidad a Harry Potter. Artista tremendo, más atractivo que guapo, y secundario de oro.

Vaya semanita. La Humanidad debe estarse portando muy mal para que el karma nos robe semejantes personalidades, dos en la misma semana. Yo era fan de su inmenso magnetismo, y estoy que no me lo creo. Qué mundo éste...

sábado, septiembre 08, 2012

ROCKY BALBOA: Joer con el abuelo

Lo confieso: adoro las películas de abueletes (y pido desde ya disculpas a los puristas: no me refiero a abuelos realmente, de los que tienen nietos; uso la palabra con inexactitud, pero dado que también lo hicieron quienes tradujeron el título de El abuelo que saltó por la ventana y se largó me voy a dar ese gusto). Y no hablo a lo que hizo Eastwood con Sin Perdón (1992), una dolorosa puñalada al género del western con estilazo, interés y dramón. No, para nada. Me gustan las pelis de abuelos al estilo Adivina quién viene a cenar esta noche (1967), Vive como quieras (1938), Otra ciudad, otra ley (1986), o incluso si me apuran mucho, El león en invierno (1968).

Supongo que era como bastante inevitable que Rocky Balboa (2006), la última película de la saga Rocky (y espero que realmente sea la última, porque sale por la puerta grande), me enamorara también. Stallone hace una pequeña obra de arte intimista con combate épico pese a todo al final, con una óptica amable y costumbrista pero con dos cojones. Y no sólo por pintar a un personaje que vive en un retiro sin ambiciones, recordando a su difunta esposa con el amor aún romántico de un buen esposo y compañero de toda la vida, que está satisfecho y feliz con algo que muchos pintarían de situación mediocre rigiendo su restaurante tranquilamente y contando sus batallitas a una audiencia que le ha escuchado tantas veces que ya se sabe sus historias...

No, Stallone se ha ganado mi inmenso respeto y cariño eterno por hacer una película con alma. Los personajes que se preguntan el "¿por qué me ayudas?" chocan con una óptica sin dobleces de "¿Y por qué no?", y se agradece. El viejo Rocky no tiene ya mucho que ganar o que perder, pero ha tenido una buena vida, está relativamente satisfecho, y encara de frente aquello que todavía no le satisface, "calmando a la bestia". Y demostrando que incluso en el invierno de su vida, estando ya algo ido, expresándose con dificultades y suma incorreción gramatical (miraos el original y preparaos para que os sangren los oídos), y teniendo el perro más feo que pudo encontrar, se puede lograr ser positivo, no sólo para ti mismo sino para los demás.

A destacar el discurso que le suelta a su hijo, algo que todo padre debiera decir a un hijo en esa situación. Porque el "es difícil crecer a tu sombra" es, efectivamente, la excusa de los envidiosos, los mediocres y los cobardes.

Y a subrayar el hecho de que no hay "romance facilón", como mi marido creyó inicialmente que habría, y ni falta que hacía. Estamos hablando de un hombre ya tirando a acabado... pero que cumple consigo mismo hasta las últimas consecuencias, y que cuando en el tramo final de la película le ves la mirada, no ves a un viejecito mediocre del que burlarse, pese a que está viejo, hecho caldo, con la cara hinchada a puñetazos, y que anda medio ido.

No. Sigue siendo Rocky. "A fighter fights".

Stallone, te queremos. Sólo tengo un remordimiento tras verla: ¡Ojalá la hubiese visto en el cine!

jueves, abril 19, 2012

Sobre malos y buenos, y otros clichés

Estos días aprovecho la baja por maternidad para ver películas y leer, ya que el amamantar al pequeño Galliard no deja mucho espacio para más. Creo que desde la Universidad que no leía tanto.

Curiosamente, mis lecturas han derivado hacia temas más serios o bien realmente intrascendentes. Me explico: lo mismo me da leerme Mi árbol de naranja lima de
José Mauro de Vasconcelos que cepillarme la serie manga de Yugi-Oh. Recomiendo el primero a cualquiera que quiera leer un excelente libro poético sobre el maltrato infantil en entornos de pobreza extrema (¡qué ganas de liarse a ostias me dio, y qué llorera...!), y la segunda a los que disfruten de un canto a la amistad con toques Pokemoneros; reconozco que Yugi-Oh me ha decepcionado un poco ante una segunda lectura (la leí hasta el tomo 14 hace años, y ahora la he disfrutado hasta el final), ya que aunque los primeros tomos son excelentes, con un toque de terror a lo Cuentos del Guardián de la Cripta, y encuentro que la saga final en Egipto y la despedida son preciosos, la estructura narrativa en torno a los duelos se me hace cansina a medida que éstos se alargan. Siempre he sido fan de los duelos de la serie Utena, que se resolvían en dos minutos o tres como mucho (de reloj, duran tanto como la pieza musical que los acompaña y define filosóficamente), y que eran simplemente el desenlace de todo el desarrollo psicológico del capítulo, a menudo siendo la explosión violenta aunque estilizada (como corresponde a un anime shojo) de una neurosis perfectamente detallada.

