lunes, febrero 02, 2004

LEVÁNTATE Y ANDA

Dedicado a todos aquellos que creéis que limpiar es aburrido.

Mi casa: ése lugar al que volver cuando ya no queda nada que lo impida. Ése foso profundo... Vale, exagero. No me gusta mucho mi piso, tiene el suelo más feo del mundo, las baldosas de la cocina y el baño son una pesadilla surgida de los sesenta y las puertas carecen de picaportes, el super más próximo está a un cuarto de hora y el ascensor permanentemente en el sobreático (debe habitar allí una colonia de sub-saharianos apiñados en constante movimiento, o eso o hay un puticlub y yo no me he enterado), el agua tiene tanta cal que al hervirla hace una capa blanca, garantizada para dotar de cálculos renales al guapo que se atreva a beber de ella, el polvo entra constantemente por la ventana y por ello parece permanente sucia aunque acabes de barrer, sólo hay dos habitaciones exteriores y el pasillo es tan oscuro que parece estar susurrando simbolismos freudianos, y para colmo el baño y la cocina son zona cero permanente. Eso sí, es barata, y para lo que es, espaciosa. Jamás tendremos tiempo, o dinero, o ganas de arreglarla (es de alquiler, no hay nadie tan idiota en este mundo como para gastarse la pasta en acondicionar este antro para que luego le suban el alquiler y encontrarse en la calle), pero nos deja habitarla. Que ya es mucho, en estos tiempos de alquileres imposibles y paro de la mendas.

Este fin de semana nos habíamos hecho el firme propósito de limpiar, mi hombre y yo. Cómo no, los planes se nos fueron al agua: Su madre estaba en la ciudad y nos cayó encima la inevitable (aunque agradable) comida familiar, llegó a Barcelona una compañera de carrera de Palma de Mayorca y tenía que verla, me surgió un compromiso ineludible el sábado por la noche... De resultas, el domingo estaba hecha cisco (hay que tener en cuenta que esta semana, de carambola, me coincidió una de esas menstruaciones-monstruo con un febrón que me impedía andar recto, y no, no exagero), y no hubo Diox que se moviese. Él hizo lo que pudo por su parte, pero uno de los planes era colgar las estanterías de la cocina, que se ríen de nosotros mientras retozan por los suelos desde tiempos remotos y para eso se requiere ayuda. Y cualquiera me hacía moverme.

Hoy se me agotó la paciencia y entré en modo Berserk: armada de escoba y recogedor, me puse sargento total y expulsé hacia el cruel mundo basuril a la colonia de pelusas que me devolvía la mirada con aire rebelde. Dispuesta a hacer limpieza A FONDO, aparté el sillón y hasta escarbé debajo de los armarios negros del comedor. Se entabló una lucha de titanes entre el polvo milenario, los pececitos grises y yo. Tenían rehenes, y amenazaron liquidarlos si yo no cedía en mi empeño. Estoy segura de que planeaban escapar mientras un francotirador acababa conmigo...

No temáis, sigo viva, obviamente. Si no, no estaría escribiendo esto... Conseguí rescatar a los rehenes: varios bolígrafos (algunos todavía funcionan), un peine (recuerdo a mi marido preguntando dónde podía estar, hará una temporada), uno de mis pendientes (que me regalaron mis ex-compañeras de trabajo y, por tanto, de gran valor sentimental... Gracias, queridos enanitos veloces), dos gomas de borrar y una de pelo y... Como cincuenta mil pinzas. Creo que las raptaban para crear una ciudad bajo el armario con arquitectura alternativa de diseño. Al parecer alguien de esta casa pretendía tener suelo de madera en vez de ese horror de baldosas marrón oscuro con pintitas. No es que no me identifique con ese afán de re-decorar...

Si en algo me ha servido esta experiencia, es para decidir que la próxima vez que pase por el super (sí, ése que cae a un cuarto de hora) voy a comprar insecticida del bestia, de ése que no sobrevive ni un elefante, voy a encerrar al gato en una caja a prueba de desastre nuclear y entraré en modo nazi-cámara de gas. Cometeré genocidio con esas criaturas que cohabitan conmigo.

Que, si no, cualquier día miro a esas pelusas en proceso de adquirir vida inteligente y sistemas políticos alternativos, digo "levántate y anda"... Y andarán.

"¡El horror! ¡El horror!"

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