viernes, junio 30, 2006

TERROR EN EL TÚNEL

Another beautiful story of stress, books, trains and other forms of incompetence

Cuando fui a por el tren, pensé: si llego tarde, culpa mía. Hacía demasiado calor para correr cuesta abajo como suelo hacer, iba cargada de libros, pocas ganas de hacer sprints suicidas, además del acostumbrado gatillazo internauta que te impide consultar los horarios on-line cuando más lo necesitas. Cuando las piernas se te han derretido, es complejo utilizarlas. Así que me arrastré por la sombra intentando llegar a buen puerto. Al entrar en la estación fui a mirar horarios, confirmando que, como no, acababa de perder un tren. Mensaje, "llego tarde unos 5 minutos", miré a ver cuando salía el siguiente, perfecto, espera de 10 minutos y salía de mi estación. Así que fui en busca del andén en el que tenía que estar, vi el letrero luminoso que se correspondía con lo que debía, me senté y hala, a esperar que RENFE se comportase. Soñar es bonito, oiga.

El tren salió 10 minutos tarde, me empecé a preocupar, pero nada, relax, saqué la carpeta para leer, escribir y entretenerme. Como viajera experimentada de trayectos largos, siempre llevo mp3 (para eludir pesados), novela (por si tengo que adelantar lecturas del doctorado) y carpeta (por si ataca la inspiración). En este caso fue lo último. Estaba en plena descripción de escena de batalle gore, sangrienta y no apta para sensibles, cuando oigo: próxima estación, Rubí. Huston, tenemos un problema...

Efectivamente, me había equivocado de tren. O mejor dicho, me habían dado el cambiazo. Así que llamada a la pobre moza con la que había quedado: llegaré media hora tarde, disculpa.

Cuando llegué a Barcelona, efectivamente con media hora de retraso, fui volando a coger el metro. Por una vez lo pillé sin que se me escapase en las narices, y ya me las prometía yo muy felices cuando... Se para. En medio del túnel. El aire acondicionado se detiene. Las ventanas son de esas herméticas para que los niños no asomen y mueran decapitados, así que no se pueden abrir. Ni las puertas.

Con resignación, llamé a la paciente amiga: "Se ha parado el metro, llevo diez minutos, si ves que no llego es que he muerto de asfixia". Debería haber añadido: te lego todos mis cómics y juegos de rol, a ver si así conseguía que me mirasen peor. Una señora delante mío no podía contener la risa. Así que nada, a esperar. Resumiendo, tres paradas de metro, trayecto de 5 minutos, en 30. Impresionante.

Comimos, fuimos a recoger unos encargos, bajamos a la biblioteca. Nuevo episodio de Otros Límites. La bibliotecaria, tras informarme de que sí, que habían llegado mis fotocopias, se pone a ordenar el bolso delante mío... Total, para qué quedar bien, si ya he pagado mi matrícula, a ella no le pagan por trabajar si no por fingir que está ocupada. Se harta de tenerme delante con tal cara de sorpresa que no me llegaba ni la indignación (el problema de mi mala uva es que siempre aparece con un ligero lag), me tiende mis artículos (con las famosas páginas desaparecidas, me volvieron a fotocopiar todo entero, pero que los ecologistas no se alarmen, las páginas repetidas serán reutilizadas como material de dibujo) y me pregunta: "¿Pagas o tienes vale del departamento?".

Silencio y estupor por mi parte.

Tras encargar cuatro artículos al módico precio de 5 euros cada uno, me entero que hay forma de conseguirlos sin pagar.

A todo esto, y ya puestos, fui a reclamar el famoso libro de crítica literaria feminista, que no es lo que más me apetece leer, reconozcámoslo, y me dicen que lo habían devuelto. "Como no pasaste a recogerlo..." Nuevo gesto de estupor por mi parte. "Es que me dijeron que me avisarían y no me han avisado". La chica: "Ah, esto es que te llamarían y comunicarías, o que se olvidaron de llamarte... Un fallo, vamos".

Ajam. Fallo que me obliga a esperar cuatro días de nuevo hasta conseguir el dichoso libro, que pido a la biblioteca porque me da asco comprarlo, básicamente. Creo que en aquellos instantes mi rostro debía ser todo un poema épico a la altura de las grandes epopeyas romanas y griegas. La Iliada, a mi lado, para maricas. Eso también, claro, porque temas de griegos ya se sabe. Pero todos me habéis entendido.

Salí de allí con un bajón en mis niveles de felicidad que tuve que recuperar a base de horchata, pero creo que no fue del todo efectiva. Las personas con las que hablé después me oyeron despotricar largamente. Cosas que pasan.

Un mal día lo tiene cualquiera. La prueba: últimamente para mí es todos los días. Tanto gilipollas y tan pocas balas...

6 comentarios:

Iron dijo...

tomatelo con humor, la vida es demasiado seria como para tomartela en serio.
Ademas ultimamente te meten en la carcel por cargarte imbeciles, y su muerte no merece el suficiente esfuerzo de planificacion para evitar ser descubierto.

L Gato dijo...

Ciertamente.

Como decían en mi fábrica de aluminio: qué tristurón...

Fourthman dijo...

Sí, en el mundo sobra gente, es como cuando estás en plena cola del super y no puedes evitar ver según que cosas, es imposible no percatarse.
A ver si pasan esos días de furia y absurdo, un respiro y sentir que sigues en ti.

PD: Al menos Homero (si existió) era ciego (dicen), se evitó de ver según que.

Zimnel dijo...

Soy Zimnel, de anónimo nada, ¿eh?

Pues a eso lo llamo yo un día completo XDDDD
Y pasando de lirismos, una verdadera putada xDDD
Las cosas por su nombre.

Deirdre dijo...

es increible la odisea por la que has tenido que pasar ú.ù

Amon dijo...

Aaaaaaaay pobrecita la nena.
Ea ea que ya pasó, que no es nada...


Aventuras animadas de ayer y hoy.

xD