Por otro lado, las películas que ando viendo van desde clásicos como Doce del Patíbulo (1967), pasando por Slumdog Millionaire (2008), Sopa de Ganso (1933) o Alejandro Magno (del 2004, excelente en su versión extendida y con unos actores magníficos, aunque el terrible pelucón del protagonista resulte hipnótico en exceso y éste se vea demasiado madurito de edad para el papel que interpreta, por otro lado, impecablemente), hasta películas de dibujos animados de toda la vida. Entre otras me he dado el gusto de ver Arrietty y el mundo de los diminutos(2010), Tiana y el sapo(2009), José el Rey de los Sueños (asombrosamente correcta para lo que me esperaba) (2000), y... Ana y el Rey, o El Rey y yo, como queráis llamarla.

Supongo que todo el mundo conocerá Ana y el Rey de Siam (1956), ese adorable musical interpretado por un impresionante, cómico, dramático, sensual, despótico y finalmente trágico Yul Brinner. Basada en el musical El Rey y yo, que a su vez era una versión de las memorias de Anna Leonowens como maestra en Siam (la actual Tailandia), previamente versionados en una película del 46 y que fueron objeto de una nueva versión adaptada muy libremente en 1999 con unos excelentes Chow Yun Fat y Jodie Foster como Rey y Ana respectivamente, es una historia más que conocida con unos números musicales pegadizos.

A la versión animada, también de 1999, le pedía yo muy poco fuera del consabido final feliz de rigor. Aunque todo el romance entre los dos protagonistas es meramente ficticio, los personajes son tan carismáticos que no puedes dejar de desearles lo mejor, pese a todo. A estas alturas puedo confesar sin rubor que la versión en imagen real de 1999, con su final lírico y contenido, me gusta menos que el musical del 1956 pese a que este segundo sea tan trágico en su desenlace. Por otro lado, no veo forma alguna en que un hombre como el Rey (con todas sus esposas y concubinas) pudiera casarse y ser "felices para siempre" con una maestra inglesa viuda. Lo mejor por tanto es dejar ese romance en el limbo indefinido de los "y si...", como hacen en la version de 1999 con gran elegancia.

De la versión dibujos animados me esperaba un final mucho más rosa, y en ese sentido no me ha decepcionado. Pero por el resto... Bien, debo decir que nunca he soportado ese género de "malo tonto desgraciado torpe e inútil", que parece ser el epítome de "malo gracioso" y que intenta ser también el alivio cómico. No lo aguanto, me resultan insoportables ese tipo de personajes, lo mismo que el clásico malo "yo lo hago todo bien, cómo molo, jojoajoajoa". Hay clichés que, como tales, no me estorban; pero cuando un personaje antagonista se convierte en mera caricatura pretendidamente graciosa me resulta harto cargante.

De esto no quiero que se entienda que me gustan los malos infinitamente listos, pretendidamente ingeniosos, que hoy día están tan de moda y que siempre andan dando la paliza a los buenos porque éstos son tan tontos o tan ingenuos. La fascinación por el mal me parece absurda, ya que éste, como elemento ficticio o real, siempre me ha parecido tristemente inevitable y banal. A ese respecto me gustaría recordar la delicadísima y poética novela El último Unicornio de Peater S. Beagle, que representa un mal sin mayúsculas, sin estridencias, profundamente humano. El mal forma parte de la naturaleza humana, y habitualmente es mezquino, dañino y terriblemente pequeño. Las veces que he conocido a gente realmente dañina me ha sorprendido, sobre todo, su profunda mezquindad. El psicópata asesino no tiene otra salida, es alguien terriblemente pequeño y guiado por un complejo de superioridad y una serie de problemas químicos cerebrales; el compañero de oficina que te boicotea en el trabajo no tiene ni siquiera un asomo de grandeza. Por todo ello, la fascinación con el mal me parece absurda, adolescente y ridícula llegada cierta edad.

Me desvío, no obstante, del tema: lo mismo que la fascinación por el malo me parece absurda, el ridiculizar a éste para que sea "gracioso" me resulta irritante. Supongo que debe ser a causa de un exceso de empatía, pero cuando empiezo a ver un desastre tras otro que le ocurre al teórico villano divertido me pongo de mal humor. Nunca me hicieron gracia, por ejemplo, las contínuas desventuras del Gato Silvestre y el canario Piolín, una criatura salida del infierno e irritante hasta lo indecible.

Tampoco me gustan los malos perfectos, intachables, que ponen en evidencia a un bueno simplón, inocentón, tonto en resumidas cuentas, cobarde en muchos casos. Cuando escribo, lo mismo que cuando leo, me gustan los antagonistas que se mueven en un entorno de grises, que tienen sus motivos (válidos o no), y unos protagonistas humanos, con debilidades pero también con puntos fuertes. En resumidas cuentas, no soporto la caricaturización y la simplificación excesiva.

Entiendo, no obstante, la necesidad de simplificar en cierta medida. En una película, en general, es complicado mostrar una gran complejidad psicológica (a menos que ése sea el tema principal del argumento); complicado, que no imposible, por otro lado. Normalmente se recurre al uso de personajes cliché porque éstos funcionan, el público sabe cómo reaccionar a ellos, la historia se mueve con mayor facilidad con ellos. Pero el guionista se ve en la difícil tarea de lograr que los clichés no sean meras parodias, que respiren, que tengan lo más importante de todo: un alma que conmueva al espectador. Esto es particularmente decisivo en las películas de dibujos animados, dirigidas a un público familiar e infantil, que no tonto.

Disney, habitualmente, logra este objetivo sin dificultades. Con malos de gran categoría como la Úrsula de la Sirenita (1989), o el Bokor Doctor Facilier de Tiana y el Sapo (2009) (¡y cuánto me gustan ambos, qué glamourosos, implacables, humorísticos y terroríficos son!), con protagonistas sin muchos grises pero sí mucho carisma, logran que sus historias funcionen a la perfección. La prueba es que puedes ver mil veces sus películas, y no te cansas de ellas. Lo mismo me ocurre con las películas de Hayao Miyazaki (Nicky la pequeña bruja, Porco Rosso, El castillo ambulante, etc), que aunque cae en los malos "divertidos", lo hace con la bastante simpatía por ellos como para que parezcan entrañables antes que ridículos.

De las películas de dibujos de otros productores debo decir que los resultados son desiguales. Tenemos por ejemplo la tremenda El Príncipe de Egipto (1998), que pasa de amable cine familiar a trágica relación entre hermanos enfrentados, sin caer en extremismos. Lo mismo comprendes a Moisés que a su "hermano" Ramsés, cosa complicada, ya que te hacen empatizar con ambos bandos sin ningún fanatismo: todos tienen razones, si bien no razón, que son cosas distintas. Del mismo estudio, sin embargo, tenemos también José el Rey de los Sueños (2000) y La ruta hacia El Dorado (2000), ambas del mismo año y con unos protagonistas atípicos y un diseño muy interesante, pero cuyo argumento no acaba de enganchar debido a que resulta difícil empatizar con los personajes (sinceramente, aunque en José me caen todos bastante bien excepto -desgraciadamente- el protagonista al menos inicialmente, en El Dorado me importaba un pito si los protagonistas rebentaban a media película). También tenemos la ligeramente fallida Anastasia (1997), con protagonistas picarescos, un diseño de personajes muy interesante a todos los niveles, pero con un malo... ridículo. Lo mismo vale para la dulce pero decepcionante La Princesa Cisne (1994), que al igual que pasa con Anastasia, da la impresión de ser un producto teatral con escasos medios a la hora de contratar personal: pocos personajes definidos y una cierta sensación de vacío, al centrarse en contar la historia de los protagonistas y recurrir a caricaturizar a todos los personajes secundarios. Aparte de este fallo, hay otro que me resultó particularmente duro: las canciones atrozmente cantadas en la versión española: de tantos gallos aquello parecía un corral.

Es una lástima decir que Ana y el Rey no llega ni a eso: si bien el villano de La Princesa Cisne es ridículo hasta decir basta, tiene sus momentos. En cambio, el de Ana... nada. Ni un mínimo de carisma. Para colmo, la escena de la canción del silbido es infecta hasta decir basta, con un dragón ridículo al que vencen cantando una tonada que en ese contexto, en vez de pegadiza y entrañable, se convierte en absurda. Lo mismo puedo decir de todos los "grandes" momentos cómicos a cargo del comparsa del malvado principal. Ni uno ni otro tienen el más mínimo gancho, los "gags" cómicos resultan cansinos, en la línea Warner de "a más porrazos, más se reirá el público", y donde un diseño de personajes que no está mal y unos números musicales que en el 46 daban vida a una película encantadora no salvan el tremendo fiasco que resulta todo el film en general. Sólo consiguió arrancarme una sonrisa cada vez que parafraseaban a Yul Brinner, o al musical original, imagino.

Boba, sosa y sin sentido. Y con lo peor de los tópicos del cine familiar para acabar de aderezarlo. Creo que, de todas las películas de dibujos que he visto, es la peor.

Si encuentro algo que la haga ganar puestos, os lo avisaré para que sobre todo, no cometáis el error de verlo.

sábado, noviembre 05, 2011

PETERSEN, ESE HOMBRE

No puedo creerlo. En serio, no puedo. Me tragué "La tormenta perfecta", que en mi opinión lo mismo podrían haber titulado "El bodrio perfecto", y me pareció un perfecto truño de arriba a abajo. Un amigo mío la definió con mucha gracia como: "Sabemos que hay una tormenta que nos va a hundir, ¡vamos a por ella!". Y no le veo mucha más punta.

Y ahora me entero (soy un desastre en relación a nombres, directores, etc.) de que el director, Petersen, es el mismo de "Das Boot" (1981), de esas que yo considero PELICULÓN con mayúsculas. Vi esa película en casa del pequeño de mis hermanos mayores (tengo tres, no voy a numerarlos), versión extendida, y disfruté como pocas veces en mi vida. Es difícil hacer películas de submarinos que me lleguen al corazón, la verdad. No soy muy pro-cine bélico, aunque sí me gusta "La gran evasión" o "La delgada línea roja"; pero "Das boot" se hizo un lugar en mi corazoncito, me dejó una impresión duradera, y me hizo pensar. Todo ello con personajes humanos, de los que puedes entender (¡y hablamos de nazis! ¿En cuántas películas nos hacen empatizar de verdad con "los malos" de la segunda guerra mundial?)y un guión con momentos de tensión sublimes, y en el que no hay los clásicos diálogos paternalistas tipo "el espectador es tonto, vamos a sobreexplicar". Por favor, que estamos viendo a gente que se ha pasado la guerra entera juntos en un espacio cerrado pequeñito, ya hay cosas que se sobreentienden. Entre ellos, en sus diálogos, y de cara al espectador. Osea, que en muchas ocasiones ves al capitán y a su segundo que intercambian una mirada, y para qué meter tres horas de diálogo, si ya ha quedado claro qué tiene que hacer cada uno.

Personalmente "Das boot" me enamoró. Hasta la fecha no había visto nada más de este director (que yo sepa... como ya he dicho voy harto despistada en cuanto a la vida y obra de cada uno, menos mal que mi marido sí se entera y de paso me informa), y ahora, hoy, hace apenas diez minutos de hecho, he visto otra obra cumbre suya.

A muchos les va a sorprender, sobre todo sabiendo que soy "niñomonofóbica". Pero ahí va:

"Troya".

Estoy oyendo ya a la horda viniendo a pegar fuego a mi pobre blog por dar una crítica positiva de lo que fue un gran fracaso en taquilla, un bodrio infumable, y un montaje pésimo con actores cariguapos como Brad Pitt y Orlando "Legolas" Bloom. Y sí, fue todo eso y más. Lo que hay que tener en cuenta es que por lo visto a este director le metieron tijera hasta en el caracú para adaptar este film a lo que los productores consideraban comercial.

Ca-ga-da.

Hoy he visto la versión extendida, y señor Petersen, ha recuperado mi respeto. Pudo no gustarme "La tormenta perfecta", pero con "Troya" se redimió, en mi opinión. Me encantan los diálogos, breves y contundentes, entre los distintos personajes. Me encanta cómo adapta ciertas cosas, saltándose alegremente "La Ilíada", para acoplar la historia a su visión sobre la guerra. Me encanta cómo transforma personajes femeninos que en la obra original obviamente eran excusas para que los personajes masculinos actuaran en personas tridimensionales (lo siento, cada vez que veo que alguien hace eso en una película gana en mis respetos, es mi punto débil y lo reconozco). Me encanta cómo adapta a Aquiles, de arriba a abajo; cómo pasa de ser una mera encarnación de Ares, desquiciado, loco y violento (a la Ilíada me remito) a ser una persona compleja, con motivaciones, momentos de ira y de arrepentimiento; cómo lo ves pelear y comprendes el apelativo "Aquiles el de los pies alados"; cómo muere y puedes pensar que efectivamente, los soldados que lo encontraron pudieron creer que su único punto débil era el talón; cómo camina, pelea y anticipa golpes con gracia sobrehumana, cosa que en la Antigüedad hubiese dado paso a que se le viera como semidios. Y a mí misma no me queda claro si, viéndolo luchar, no hubiese pensado lo mismo.

Detalles estéticos, además, que no hay que ignorar: Helena y Aquiles son los únicos rubios, algo altamente antinatural, y que los señalan como tocados por los dioses. Son cosas sutiles, pero interesantes si te fijas en ellas. La arquitectura de Troya, con sus influencias egipcias y persas, me ha enamorado; los peinados son una delicia, al vestuario le doy un diez, y a las escenas de pelea y de grandes batallas lo mismo, ya que algunas de ellas han conseguido ponerme la piel de gallina, tanto por su dimensión heroica en un inicio como por la fealdad del "efecto horda" de su final.

Mis grandes amores de la película, como no puede ser de otra manera, son Príamo, Héctor y Odiseo. Príamo es un padre magnífico, un rey amante, el mejor de los hombres y un mal estratega. Héctor es maravilloso como hermano, persona, hijo y estratega, un gran soldado, un esposo como no hay dos, un padre atento; su única debilidad es su hermano... pero cuando tu hermano es Paris, estás pillado por donde no suena, y es una pena; aquí le quitan los rasgos de cobardía que tenía en la Ilíada, y se agradece (aunque francamente, yo veo venir a Aquiles y también doy tres vueltas a las murallas de Troya... y más). Odiseo es Odiseo, y es mi amor tanto en versión literaria como en cine, así que no tuvieron que quitar ni añadir nada para ganarse mi corazón con él.

Agamenon es un impresentable espantoso, ambicioso, sin honor, celoso hasta el ridículo y tremendamente moderno. La adaptación al espíritu actual de la sociedad, que tan bien sienta a Paris (cobarde, idealista e incapaz de ver la realidad hasta casi el final), a Helena (que en esta versión no me resulta una persona espantosa, sólo digo eso) y a Briseida (transformada en persona, no sólo en ilusión erótico-festiva de Aquiles) no le queda nada bien a este personaje, que pasa a ser muy humano y muy, muy pequeñito en términos morales. Menelao... bien, es un hombre simple y de su época, y no puedo guardarle rencor.

Y sí, los que sean pro-clásicos pueden defenestrar la película, y con razones de sobra, ya que se salta varios puntos claves. Hay personajes que mueren y que en el clásico de Homero quedaban vivos; el final de Helena no tiene nada que ver con el original; la guerra dura días en vez de diez años.

Sinceramente, me importa un pepino. Es un peliculón, y me ha encantado.

No me puedo creer, insisto, que sea del mismo director que "La tormenta perfecta". Señor, señor...

P.D.: Ah, y para los que crean que el señor Petersen simplemente "pasó" de la mitología clásica, dos detalles para mí tremendamente sublimes, porque ni siquiera se molesta en explicarlos (quien sepa de cultura clásica y lo pille, bien, y si no ajo y agua...).

1) El arma de Apolo (y de su gemela Artemis, claro está) es el arco y flechas. Lo primero que hace Aquiles es violar un templo a Apolo y reírse del dios, creyéndose intocable por éste.
2) Cierto personaje, aparentemente "de paso", que sale al final y se lleva la espada de Troya junto a la frase "mientras esta espada esté en manos de un troyano, nuestro pueblo tendrá un futuro", se llama Eneas.

domingo, agosto 07, 2011

El truco final -the Prestige-

Aunque pueda parecer lo contrario, en este caso los traductores españoles no se fumaron nada a la hora de crear el título: the Prestige es el acto final de un truco de magia, jerga de ilusionistas. Traducirlo como "el final del truco" desde luego resultaba poco efectista, así que la alternativa no les quedó tan mal, no.

Una película sobre la magia, la ciencia, la magia de la ciencia y los monstruos. No me malinterpretéis... no los monstruos de la Hammer (parece que le tenga manía a la Hammer... no es así, pero todos me entendéis cuando me refiero a ellos así, ¿verdad?), no al monstruo maquillado y con postizos... sino al monstruo de la envidia, al monstruo de la obsesión, al monstruo del perfeccionismo. Al monstruo humano, a fin de cuentas, y al que puede usar pelucas, maquillaje y postizos, pero no por ello deja de ser la misma persona que es sin todo ello.

Hoy día tenemos el paladar tan quemado para el horror y el miedo que es difícil que una película nos afecte. Y sin embargo, el Truco Final consigue calarte profundamente, no por los pequeños milagros científicos (o no) que la pueblan, sino por el profundo abismo que muestra en la naturaleza humana. Dos personas obsesionadas con una rivalidad, dos ilusionistas profesionales que quieren ser los mejores, dos personas que abandonan amores, familias, ética, para subirse a la chepa de su rival. Gente que muere por esas obsesiones, y sin embargo ninguno de los dos abandona la carrera.

Me ha encantado esta película por diversos motivos: su deliberada ambigüedad (no voy a comentar nada al respecto, porque os destrozaría el guión), su cuidada trama que no es para nada tramposa (te dan pistas sobre todo lo que ocurre, otra cosa es que tú quieras o no verlo), sus personajes enormes, y... los actorazos. ¡Qué actorazos! Un reparto de lujo para una historia bien montada, con efectos especiales adecuados, y con un final tremendo.

Con guión y dirección de un ágil e inteligente Christopher Nolan, no es una película para románticos. Algunos le reprochan precisamente su falta de sentimentalismo, tachándola de "sin corazón", pero no creo que sea así. Hay amores, hay romance, pero el problema es que las obsesiones rebasan con mucho el amor. A quien quiere buscar en el amor la redención final de los pecados y flaquezas humanas, no le va a gustar esta película; a quien entiende que el monstruo más grande esté en la propia mente humana y que en ocasiones el amor no es suficiente para nadie, le puede gustar.

Para acabar de rematar, tiene un reparto de lujo: Michael Caine, Hugh Jackman, Christian Bale y David Bowie en un papel breve, pero impactante, como Tesla, el único "mago" real de toda la historia.

Un guión inteligente e intrincado, con una visión bastante negativa pero demasiado ajustada de ciertas formas de ser. Tal vez no convenza por su frialdad, pero es lo que más me encandiló a mí: la monstruosidad de la ambición mostrada sin ambajes, sin coloreados idealistas, contrastada con la fragilidad de los pocos personajes realmente sensibles representados por Michael Caine, la niña que hace de hija de Christian Bale, y los tres personajes femeninos que sí, son personas y no meros arquetipos para justificar la historia de odios y rivalidades de Jackman y Bale. Incluso Scarlett Johansson me gustó, y eso es todo un mérito. No me suele gustar esa actriz por su manía de posar con la boca perpetuamente abierta (cara de muñeca hinchable, que le llamo yo), pero hay que decir que cuando la buena de Scarlett se pone, se pone. El calentar braguetas masculinas es aparte. A mí me parece fea salvo por su estupendo trasero, pero ya sé que el público no comparte mi opinión, así que...

En fin. Que me ha gustado mucho. Actores de lujo, guión inteligente y sin concesiones, niños que no se hacen insoportables ni ñoños, Tesla, ilusionistas y... presten atención.

¡Abracadabra!

sábado, julio 23, 2011

"ADAM'S APPLES" o "Los designios del Señor son inexcrutables pero que te cagas".

Poster original de "Adams Aebler" o "Adam's apples", "Las manzanas de Adam"

Ayer noche vi Adam's apples. Creo que hacía tiempo que una película no me resultaba a un tiempo una experiencia tan surrealista y tan esperanzadora. Es una lástima que no se haya estrenado en España (salvo en Sitges, donde ganó no sé cuántos premios), porque es de esas obras que te dejan completamente perplejo, que te hacen reír, y que te dejan un sabor de boca excelente.

¿De qué va Adam's apples? Es difícil de definir. La película tiene elementos de viaje interior iniciático, de experiencia que te cambia la vida, de realismo mágico, de historia de patetismo inmenso, y de humor descabellado y surrealista a más no poder. Digamos que podría interpretarse (como en el propio film te dejan bien claro) como una particular visión del Libro de Job. Es un recuento de miserias sin fin, que en cualquier otra película te provocarían una sensación de patetismo y horror, pero que en ésta producción no paran de hacerte reír a mandíbula batiente, en parte por lo descarnado de su presentación y en parte por lo tarados que están todos los protagonistas. El único cuerdo, relativamente hablando, es el protagonista principal, un hombre "malo": skinhead, ha salido de la cárcel con la condicional tras un robo, está de pruebas en un pueblo dejado de la mano de Dios (relativamente hablando... Dios es un personaje más, ¡y qué personaje!), y no entiende nada de lo que pasa a su alrededor.

Cualquiera diría que con un protagonista tan negativo como un skinhead recién salido de la trena sería complicado empatizar, pero lo cierto es que es más bien al contrario: es uno de los pocos personajes de la película con el que puedes conectar, porque aunque él quiere ser malo, los eventos en los que está sumergido son tan alucinantes que compartes su estupor extremo a medida que transcurre la historia. Es más, aunque en algunos momentos tienes ganas de decirle de todo por cómo actúa, inspira hasta ternura porque cuesta verle como malvado... más bien llegas a sentir que es alguien profundamente solo y perdido. Y eso que su actuación es sumamente sutil, sin histrionismos fáciles, cosa que lo hace aún más entrañable. Decir eso de alguien que tiene colgado en su cuarto una foto de Hitler y que recurre fácilmente a la violencia tiene miga...

La historia, en la que los milagros se suceden de una forma tan discreta que me llega a recordar a Tokyo Godfathers, con un coprotagonista tarado a más no poder que yo emparentaría con el padre de Bigfish, podría definirse (como con gran acierto resumieron en el diario de Sitges) como el encuentro entre "un hombre que quería ser malo y un hombre que no sabía ver el mal". Aderezado con unos efectos especiales mínimos, una historia de lo más salvaje en la que todo lo que puede ir mal va peor de lo que podrías esperar, pero que en vez de provocar lágrimas provoca carcajadas por lo salvaje de su planteamiento, donde se tratan temas tan serios como el abuso infantil, el alcoholismo, la violación, el cáncer terminal, los niños con parálisis cerebral, la violencia social, todo ello aderezado con toques de gore salvaje...

Qué queréis que os diga, es asombroso que esa película te deje con una sonrisa y una amable sensación de optimismo, no porque las cosas vayan a arreglarse (en ningún momento se arregla nada, al contrario), sino porque... qué narices, el sol sigue saliendo.

No quiero espoilear nada, así que me limitaré a citar algunas frases estrella:

"Aquí dice que eres malvado. Eso es simplemente maleducado".
"Me queda una semana de vida, creo que me merezco poder dormir la siesta con tranquilidad".
"A esto lo llamamos un medio-Kennedy".
"¡Es mi pistola, la he traído yo!"
"Era una rodilla psicótica, me estaba mirando mal".
"Yo no le hablo al cabeza de huevo".
"Cate, Adam, os echaré de menos. Gunnar, que te follen"
.

Y es que parece mentira lo complicado que puede llegar a ser cocinar una puñetera tarta de manzana... ¡cómo las gasta Dios, oiga!

Por si os interesa, yo no la he encontrado para descargar, pero en Youtube está colgada entera (a cómodos cachitos... qué le vamos a hacer). Si alguien la encuentra en DVD, por favor que ladre. Me ha robado el corazoncito y me encantaria comprármela, aunque sea en Danés original subtitulada a cualquier idioma de los que conozco.

PD: Qué grandes son los Bee Gees. ¡Viva How deep is your love!

domingo, junio 06, 2010

"Oh... the seaside!"

No sé exactamente qué edad tenía yo cuando vi por primera vez Sentido y Sensibilidad, de Jane Austen, interpretado por Emma Thompson y Kate Winslet (además de Alan Rickman y otros...). Por aquel entonces yo era más fan de la señora Thompson que de Rickman (aún me faltaba verle caracterizado como Severus Snape, un papel que creo que no es perfecto para él pero en el que está tremendamente sexy), y reconozco que en su momento no me llamó precisamente la atención la historia; cuando aún no vas a la universidad y eres lo bastante joven como para ser emocional antes que racional, una historia sobre lo malos que son los excesos pasionales no te atrae, por supuesto.

En todo caso, aquella historia me interesó lo suficiente como para comprarme la versión en papel, y para adquirir también todo el resto de obras publicadas por aquel entonces en castellano de la señora Austen. Al llegar a Orgullo y Prejuicio ya me enamoré por completo.

Últimamente me ha dado por repasar esos clásicos con mi marido, tanto en sus versiones televisivas (hay unas miniseries de la BBC absolutamente encantadoras tanto de Sentido y Sensibilidad como de Orgullo y Prejuicio, y sospecho que también del resto) como de las películas basadas en las novelas. Todas ellas me han impresionado en algún sentido u otro, y sobre todo me han impulsado a releer (por completo o parcialmente) las obras originales, llegando al punto de leer en voz alta algunos de los fragmentos más divertidos, irónicos o tiernos a mi cónyuge. Es curioso comprobar las opiniones tan desparejas que podemos llegar a tener sobre algunos temas.

Portada de la versión castellana de Sentido y Sensibilidad, la miniserie de 1981. Magnífica adaptación pero bastante poco conocida, lamentablemente

Mi último experimento, tras haberme visto del tirón la miniserie de Sentido y Sensibilidad con Irene Ritchard de protagonista (y con un casting de actores nada guapos, pero perfectos para sus relativos papeles, algo que no puedo decir de la versión de Emma Thompson and co.), la de Orgullo y Prejuicio (que ya en sus tiempos me recomendó la ex-novia de uno de mis hermanos), la película basada también en O&P (con Keira Knightley haciendo de una Lizzie más contenida que la original, pero también estupenda), fue verme las distintas versiones de Emma.

Para los que no conozcáis la obra de Jane Austen, Emma es la historia de una chica joven, hermosa, rica y repleta de buenas intenciones, pero con una carencia total de astucia y empatía que la llevan a tener proyectos de matrimonio para todos cuantos se le cruzan, a cuál más disparatado. El problema de esto es que se mezcla con la arrogancia natural y la vanidad de niña mimada de la protagonista, la simpleza y carácter enamoradizo de su mejor amiga y protegida, Harriet, la hipocondría del padre de Emma, los engaños y falsas apariencias del joven Churchill, el carácter reservado de una, la charlatanería de otra, el carácter tiránico de cierta tía, la personalidad gruñona pero siempre justa del señor Knightley... todo un desfile de personajes a cuál más aparentemente desquiciado, pero en realidad todos ellos perfectamente humanos.

Emma y Mr. Knightley en la versión film

La versión en película es una delicia y me gustó muchísimo en su momento. Emma y los otros personajes están simplificados hasta el extremo de resultar caricaturescos, lo cuál quita parte de la sutileza de la historia haciéndole ganar en ritmo. Emma se convierte en una de esas criaturas que no sólo tropieza dos, tres o cuatro veces con la misma piedra, sino que cada vez hace propósito de enmienda y cada vez sus actos la desdicen. Francamente, nada que no nos pase a cualquiera: nuestro carácter como seres humanos suele tener una serie de características marcadas, que tanto pueden resultar positivas como negativas. A la parte positiva le llamamos virtudes, y a la parte negativa defectos, pero en realidad no suelen ser más que las dos caras de una misma moneda: un carácter acomodaticio y amable puede ser tachado de débil y sin ambición, una personalidad fuerte como de ambiciosa o sin escrúpulos, o como triunfadora... todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

Lo cierto es que muchas veces hacemos propósito de enmienda de aquellas faltas que nosotros mismos vemos en nuestra forma de ser, pero rara vez llegamos a cumplirlas. Corregir un defecto conlleva cambiar nuestra personalidad, y eso es lo más difícil de todo.

En todo caso, lo que para mí era una comedia divertida y simplemente "mona" se convirtió en un auténtico martirio junto con mi marido, que veía las continuas meteduras de pata de la alocada protagonista y se levantaba, se llevaba las manos a la cabeza y declamaba sobre lo que él llama "el Monstruo Social"; o, como aclaración friki para roleros, "una criatura con Carisma a 5 y Astucia a 1" (usar sistema de juego de MdT).

Poco después, gracias al Círculo de Lectores, llegó a mis manos la miniserie de la BBC, del 2009 basada también en la misma historia, y que yo no sabía ni que existía.

Emma y el Señor Knightley, versión miniserie de la BBC.

Qué puedo decir... me he enamorado.

Como fallos de la miniserie (pues siempre hay que ser crítico y hablar de todo), debo decir que falta casi por completo ese sentido del humor irónico del que gozan tanto la novela como la película; es menos rápida, más detallada y más serena, menos caricaturesca y más humana. También se toma ciertas libertades en la adaptación de algunos personajes (el señor Elton resulta aquí entrañable, casi frágil, mientras que en la película era un cretino pomposo e interesado, bastante más cercano a la versión literaria de este pastor) que podrían considerarse injustificadas. Adopta un tono serio, incluso dramático, que está bastante alejado del carácter de la prosa de Jane Austen. Y la protagonista carece del encanto de Gwyneth Paltrow, por qué no decirlo. Por contra, la actriz que hace de Harriet es perfecta, mientras que en la película... bien, llamarla "bella" (como se supone que es y se repite en numerosas ocasiones durante la obra) es ser generoso. No porque sea fea, sino porque la Harriet del film (muy bien interpretada en su bondad y simpleza por Toni Collette, pero que no está a la altura en cuestión de apariencia) no pasa de ser una chica del montón. Vean y comparen, señores y señoras:


Toni Collette como Harriet en la película. Ahum.


La preciosa Harriet en la versión miniserie, interpretada por una deliciosa Louise Dylan de forma impecable

Sin embargo, me ha gustado más que la película. ¿Por qué? Porque se molestan en retratar a todos los personajes, incluyendo a la reservada y enfermiza Jane Fairfax (que en la película no pasaba de ser una esfinge muy atractiva, pese a que la actriz fuese la formidable Atia de la serie Roma); plasman la personalidad de Emma a la perfección, no sólo en sus defectos sino también en sus virtudes (incluyendo su amor desmesurado por su padre, y el cuidado atento y constante que tiene con éste); y en suma, es bastante más contenida, más inglesa, menos malabarística que su homónima en film.

Polly Walker, la Atia de la serie Roma, y Ewan McGregor en sus respectivos papeles como Jane Fairfax y Frank Churchill en la película de 1996

La dulce Jane Fairfax, tímida y reservada y con todos los problemas de conciencia que se intuían en la novela y que retrata la miniserie de la BBC. Menos hermosa que Polly Walker, pero mucho más cercana a la versión literaria y mejor definida.

También se recrean más en algunos aspectos casi inexistentes en la versión de Gwyneth: la defensa de Emma de su situación de soltera, su amabilidad constante pese a su falta de paciencia con los defectos ajenos, las opiniones que tiene (tremendamente modernas, para qué negarlo) sobre que "los hijos no deben pagar por los pecados de los padres", y de que "sin duda un hombre prefiere una mujer cuyo cerebro esté bien amueblado a una hermosa..." (dicho en tono irónico, léase, al revés te lo digo para que me entiendas). Emma tiene una serie de opiniones muy actuales, que chocan con las actitudes y creencias de su momento, pero que no son para nada absurdas. La lástima es que toda esa modernidad choca con las realidades que le tocan vivir, unas realidades para las que siempre es la voz de la experiencia el señor Knightley.

Señor Knightley, por cierto, que poco tiene que ver con su versión film: como bien dijo mi esposo, el señor Knightley de la película es simplemente perfecto. Irónico, caballeroso, guapo... guapísimo, diría incluso. Y tremendamente elegante. Uno se pregunta cómo puede hacer de comparsa de Gwyneth Paltrow, que por muy mona que sea, tiene la cabeza llena de pajaritos.

En cambio, en la miniserie vemos un señor Knightley que, conservando toda su preocupación por los demás, con toda su buena disposición y caballerosidad, es un tanto campesino, incluso vulgar en ocasiones; que es gruñón hasta el punto de resultar en algunos momentos insoportable; y que está tan encorsetado por el sentido común que... cielo santo, ¡cásate con Emma y añade un poquito de fantasía a tu existencia, por Dios! No es la impresión que tenía en la película, para nada. Y me gusta mucho más el Knightley de la miniserie, porque al menos, no es infalible. Siempre me ha aburrido un poco la perfección...

Debo decir también, a favor de las miniseries tanto de Sentido y Sensibilidad como de Emma, que las últimas frases de cada una (tranquilos los lectores, no voy a hacer ningún enorme spoiler...), me resultan tremendamente emotivas:

S&S: "My children...!"

Emma: "Oh... the seaside!"

Y si no entendéis porque me emocionan esas frases, que fuera de contexto ya sé que tienen poco sentido... Haceos un favor y descargaos las miniseries, o compradlas, o lo que os apetezca. En serio, ambas son una maravilla.

¡Desde aquí, mis más sentidas felicitaciones a la BBC por estas pequeñas obras de arte!

viernes, enero 08, 2010

El cine del futuro, y esas cosas

He ido a ver Avatar. 3D inclusive. ¿Opiniones?

Pues que es caro. Muy caro. Para lo que es, una especie de holograma de aquellos de bollicao de toda la vida en movimiento, añadiendo momentos más logrados en que te da hasta vértigo y escenas tan rápidas que marean, yo no pagaría el importe de más que vale el 3D. Sólo conseguí que se me revolviera el estómago y no disfrutar todo lo que debería de una película.

Sigamos. ¿Guión? Corrientito, sin sorpresas, simplón. El bueno de Cameron se nos está ablandando como la mantequilla al sol o, como diría mi suegro, quiere "guita, mucha guita", porque sus argumentos son cada vez más comerciales: historia de amor, relato ecologista-fantástico, mucha escena de acción, final tan previsible que desde los diez primeros minutos estás catalogando a los personajes diversos: éste tiene cara de Kowalski, éste no. Adiviné todos. Vosotros sin duda también.

Música... bien, pegadiza, sentimental y muy cursilona. Sin duda en breve tendremos otro hit del estilo de Titanic y su pegajosísima "My heart will go on".

Diseños: ahí un diez. Todo muy bonito, gracias. Una visión espectacular, un delirio de tecnología, un punto y aparte, blablablá. Vamos, que si la película se deja ver es por el habitual buen hacer como director de nuestro buen amigo James; no se hace pesada ni un momento, ni te aburres, el ritmo es estupendo, los personajes bien definidos a los que nos tiene acostumbrados Cameron, y lo dicho, visualmente es una maravilla.

En resumen, y ahí es donde la gente me pega... es bonita y está bien, pero la palabra "sobrevalorada" es lo que me viene a la cabeza cuando pienso en la forma en que la gente me había hablado de ella. Que ojo, que me ha gustado y que para ser tres horas, pasa en un plis. Pero no deja de ser una historia de amor y aventura socorridita, pero con mecas y alienígenas color pitufo que nos incitan descaradamente a la zoofilia (no me digáis que no... medio cine encontrará sexy a la gata que está triste y azul).

Odio el 3D. Ea.

P.D.: Y sí, Sigourney está estupenda. Pena que fume.